04 octubre 2016

Bienvenidos a Westworld


Es curioso que, casi veinte años antes de "Parque Jurásico", Michael Crichton utilizara un concepto similar para su película "Westworld"; en lugar de un parque temático con dinosaurios, había uno del Salvaje Oeste con androides, y los dos caían en el desastre cuando las "atracciones" se volvían contra los visitantes humanos. La película llegaba también nueve años antes de que Ridley Scott estrenara "Blade Runner", con sus replicantes "más humanos que los humanos", pero con una fecha de caducidad ya preestablecida, y una capacidad para aprender y para sentirse tan vivos como los humanos. Estos replicantes casi han sido después el estándar con el que se comparan todos los androides autoconscientes posteriores, da igual que sean cylones, modelos diseñados para ayudar en las tareas cotidianas o robots recreativos que hacen de "anfitriones" en un parque temático del Oeste.

Optar por contar la historia desde su punto de vista es lo que siempre remite a la película de Ridley Scott, y es lo que hace la "Westworld" de HBO. Supervisada por Jonathan Nolan y Lisa Joy, hasta ahora había acaparado titulares por el retraso en su producción y por la enorme presión de ser la mejor baza de la cadena para cuando "Juego de tronos" se haya terminado, pero una vez se ha visto ya su primer episodio, es el momento de que dichos titulares se refieran a su calidad. Y lo cierto es que el piloto deja con ganas de ver más. Hay cosas muy perturbadoras sobre la manera con la que los visitantes tratan a los androides (lo que llevó a cierta polémica el pasado verano, durante la gira de la TCA), una manera que Nolan y Joy han comparado con videojuegos de mundo abierto como "Grand Theft Auto".

En ellos, eres libre de ir y hacer lo que quieras mientras cumples las misiones que se te asignan, y si torturas y matas a algunos de los personajes "de atrezzo" del juego no te sientes culpable ni sufres las consecuencias. Al fin y al cabo, no son más que píxeles. La cosa se complica cuando esos "píxeles" se transforman en "Westworld" en androides de apariencia humana, y a los que se añaden actualizaciones de software para que sus interacciones con los visitantes sean cada vez más realistas. Ese "no eres real" que le dicen a Dolores, la androide interpretada por Evan Rachel Wood, es la coartada que utilizan los humanos para entregarse a sus más bajas pasiones. O para intentar desentrañar todas las claves del juego, que es lo que busca, de una manera bastante sieniestra, el personaje de Ed Harris.

Las primeras pistas de que los robots y sus inteligencias artificiales podrían estar evolucionando por sí mismos entroncan la serie, cómo no, con "Person of interest", el anterior proyecto televisivo de Nolan y Abrams. Si, en aquella serie, la IA era una máquina (incorpórea, pero que desarrollaba su propia personalidad), en "Westworld" adopta forma humana, lo que difumina enormemente los límites éticos que, por ejemplo, Harold Finch tenía a la hora de trabajar con ella. La vieja discusión de qué nos hace humanos, de si nuestra naturaleza es malvada o bondadosa, va a centrar la serie, y no sólo porque los "anfitriones" empiecen a "despertar", sino también entre los responsables de la operación del parque. "Westworld" tiene bastantes más componentes de ciencia ficción de los que parece y, en ese aspecto, es una representante de lo que podríamos llamar "la nueva HBO".

La vieja HBO sería la que vuelve una y otra vez a los códigos de "Los Soprano", a los dramas de hombres en crisis envueltos en tramas más o menos entroncadas con ambientes criminales. "Boardwalk Empire" y "Vinyl" serían las exponentes más recientes de esa tendencia. La nueva HBO, por otro lado, es la que apareció tras "True Blood", la que opta por la fantasía y la ciencia ficción e historias un poco más diversas. Aquí encajan mejor tanto "Juego de tronos" como "Westworld". ¿Funcionará esta nueva HBO mejor en los próximos meses?
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