ALERTA SPOILERS: Con retraso, pero si no sabéis cuál es esa estrella a que hace referencia el último capítulo de la tercera temporada de "Homeland", no sigáis leyendo.
La tercera entrega de "Homeland" ha estado repleta de altibajos. En eso es posible que podamos ponernos todos de acuerdo. Al llegar a su último episodio se vuelve claro que había un plan ahí, al fondo, desde el principio, pero que este plan no ha estado siempre bien ejecutado o ha tomado algunos desvíos que ponían a prueba la paciencia de los espectadores menos indulgentes. En el momento en el que estos desvíos se descartaban, y la trama se centraba casi únicamente en el desarrollo de ese plan, la temporada elevaba su nivel, porque en general, todo el lado de historia de espías pura y dura ha funcionado bastante bien, como decían en esta crítica de The AV Club. El plan de Saul nos ha dado a dos estupendos personajes, por desgracia poco explorados al final, como Quinn y Farah, y hasta ha logrado que Dar Adal, el pragmático frente al idealismo del director Berenson, fuera de los más interesantes de la temporada.
Es en el retrato emocional de sus personajes donde "Homeland" ha estado mucho más irregular. La familia de Brody tenía interés por ver cómo intentan sobreponerse al anuncio de que su marido y padre es un terrorista, y para darnos algo más de contexto a las decisiones que el ex marine toma en Irán, pero sus historias han tenido sus más y sus menos. Y la obsesión de Carrie por demostrar la inocencia de Brody ha amenazado en ocasiones con sabotear todas las cosas que hacen de ella un protagonista interesante, complejo e imprevisible. Algunos críticos estadounidenses se quejaban de que la temporada parecía estar a medias, de que esa frase final de Carrie sobre su embarazo, "no lo pensé bien", podía aplicarse también a la serie, y es posible que sea cierto. La revelación de que toda la estancia en el hospital de Carrie, muy traumática para ella, formaba parte de la estratagema de Saul es uno de esos ejemplos de subtramas a medio cocinar.
Sin embargo, tampoco ha sido algo vergonzante ni demuestra que "Homeland" debería haber sido una miniserie. Los extremos personales a los que casi todos llegan en su persecución de Majid Javadi resulta interesante por la ceguera que expone de todos los personajes a cosas que no formen parte del plan. Tanto Farah como el propio Javadi se le dicen a Carrie, le preguntan si realmente vale la pena el coste emocional y personal que el plan ha tenido en ellos y, después, si de verdad va a tirarlo todo por la borda justo al dejarse llevar por esas emociones. Fríamente, la única solución posible para que toda esa estratagema de Saul funcionara era que Brody fuera ejecutado por los iraníes, y da la sensación de que Saul lo sabe siempre, por mucho que luego patalee cuando Lockhart y Dar Adal terminan decidiendo por él. Por mucha estrella negra que Carrie quiera poner en el muro de los caídos de la CIA, Brody no fue nunca más que un peón, un cordero que llevar al sacrificio tanto para Abu Nazir como para la agencia estadounidense.
Ahora, la cuarta temporada puede presentar una "Homeland" nueva. Las líneas que vienen de su piloto ya están todas resueltas, y alrededor de Carrie pueden cambiar todos los secundarios y seguir siendo en esencia la misma serie. Al parecer, era el plan que Howard Gordon y Alex Gansa tenían para la segunda temporada, y que aplazaron al decidir que querían continuar viendo a Brody. Con Carrie en Estambul y Saul en una firma privada de seguridad e inteligencia (y Javadi todavía trabajando para la CIA en Teherán) se abren infinidad de posibilidades para la serie.
02 enero 2014
01 enero 2014
La revolución de Netflix
Este 2014 que acaba de empezar parece que va a estar dominado todavía más por uno de los temas estrella en televisión de 2013; el surgimiento de Netflix como productora de sus propias series. Desde febrero, cuando estrenó "House of Cards", no se ha dejado de hablar del cambio en el modo en el que el público elige ver las series, y cómo ese cambio puede acarrear también la llegada de un nuevo modelo de producción y emisión de éstas en la televisión convencional. Esa opción que da Netflix de que veas el siguiente capítulo, haciendo que empiece apenas segundos después de que haya terminado el que estabas viendo, favorece ese maratoneo y no hace más que imitar el comportamiento que seguimos cuando nos compramos la temporada completa de una serie en DVD; como tenemos todos los capítulos ahí, a mano, podemos verlos todos seguidos si queremos. Ted Sarandos, el jefe de Netflix, apunta en un artículo en The Guardian que la popularización de los packs de series en DVD fue el verdadero inicio de esta revolución, y que ellos no hacen más que adaptarse a las demandas de sus usuarios.
