06 mayo 2013

El Doctor y el "sobreanálisis"

 
"La naturaleza autoconclusiva de estas historias de 'póster cinematográfico'  a menudo da lugar a una frustrante falta de avance del ligero misterio. Igual hay que echarle la culpa a la intensa especulación sobre cualquier cosa excepto lo que ocurre en los episodios". Es una cita del recap que "The Guardian" ha hecho de "The crimson horror", el último capítulo emitido hasta ahora de la segunda mitad de la séptima temporada de "Doctor Who", y que pone el dedo en la llaga de una tendencia que está invadiendo cada vez más series, amenazando con barrer de ellas todo atisbo de diversión y entretenimiento que pudiéramos extraer de su visionado. Es probable que dicha tendencia comenzara en "Perdidos", cuyos fans analizaban literalmente fotograma a fotograma en busca de pistas ocultas y "huevos de Pascua" que les ayudaran a discernir qué demonios estaba pasando en aquella isla (esos buenos tiempos de sus tres primeras temporadas), y ha acabado trasladándose a cualquier serie que siquiera insinúe el desarrollo de algo parecido a un misterio central para, al menos, una temporada.

Con "Doctor Who", el fenómeno del análisis exhaustivo llegó con más fuerza en cuanto Steven Moffat tomó las riendas de la serie. Con su querencia por los enigmas y los misterios serializados, era inevitable que los foros de fans echaran humo, pero da la sensación a veces que la especulación se nos ha ido de las manos. Sí, esta temporada tenemos pendiente la revelación de la naturaleza verdadera de Clara y de la "caída" del Doctor en los campos de Trenzalore, en la que su nombre real juega al parecer un importante papel, y que la serie profetizó al final de la sexta entrega, pero si por algo ha destacado es por su esfuerzo por olvidarse un poco de los arcos "mitológicos" y por buscar historias que entretengan, que sólo se muevan por las ganas de divertirse que siempre han motivado la serie desde su nueva encarnación, a partir de 2005. La sexta temporada, precisamente, es el mejor ejemplo de que poner demasiado el acento sobre los misterios no contribuye a que "Doctor Who" sea mejor. Hará que los foros y los recaps de los capítulos echen humo, pero eso no quiere decir gran cosa.

La primera mitad de la séptima temporada estaba muy centrada en despedir a Amy y Rory, y esta segunda está trufada de homenajes a la serie original que los fans más antiguos seguro que agradecen, como preparación de ese capítulo especial de celebración del 50º aniversario de su estreno. Aunque haya un par de incógnitas que resolver, el hincapié se está poniendo en recuperar la diversión que la serie puede ofrecer, buscando aventuras trepidantes, o intrigantes, o simplemente muy entretenidas, como ese "The crimson horror" de título muy holmesiano. La relación entre Clara y el Doctor también va por ese lado, y eso que, hace dos semanas, tuvimos amago de conversación muy seria, y de resolución de sus dudas, entre ellos. Pero parecen estar siguiendo el modelo "Bunheads" de hablar como ametralladoras para no tener que tocar temas serios, o no de momento. No sería raro que el reseteo que insinuaba el final de "Journey to the centre of the TARDIS" no fuera completo (ya vimos en ese mismo capítulo que sí tuvo alguna consecuencia), y la última escena de "The crimson horror" apunta con claridad a que obtendremos alguna respuesta sobre Clara (y su costumbre de llevar casi siempre alguna prenda de color rojo) en un par de episodios.

No hay que estar buscando constantemente tres pies al gato en todo lo que veamos. "Orphan Black", por ejemplo, girará en torno a un misterio concreto, pero si nos dedicamos a buscar pistas en cada segundo de metraje, se resiente su principal virtud, que es la de ser muy entretenida. Hasta "Fringe", que sí tenía pequeños "huevos de Pascua" aquí y allá, era contraria al sobreanálisis, como si dijéramos, porque esa obsesión por los detalles más nimios perdía de vista el viaje emocional de sus personajes, que es lo que le interesaba a la serie. Es un clásico caso de que los árboles no dejen ver el bosque.

P.D. podcastero: Tras el breve descanso de la semana pasada, "Yo disparé a JR" vuelve a las ondas podcasteriles. El menú del día es variadito, variadito, así que os lo dejo por aquí.



- 0':"Rectify"
- 13': Final de primera temporada de "The Following"
- 25': Final de la cuarta temporada de "The good wife"
- 48': Final de la primera temporada de "The Americans"
- 65': "Juego de tronos" (spoilers hasta el 3x05)

05 mayo 2013

Una guerra nada fría

ALERTA SPOILERS: Esto que sigue es un pequeño comentario sobre el final de la primera temporada de "The Americans", así que ya sabéis cuál es el procedimiento.

