ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto esa última escena del cuarto capítulo de la cuarta temporada de "Juego de tronos", "Oathkeeper", quizás es preferible que no sigáis leyendo. O que leáis, o veáis, "El Señor de los Anillos".
Parece que todas las semanas tiene que haber algún tipo de polémica, absurda o no, alrededor de "Juego de tronos" para que los blogs estadounidenses se pasen horas y horas discutiendo sobre minucias, hasta que se publica la crítica del último capítulo de "Mad Men" y la atención tiene que dividirse. Hace dos semanas tuvimos todo el revuelo alrededor de la Boda Púrpura, la semana pasada, la controversia sobre si Jaime viola o no Cersei en el Septo (comparadla con la que hubo por escenas similares en "Mad Men", merece la pena), y ésta, el jaleo que ha levantado la última escena de "Oathkeeper", una escena que nos lleva a las tierras más profundas al otro lado del Muro y nos enseña, después de mucho tiempo, un vistazo a los Caminantes Blancos. Aunque es más que un vistazo. Por primera vez hasta para los lectores de los libros, vemos a los que parecen los cabecillas de los Otros y tenemos una ligera idea de las cosas a las que se dedican para preparar su invasión de Poniente; no sólo reviven a los muertos, sino que convierten en uno de los suyos a los bebés que Craster les entregaba como sacrificio, más que como ofrenda.
Como no podía ser de otro modo con esta serie, Internet ha vuelto a echar humo por este cambio (hasta están los que acusan a la serie de espoilear los libros futuros), pues George R.R. Martin nunca ha mostrado con tanto detalle a los Caminantes Blancos. En las novelas, su amenaza es todavía distante y los únicos que hablan de ellos son quienes están en el Muro o en sus proximidades. Para los demás, lo único que importa siguen siendo las intrigas por ver quién se sienta en el Trono de Hierro. Pero el objetivo final de la saga literaria es esa lucha contra el invierno y contra los monstruos que llegan con él, esa lucha que Poniente ya libró, y ganó, hace miles de años y que sus habitantes han olvidado. Debería sorprender que algunos fans hayan montado en cólera por estos cambios (incluidos los que han introducido en la trama de Bran), pero no lo hace porque lo habitual con estas series (incluida "The Walking Dead") es que no se sepa distinguir que libros y serie son cosas diferentes, entes independientes que, aunque relacionados, funcionan según sus propias reglas.
De hecho, lo que de verdad es interesante sobre esa escena con los Otros es como está insinuada en pasajes de las novelas que hay quien descarta como "de relleno", esos pasajes en los que algunos personajes recuerdan viejos cuentos que les contaban de pequeños, historias pasadas que deberían ejercer como llamadas de atención y moralejas para ellos, pero que no lo hacen. En En el Trono de Hierro tienen una entrada realmente interesante en la que recuperan esos cuentos de la Vieja Tata de los que David Benioff y D.B. Weiss parecen haber extraído la escena de la discordia, y que hablan del Rey del Invierno y del Último Héroe y del decimotercer comandante de la Guardia de la Noche, un Stark que se corrompió y terminó como el malvado Rey de la Noche. Lo que el final de ese cuarto episodio demuestra es hasta qué punto conocen los guionistas los libros de Martin, pues están aprovechando literalmente todo lo que el escritor incluye en ellos. Además, esa escena transmite un claro dejà vú a los Nazgûl, los nueve Espectros del Anillo que sirven a Sauron, y ya vimos que Martin reconoce sin problema su amor por la obra de Tolkien.
Por supuesto, el otro revuelo que ese momento ha generado está entre los espectadores de "Juego de tronos" que, de vez en cuando, se sorprenden de que aparezcan elementos fantásticos en ella (los dragones deben parecerles lo más normal del mundo, porque de ésos nunca se quejan). Evidentemente, libros y serie dan más relevancia a su lado pseudo-medieval y pseudo-histórico, y al hacerlo así, logran que espectadores que jamás se habrían acercado a un título de fantasía estén enganchados sin remedio a éste. Pero a veces tienen que recordarnos lo que estamos viendo, y que sigue habiendo una gran amenaza en el Norte hacia la que se encamina todo.