En ese artículo, Sarandos apunta que, mientras trabajaba mejorando el servicio de envío de DVDs por correo con el que nacío Netflix, se dio cuenta de que quienes alquilaban series devolvían los discos mucho más rápido que quienes pedían películas. Estaban tan enganchados a ellas, que querían ver todos los episodios enseguida. Ahí nació el germen del sistema que implantaron en cuanto comenzaron a descartar el alquiler por correo y se pasaron al streaming, un sistema que te da la posibilidad de que veas de una sentada los 13 episodios de "Orange is the new black", por ejemplo, o que te pongas al día con "Breaking Bad" en un fin de semana. Los medios estadounidenses hablaban de Netflix, hasta 2013, en esos términos de lo beneficioso que resultaba para algunas series en emisión que ofreciera la posibilidad de que los rezagados vieran los capítulos anteriores que se habían perdido. Con "Breaking Bad", por ejemplo, no pocos periodistas atribuyeron su gran explosión en audiencia de su última temporada a las puestas al día en Netflix.
No obstante, la verdadera revolución que preconizaba la prensa con el estreno de "House of Cards", la de los diferentes modelos de producción, todavía no se ha materializado. Hay pasos en esa dirección, como que algunas networks ofrezcan más temporadas completas a algunos de sus nuevos proyectos en desarrollo, en lugar de sólo el piloto, pero aún son pocos. En el diario británico, Sarandos apunta una de las posibilidades por las que el negocio puede estar a punto de saltar por los aires, como quien dice, y es el hecho de que ellos prácticamente no interfieren en el proceso creativo y les conceden a los showrunners el espacio que necesiten. El ejecutivo explicaba en The Guardian que "si viste "Arrested Development", ninguno de esos episodios tenía la misma duración; algunos tenían 28 minutos, otros, 47. Lo que yo digo es que se tomen todo el tiempo que necesiten para cintar la historia. No puedes hacer eso en la televisión lineal porque tienes una parrilla, pausas para anuncios y todo eso".
Ahí puede estar la verdadera revolución, ahí y en esa nueva tendencia que se ha visto en Estados Unidos de que los medios cada vez se fijen más en series internacionales, en otros idiomas que no son el inglés, y con subtítulos. Tanto Netflix como Hulu o Amazon se han volcado en el mercado internacional para ampliar sus catálogos y poder ofrecer cosas diferentes a sus competidores. En estos servicios de streaming y VOD está viviéndose la misma sensación de ser el Salvaje Oeste, y de que no hay reglas, que había en HBO, por ejemplo, cuando empezaron a desarrollar sus propias series. Aquella época puso los cimientos de esta era televisiva actual; es de suponer que los experimentos en esas plataformas online conlleven algo similar en el futuro más próximo.
En ese artículo, Sarandos apunta que, mientras trabajaba mejorando el servicio de envío de DVDs por correo con el que nacío Netflix, se dio cuenta de que quienes alquilaban series devolvían los discos mucho más rápido que quienes pedían películas. Estaban tan enganchados a ellas, que querían ver todos los episodios enseguida. Ahí nació el germen del sistema que implantaron en cuanto comenzaron a descartar el alquiler por correo y se pasaron al streaming, un sistema que te da la posibilidad de que veas de una sentada los 13 episodios de "Orange is the new black", por ejemplo, o que te pongas al día con "Breaking Bad" en un fin de semana. Los medios estadounidenses hablaban de Netflix, hasta 2013, en esos términos de lo beneficioso que resultaba para algunas series en emisión que ofreciera la posibilidad de que los rezagados vieran los capítulos anteriores que se habían perdido. Con "Breaking Bad", por ejemplo, no pocos periodistas atribuyeron su gran explosión en audiencia de su última temporada a las puestas al día en Netflix.