Las películas de ciencia ficción de los 50, como "La invasión de los ladrones de cuerpos", jugaban con la idea de que espías que no podían distinguirse físicamente de los "buenos" se infiltraban entre ellos con malvadas intenciones. Es una idea que, más adelante, han heredado y hecho evolucionar películas como "Blade Runner" y series como "Battlestar Galactica", preocupándose por mostrarnos no tanto a qué se dedican esos espías, sino el coste que supone para ellos esa infiltración tan profunda, que sus espiados no sean capaces de detectarlos a primera vista. Ahí, en los costes personales, es donde se mueve "The Americans", que desde el principio mostró que le interesaba tanto, o más, el matrimonio falso y los sentimientos reales de Philip y Elizabeth que las misiones que debían llevar a cabo como "ilegales" del KGB trabajando en Washington en 1981. En "The Atlantic" destacaban la contención con la que se han tratado tramas como la ejecución de Vlad, el novato del KGB en la embajada soviética, o esa última persecución de los Jennings a cargo del FBI, en la que Elizabeth está a punto de morir, y esa contención la ha hecho diferenciarse y seguir su propio camino de títulos como "Homeland", con la que se la comparaba mucho inicialmente.

Lo que hemos visto en estos trece episodios es cómo el espionaje y el contraespionaje acaban siendo tareas mucho más personales que profesionales, en las que mantener la cabeza fría no siempre posible aunque, en cuanto te dejas llevar por los sentimientos, lo más probable es que te busques problemas potencialmente letalles. El miniarco de la muerte del agente Chris Amador y de Gregory ha sido, quizás, la mejor prueba de eso, y también la espita que ha hecho saltar definitivamente a Stan Beeman, un personaje aún más lleno de secretos y de traumas que los Jennings, y que va entrando poco a poco en un jardín que no tiene un futuro demasiado halagüeño. El trabajo de Nina, su amante y contacto en el KGB, como agente doble es una de las tramas más prometedoras de cara a la segunda temporada, del mismo modo que también lo es, por su potencial para no crear más que complicaciones, la relación de Philip con Martha, su fuente dentro del FBI sin que ella lo sepa. Se ha vuelto tan seria, que esto no puede acabar bien.

Hacer "The Americans" treinta años más tarde permite a sus responsables, Joe Weisberg y Joel Fields, jugar con nuestro conocimiento de cómo terminó la Guerra Fría y, al mismo tiempo, retratar a los rusos como personas y no como el "coco", que era la representación que se hacía de ellos en los 80. Nos muestran los malentendidos que había en una y otra parte, cómo se interpretaban ciertas informaciones que ambos bandos interceptaban y cómo se le daba importancia a cosas que, con la perspectiva que da el tiempo, los espectadores sabemos que no tenían ninguna, o ninguna más allá de la mera acción propagandística. Todo ese conocimiento ayuda a que el retrato de los espías del KGB y los agentes del FBI sea algo más redondo, tenga otros matices, y los costes personales se vean de otro modo que si la serie se dedicara sólo a mostrar el lado americano, o sólo las misiones que los espías debían llevar a cabo. Todo se centra más en la relación de Philip y Elizabeth y en sus intentos por dotar de algo de realidad a una situación artificial, pero conforme pasan los años se convierte en la única vida que han conocido. ¿Cómo no vas a intentar que eso funcione, ser feliz?

Música de la semana: Había dos elecciones que competían por entrar en esta subsección esta semana. Una es la versión que Roberta Flack hizo de "To love somebody", de Bee Gees, y que cerraba el décimo capítulo de "The Americans", aportándole un extra de emoción. Y la otra, que es la que al final ha ganado, como quien dice, es "Black tambourine", una canción de Beck que añade también un algo extra, pero de otro tipo, al final de la cuarta temporada de "The Good Wife" y, en especial, a los tejemanejes de la campaña política de Peter Florrick.

03 mayo 2013

Viernes musical (29): "Raising Hope"



"Raising Hope" cerró su tercera temporada con un capítulo musical sobre la recién descubierta herencia judía de Burt, pero no era la primera vez que habían incluido todo tipo de canciones graciosas y tontorronas en la serie. El vídeo de arriba, por ejemplo, corresponde creo que a la primera temporada, y aprovecha el talento musical de Shannon Woodward y Kate Micucci, que junto con la también actriz Riki Lindhome tiene un dúo musical cómico llamado Garfunkel and Oates. Entre todas esas bromas cantadas (hasta Martha Plimpton ha cantado), resulta curiosa la de la banda de Smokey Floyd, que reunía de nuevo a tres de los actores de "Me llamo Earl" con Greg Garcia, creador también de "Raising Hope".