01 mayo 2014
30 abril 2014
Sangre nueva en el late night
Los late night shows ya no son lo que eran hace treinta años en la televisión estadounidense, no tienen la misma influencia cultural y social que cuando Johnny Carson presentaba "The Tonight Show" o David Letterman debutaba justo detrás de él. Entre los 70 y los 80, ambos redefinieron el formato, con su mezcla de actualidad, humor, entrevistas y actuaciones musicales, y pusieron las bases de toda una manera de hacer estos programas que después trasladaron a otros lugares gente como Andreu Buenafuente o hasta Jonathan Ross. Hubo una época en la que el relevo del presentador de uno de estos espacios levantaba casi la misma expectación que despierta en el Reino Unido saber quién será el próximo Doctor. La guerra entre Jay Leno y Letterman por suceder a Carson llegó a tal extremo, que hasta se rodó una tv movie, basada en un libro al respecto, llamada "Los reyes de la noche".
El programa de las 23:30, especialmente en NBC, es toda una institución, y aunque con el paso de los años, y la proliferación de formatos parecidos en otras cadenas y los informativos satíricos de Comedy Central, haya perdido parte de su lustre, todavía es tenido en cierta consideración. El culebrón que se organizó con el primer amago de retirada de Leno, y el fallido relevo a cargo de Conan O'Brien, fue una muestra de que "The Tonight Show" todavía importaba en el siglo XXI, y que los late night aún tienen cierto tirón (más allá de su capacidad para convertir en virales algunos segmentos) lo demuestra la cobertura que los medios estadounidenses están haciendo de la renovación casi total que se está produciendo de sus presentadores. Leno y Letterman, que eran los exponentes que quedaban de los herederos directos de Carson, se han retirado, y en su lugar han llegado tipos más jóvenes, forjados en otro tipo de comedia, que tienen ante sí el reto de mantener con vida un formato que podría parecer agotado.
La NBC ha tirado de Jimmy Fallon y Seth Meyers, dos ex componentes del reparto de "Saturday Night Live", para llevar "The Tonight Show" y "Late night with", y ambos han aportado la frescura que da el estrenarse en esas labores. Fallon ya tenía la experiencia de haber presentado antes el programa más tardío, y lo que ha hecho en realidad es trasladar prácticamente las mismas cosas al escenario principal, incluyendo sus historias del rap con Justin Timberlake, sus duelos de playback son sus invitados, y sus juegos tontorrones y simpáticos, mientras Meyers se dedica a tirar de sus amigos y colaboradores en SNL. La cadena parece tener bien cubiertas todas las noches, y ahora lo interesante llega en CBS. El anuncio de que Stephen Colbert sería el reemplazo de Letterman fue recibida con mucha expectación. Colbert es conocido por el personaje del republicano mordaz e irónico que parodia e interpreta al mismo tiempo en "The Colbert Report", y será interesante qué hace cuando tenga que ser él mismo.
Ahora, lo que la cadena tiene que decidir es qué hace con "The Late, Late Show", el más irreverente de todos, una vez que Craig Ferguson ha anunciado que también se marcha. El programa está inseparablamente unido a su humor un poco tonto y alocado y a sus entrevistas relajadas y divertidas, en las que el invitado casi nunca habla de lo que ha ido a promocionar, y por eso fue durante bastante tiempo una especie de secreto a voces, la joya escondida entre todos los late night. Alguien que se atreve a hacer todo un programa sin público, simplemente charlando con Stephen Fry, ya merece un poco de atención. Lo curioso, sin embargo, es que todas las opciones de introducir savia nueva a esas horas siguen estando dominadas por hombres blancos, generalmente protestantes. Entre todos los presentadores de este formato con cierto nombre en la actualidad, sólo Arsenio Hall (otro gran renovador en los 80 y 90) y Chelsea Handler (que se marcha a Netflix) se salen de la norma. Y en medio de todo este torbellino, sólo aguanta en ABC Jimmy Kimmel, aprovechando tanto cambio para intentar arañar audiencia con sus tráilers paródicos de blockbusters después de los Oscars.
El programa de las 23:30, especialmente en NBC, es toda una institución, y aunque con el paso de los años, y la proliferación de formatos parecidos en otras cadenas y los informativos satíricos de Comedy Central, haya perdido parte de su lustre, todavía es tenido en cierta consideración. El culebrón que se organizó con el primer amago de retirada de Leno, y el fallido relevo a cargo de Conan O'Brien, fue una muestra de que "The Tonight Show" todavía importaba en el siglo XXI, y que los late night aún tienen cierto tirón (más allá de su capacidad para convertir en virales algunos segmentos) lo demuestra la cobertura que los medios estadounidenses están haciendo de la renovación casi total que se está produciendo de sus presentadores. Leno y Letterman, que eran los exponentes que quedaban de los herederos directos de Carson, se han retirado, y en su lugar han llegado tipos más jóvenes, forjados en otro tipo de comedia, que tienen ante sí el reto de mantener con vida un formato que podría parecer agotado.