No obstante, la verdadera revolución que preconizaba la prensa con el estreno de "House of Cards", la de los diferentes modelos de producción, todavía no se ha materializado. Hay pasos en esa dirección, como que algunas networks ofrezcan más temporadas completas a algunos de sus nuevos proyectos en desarrollo, en lugar de sólo el piloto, pero aún son pocos. En el diario británico, Sarandos apunta una de las posibilidades por las que el negocio puede estar a punto de saltar por los aires, como quien dice, y es el hecho de que ellos prácticamente no interfieren en el proceso creativo y les conceden a los showrunners el espacio que necesiten. El ejecutivo explicaba en The Guardian que "si viste "Arrested Development", ninguno de esos episodios tenía la misma duración; algunos tenían 28 minutos, otros, 47. Lo que yo digo es que se tomen todo el tiempo que necesiten para cintar la historia. No puedes hacer eso en la televisión lineal porque tienes una parrilla, pausas para anuncios y todo eso".
Ahí puede estar la verdadera revolución, ahí y en esa nueva tendencia que se ha visto en Estados Unidos de que los medios cada vez se fijen más en series internacionales, en otros idiomas que no son el inglés, y con subtítulos. Tanto Netflix como Hulu o Amazon se han volcado en el mercado internacional para ampliar sus catálogos y poder ofrecer cosas diferentes a sus competidores. En estos servicios de streaming y VOD está viviéndose la misma sensación de ser el Salvaje Oeste, y de que no hay reglas, que había en HBO, por ejemplo, cuando empezaron a desarrollar sus propias series. Aquella época puso los cimientos de esta era televisiva actual; es de suponer que los experimentos en esas plataformas online conlleven algo similar en el futuro más próximo.
30 diciembre 2013
Los Grantham van a Londres
ALERTA SPOILERS: Un año más, el especial de Navidad pone fin a la temporada de "Downton Abbey", en este caso, la cuarta. Si no sabéis qué es eso de "la temporada londinense", mejor no continuéis leyendo.
Está claro que el mejor especial navideño de los tres que ha hecho "Downton Abbey" hasta la fecha es el de la segunda temporada. El compromiso de Mary con Richard Carlisle y la posibilidad de que, por fin, éste se rompiera para que pudiera estar con el primo Matthew le dio a aquel capítulo un propósito detrás de todas sus escenas. El de la tercera parecía estar simplemente haciendo tiempo hasta el final, para mostrarnos la cruel muerte de Matthew muy poco después de ver nacer a su primer hijo, y en éste de la cuarta parece que Julian Fellowes ha optado simplemente por dejarse llevar y entretenernos. Sí, colea todavía el asunto de los hombres de Mary, como los llama su abuela, pero en realidad sólo importa mostrarnos la presentación en sociedad de Lady Rose y que pasemos una hora y media viendo cómo el hermano de Cora no acaba de adaptarse a esos ingleses de la alta sociedad con sus extrañas y rígidas normas, o como la señora Hughes "juega" con Carson para convencerlo de que el servicio pase su día libre en la playa.
Sí se avanza en dos frentes; por un lado, el asunto de Bates y el hombre que violó a Anna parece cerrado en cuanto Lady Mary quema el billete de tren que muestra que sí fue a Londres y, por el otro, Edith ya ha vuelto de su "viaje" por Suiza, donde entregó a su hija a una familia local y, ahora, se arrepiente profundamente de no tener ningún contacto futuro con ella. Es una mala idea traerla de vuelta a Inglaterra, y está claro que estallará todo en la quinta temporada. ¿Matarían a Gregson en Munich esos simpatizantes del incipiente nacionalsocialismo alemán? Hay que tener en cuenta que esta cuarta temporada transcurre en 1924, por lo que el fallido putsch, o golpe de estado, de la cervecería de Munich se había producido el año anterior, así que el plan de Gregson de irse a Alemania para poder divorciarse de su mujer no pudo llegar en peor momento. Pero mientras el bebé de Edith y los pretendientes de Mary seguirán dando qué hablar el año que viene, el resto del especial resultó muy divertido. Hasta toda esa trama casi de espías que monta Lord Robert para recuperar una carta comprometedora del Príncipe de Gales está contada con un deje irónico, de "vamos a pasar un buen rato" y poco más (que Bates sea también falsificador ya es demasiado).