La NBC ha tirado de Jimmy Fallon y Seth Meyers, dos ex componentes del reparto de "Saturday Night Live", para llevar "The Tonight Show" y "Late night with", y ambos han aportado la frescura que da el estrenarse en esas labores. Fallon ya tenía la experiencia de haber presentado antes el programa más tardío, y lo que ha hecho en realidad es trasladar prácticamente las mismas cosas al escenario principal, incluyendo sus historias del rap con Justin Timberlake, sus duelos de playback son sus invitados, y sus juegos tontorrones y simpáticos, mientras Meyers se dedica a tirar de sus amigos y colaboradores en SNL. La cadena parece tener bien cubiertas todas las noches, y ahora lo interesante llega en CBS. El anuncio de que Stephen Colbert sería el reemplazo de Letterman fue recibida con mucha expectación. Colbert es conocido por el personaje del republicano mordaz e irónico que parodia e interpreta al mismo tiempo en "The Colbert Report", y será interesante qué hace cuando tenga que ser él mismo.
Ahora, lo que la cadena tiene que decidir es qué hace con "The Late, Late Show", el más irreverente de todos, una vez que Craig Ferguson ha anunciado que también se marcha. El programa está inseparablamente unido a su humor un poco tonto y alocado y a sus entrevistas relajadas y divertidas, en las que el invitado casi nunca habla de lo que ha ido a promocionar, y por eso fue durante bastante tiempo una especie de secreto a voces, la joya escondida entre todos los late night. Alguien que se atreve a hacer todo un programa sin público, simplemente charlando con Stephen Fry, ya merece un poco de atención. Lo curioso, sin embargo, es que todas las opciones de introducir savia nueva a esas horas siguen estando dominadas por hombres blancos, generalmente protestantes. Entre todos los presentadores de este formato con cierto nombre en la actualidad, sólo Arsenio Hall (otro gran renovador en los 80 y 90) y Chelsea Handler (que se marcha a Netflix) se salen de la norma. Y en medio de todo este torbellino, sólo aguanta en ABC Jimmy Kimmel, aprovechando tanto cambio para intentar arañar audiencia con sus tráilers paródicos de blockbusters después de los Oscars.
29 abril 2014
Una de piratas
Hasta que llegó la saga de "Piratas del Caribe", el género de las aventuras de corsarios estaba de capa caída. En Hollywood aún deben acordarse de los fiascos que supusieron "Piratas" y "La isla de las cabezas cortadas", que intentaron sin éxito revivir las peripecias en las que Errol Flynn y Burt Lancaster se hicieron un nombre. Los piratas son sinómino no sólo de aventuras en busca de tesoros fabulosos, sino de batallas navales, intrigas por hacerse con el control del barco y, por qué no, hasta pueden tener sus gotas de romanticismo y de amores imposibles. Disney encontró un filón en su adaptación al cine de una conocida atracción de Disneylandia, y aunque en la gran pantalla no ha tenido mayor continuidad, parece que en televisión ha encontrado su hueco en la moda por las series históricas, o pseudohistóricas, que hay en los canales de cable básico, sobre todo. Sí, es cierto que la NBC se animará este verano con "Crossbones", pero la verdad es que Starz llegó antes con "Black sails".
Esa cadena tiene su especialidad precisamente en esas series con una ambientación de epoca, ya sea el Imperio Romano o la Inglaterra del rey Arturo como en "Camelot", a las que se imprime un ritmo más moderno y se sazona con las dosis de sangre y sexo con las que "Spartacus" llamó la atenciónm inicialmente. En este caso, "Black sails", producida por Michael Bay y co-creada por Jonathan Steinberg (responsable de "Jericho" y "Human target") y Robert Levine, lo que hace es tomar a un par de personajes inventados por Robert Louis Stevenson en "La isla del tesoro", como son John Silver y el capitán Flint, y nos lleva al momento en el que perseguían el botín que impulsaría la trama de ese libro. Es simplemente una idea en el horizonte para aquellos familiarizados con la historia de Jim Hawkins, porque en realidad no es necesario haberlo leído para introducirte en el mundo de esos piratas, la isla que emplean de refugio y la tapadera de un negocio respetable en Inglaterra a través del que venden los tesoros conseguidos en sus abordajes.