¿Que podían haber aprovechado un poco más a Martha Levinson y su hijo? Sí. ¿Que Mary podría haberse decidido por uno de sus dos pretendientes, o rechazarlos definitivamente a ambos? También, pero esta especie de Juegos del Hambre que pueden montar Lord Gillingham y Mr. Blake puede resultar muy entretenida (siempre y cuando no sea la única trama que tenga Mary), y luego tenemos esa escena final en la que la señora Hughes convence a Carson de que se meta un poco más en el mar con ella. El ama de llaves y el mayordomo son dos de los personajes más entretenidos de ver juntos (tienen también sus propios shippers), y ha sido ciertamente entrañable que el capítulo se cierre con los dos, de la mano, en la playa.
P.D. podcastero: Y Yo disparé a JR cierra también el año con un especial, un resumen de lo que 2013 ha dado de sí en cuanto a series. Está estructurado en varios bloques temáticos, divididos por el comentario de cada una de las cinco series que más han dado qué hablar este año, y la duración se nos ha ido un poco de las manos. Pero bien lo valía, gracias sobre todo a vuestras aportaciones al programa.
Está claro que el mejor especial navideño de los tres que ha hecho "Downton Abbey" hasta la fecha es el de la segunda temporada. El compromiso de Mary con Richard Carlisle y la posibilidad de que, por fin, éste se rompiera para que pudiera estar con el primo Matthew le dio a aquel capítulo un propósito detrás de todas sus escenas. El de la tercera parecía estar simplemente haciendo tiempo hasta el final, para mostrarnos la cruel muerte de Matthew muy poco después de ver nacer a su primer hijo, y en éste de la cuarta parece que Julian Fellowes ha optado simplemente por dejarse llevar y entretenernos. Sí, colea todavía el asunto de los hombres de Mary, como los llama su abuela, pero en realidad sólo importa mostrarnos la presentación en sociedad de Lady Rose y que pasemos una hora y media viendo cómo el hermano de Cora no acaba de adaptarse a esos ingleses de la alta sociedad con sus extrañas y rígidas normas, o como la señora Hughes "juega" con Carson para convencerlo de que el servicio pase su día libre en la playa.
Sí se avanza en dos frentes; por un lado, el asunto de Bates y el hombre que violó a Anna parece cerrado en cuanto Lady Mary quema el billete de tren que muestra que sí fue a Londres y, por el otro, Edith ya ha vuelto de su "viaje" por Suiza, donde entregó a su hija a una familia local y, ahora, se arrepiente profundamente de no tener ningún contacto futuro con ella. Es una mala idea traerla de vuelta a Inglaterra, y está claro que estallará todo en la quinta temporada. ¿Matarían a Gregson en Munich esos simpatizantes del incipiente nacionalsocialismo alemán? Hay que tener en cuenta que esta cuarta temporada transcurre en 1924, por lo que el fallido putsch, o golpe de estado, de la cervecería de Munich se había producido el año anterior, así que el plan de Gregson de irse a Alemania para poder divorciarse de su mujer no pudo llegar en peor momento. Pero mientras el bebé de Edith y los pretendientes de Mary seguirán dando qué hablar el año que viene, el resto del especial resultó muy divertido. Hasta toda esa trama casi de espías que monta Lord Robert para recuperar una carta comprometedora del Príncipe de Gales está contada con un deje irónico, de "vamos a pasar un buen rato" y poco más (que Bates sea también falsificador ya es demasiado).
¿Que podían haber aprovechado un poco más a Martha Levinson y su hijo? Sí. ¿Que Mary podría haberse decidido por uno de sus dos pretendientes, o rechazarlos definitivamente a ambos? También, pero esta especie de Juegos del Hambre que pueden montar Lord Gillingham y Mr. Blake puede resultar muy entretenida (siempre y cuando no sea la única trama que tenga Mary), y luego tenemos esa escena final en la que la señora Hughes convence a Carson de que se meta un poco más en el mar con ella. El ama de llaves y el mayordomo son dos de los personajes más entretenidos de ver juntos (tienen también sus propios shippers), y ha sido ciertamente entrañable que el capítulo se cierre con los dos, de la mano, en la playa.
P.D. podcastero: Y Yo disparé a JR cierra también el año con un especial, un resumen de lo que 2013 ha dado de sí en cuanto a series. Está estructurado en varios bloques temáticos, divididos por el comentario de cada una de las cinco series que más han dado qué hablar este año, y la duración se nos ha ido un poco de las manos. Pero bien lo valía, gracias sobre todo a vuestras aportaciones al programa.
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