El piloto, dirigido por Neil Marshall, tiene la siempre ingrata tarea de presentarnos de cero todo ese panorama de personajes, alianzas y traiciones entre ellos, y de pintarnos el retrato de Flint, un capitán obsesionado con un barco repleto de riquezas legendarias, una especie de Eldorado que parece estar muy cerca de llevarlo a la locura. En ese aspecto, y teniendo en cuenta que es un poco más largo que un episodio normal, puede hacerse un poco cuesta arriba, pero lo cierto es que establece perfectamente que "Black sails" va a ser justo una de piratas, y pinta con rapidez todo el tapiz básico de la serie. Después, ya está por ver que realmente se mantenga un ritmo entretenido, o que se fomente el lado de aventuras frente a las relaciones entre los personajes (o que se logre un equilibrio entre ambos), o que se juegue con esa revelación de Flint de que su modo de vida está amenzado de muerte, de que las Coronas de ningún país van a seguir apoyándolos (como hacían la inglesa y la holandesa, sobre todo) y de que los enemigos que desean verlos muertos no sólo han aumentado, sino que son ahora mucho más poderosos.
Los elementos para conseguir realmente una de piratas de verdad están ahí. Falta ver si los aprovechan, y en España se podrá empezar a hacerlo el próximo 5 de mayo, cuando TNT la estrene (de hecho, hemos podido ver el primer capítulo en un pase organizado por ese canal y por Birraseries). En lo que sí acierta de pleno en sus títulos de crédito, con música compuesta por el últimamente ubicuo Bear McCreary.
Esa cadena tiene su especialidad precisamente en esas series con una ambientación de epoca, ya sea el Imperio Romano o la Inglaterra del rey Arturo como en "Camelot", a las que se imprime un ritmo más moderno y se sazona con las dosis de sangre y sexo con las que "Spartacus" llamó la atenciónm inicialmente. En este caso, "Black sails", producida por Michael Bay y co-creada por Jonathan Steinberg (responsable de "Jericho" y "Human target") y Robert Levine, lo que hace es tomar a un par de personajes inventados por Robert Louis Stevenson en "La isla del tesoro", como son John Silver y el capitán Flint, y nos lleva al momento en el que perseguían el botín que impulsaría la trama de ese libro. Es simplemente una idea en el horizonte para aquellos familiarizados con la historia de Jim Hawkins, porque en realidad no es necesario haberlo leído para introducirte en el mundo de esos piratas, la isla que emplean de refugio y la tapadera de un negocio respetable en Inglaterra a través del que venden los tesoros conseguidos en sus abordajes.
El piloto, dirigido por Neil Marshall, tiene la siempre ingrata tarea de presentarnos de cero todo ese panorama de personajes, alianzas y traiciones entre ellos, y de pintarnos el retrato de Flint, un capitán obsesionado con un barco repleto de riquezas legendarias, una especie de Eldorado que parece estar muy cerca de llevarlo a la locura. En ese aspecto, y teniendo en cuenta que es un poco más largo que un episodio normal, puede hacerse un poco cuesta arriba, pero lo cierto es que establece perfectamente que "Black sails" va a ser justo una de piratas, y pinta con rapidez todo el tapiz básico de la serie. Después, ya está por ver que realmente se mantenga un ritmo entretenido, o que se fomente el lado de aventuras frente a las relaciones entre los personajes (o que se logre un equilibrio entre ambos), o que se juegue con esa revelación de Flint de que su modo de vida está amenzado de muerte, de que las Coronas de ningún país van a seguir apoyándolos (como hacían la inglesa y la holandesa, sobre todo) y de que los enemigos que desean verlos muertos no sólo han aumentado, sino que son ahora mucho más poderosos.
Los elementos para conseguir realmente una de piratas de verdad están ahí. Falta ver si los aprovechan, y en España se podrá empezar a hacerlo el próximo 5 de mayo, cuando TNT la estrene (de hecho, hemos podido ver el primer capítulo en un pase organizado por ese canal y por Birraseries). En lo que sí acierta de pleno en sus títulos de crédito, con música compuesta por el últimamente ubicuo Bear McCreary.
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