31 julio 2014

Rescates estivales

El verano para un aficionado a las series suele ser sinónimo de maratones, de ponerse al día con títulos del invierno a los que no había dado una oportunidad hasta ahora, o con clásicos que se le habían escapado. Si no nos dedicamos a ver toda la programación de ficción estival (que hay bastante), no es nada raro que optemos por esa opción del rescate de series a las que hasta ahora no habíamos prestado atención, así que nunca es mal momento para recordar algunos títulos que pueden ser buenas opciones de visionado veraniego, aparte de “Twin Peaks”. Ver aunque sean los ocho capítulos de su primera temporada, aprovechando esa edición especial en Blu-Ray por su 25º aniversario, es realmente muy interesante, y no sólo porque resultan muy importantes para comprender cómo las series actuales han llegado a ser como son.


“Black Mirror” (Channel 4. 2011, 2013): Probablemente sea de las series con mayor hype y más discutidas de los últimos tiempos, pero realmente merece la pena ver sus seis episodios, divididos en dos temporadas de tres cada una. Creada por Charlie Brooker, estamos ante una serie de antología que explora nuestra relación y dependencia de la tecnología, cómo ilumina lados de nuestro ser que pueden no ser demasiado benévolos. “The entire history of you” y “Be right back” (más “15 million merits”) son capítulos que, al menos, merecen un vistazo.


“Restless” (BBC. 2012): El verano que viene, ABC estrenará “Agent Carter”, la serie centrada en Peggy Carter y los primeros pasos de la agencia SHIELD, y su protagonista será la misma actriz que interpretó al personaje en “Capitán América: El primer vengador”, Hayley Atwell. Atwell tiene ya una carrera bastante prolongada a sus espaldas, y entre sus últimos trabajos figura esta miniserie, de dos capítulos de 90 minutos cada uno, que cuenta la historia de una refugiada rusa reclutada por la inteligencia británica durante la Segunda Guerra Mundial. Vemos tanto sus primeras actividades como su convencimiento, treinta años más tarde, de que alguien ha descubierto su identidad secreta, y termina resultando una curiosa exploración de los efectos que el secretismo y la paranoia de los espías tienen en ella.


“Bleak House” (BBC. 2005): Otra miniserie británica, pero en este caso del subgénero costume drama y, además, adaptación de un libro de Charles Dickens (y clásico entre las recomendaciones de este blog). Con Gillian Anderson a punto de estrenar la segunda temporada de “The Fall” en otoño, y llevándose todo tipo de elogios por su retrato de Blanche DuBois en “Un tranvía llamado deseo” en Londres, no está mal recuperar la producción que la devolvió al primer plano televisivo, una historia de secretos familiares, pugnas por una herencia que arruinan las vidas de los aspirantes y una mezcla de géneros realmente peculiar que engancha irremediablemente. Anderson está sensacional como la triste y reprimida Lady Deadlock, y también anda por ahí Charles Dance intimidando sin necesidad de abrir la boca. El ramillete de actores británicos que reconoceréis en sus 15 episodios de media hora (menos el primero y creo que el último, que duran una) es bastante notable.

“30 Rock” (NBC. 2006-13): Son siete temporadas, sí, pero casi mejor, porque si entras en el mundo de Liz Lemon y Jack Donaghy, no querrás salir nunca. La comedia de Tina Fey sigue a la creadora de un programa de sketches (hilarantemente bochornosos) mientras lidia con sus caprichosas estrellas, con la posibilidad de tener una vida fuera del trabajo y, sobre todo, con su jefe, Jack Donaghy, un Alec Baldwin que nunca ha estado más divertido. Es una serie hecha por gente que adora la televisión, repleta de chistes y referencias a los programas de más éxito, a la actualidad estadounidense del momento, y llena de frases que pueden citarse sin parar. “¡Nerd rage!”

“Alphas” (Syfy. 2011-12): Con tanta serie de superhéroes que se avecina, este pequeño título de Syfy, que no está basado en ningún cómic (aunque su co-creador es Zak Penn, guionista de alguna que otra película de “X-Men”), puede ser una buena opción para quien busque entretenimiento. Sus protagonistas son un grupo de personas con habilidades especiales, reclutados por un psicólogo que intenta ayudarles a convivir con sus poderes y, al mismo tiempo, que buscan a otros como ellos. Durante buena parte de sus dos temporadas fue un procedimental con el “alfa de la semana”, pero al fondo teníamos una facción de superhéroes que abogaba por el exterminio de las personas normales, y sus protagonistas fueron ganando matices con el paso de los capítulos. Se preocupaba por desarrollar la relación entre el grupo principal de alfas y por desarrollarlos a ellos individualmente, y fue de las series más entretenidas y con algo más de sustancia de la fase “USA fantástica” de Syfy.

30 julio 2014

El mal de Tom Bombadil


¿Os acordáis de lo que son las “serpientes de verano”? Son esas noticias absurdas y, generalmente, poco relevantes que en los meses estivales adquieren la misma importancia que un crack bursátil simplemente porque la actualidad no está tan activa como para llenar una hora de informativos todos los días. Esos temas se convierten en la comidilla de telediarios, programas matutinos y tertulias nocturnas durante semanas, y en cuanto llega septiembre y empieza de nuevo el curso político, nadie se acuerda de ellos. En el mundillo seriéfilo también hay algunos asuntos que parecen serpientes de verano, temas que aparecen entre temporadas y que se tratan como si la serie a la que se refieren acabara de ser cancelada abruptamente. Entre ellos, el más destacado últimamente bien puede ser el de los fans tiquismiquis de libros convertidos en series.

Y no estamos hablando de lectores que se quejan de los cambios que se han hecho en el traslado de la página escrita a la pantalla, sino de los que predicen los cambios que habrá en la próxima temporada basándose en los personajes de los que no se han anunciado los actores que los interpretarán. El fandom de las novelas de “Juego de tronos” está alcanzando cotas absurdas exactamente por esa razón, ejemplificada estos últimos días por el anuncio de parte de los nuevos actores que se incorporan a la quinta entrega. Entre ellos figuran tres Serpientes de Arena, las hijas bastardas de Oberyn Martell, pero no ha habido noticias de Arianne Martell, hija mayor y heredera del príncipe Doran, gobernante de Dorne y hermano de la Víbora de Roja. No sabemos si aún no han encontrado actriz para ella, o si es que parte de su historia se la darán a otro personaje ya visto con anterioridad (como Ellaria Arena), ¿pero para qué esperar cuando pueden emitirse juicios sumarísimos ya mismo?

La ausencia de Arianne en las menciones a la quinta temporada de “Juego de tronos” ha vuelto a desenterrar las acusaciones de misoginia y ha dado alas a aquellos fans de los libros a los que sólo les falta montar un grupo de Facebook que se llame “Game of Thrones in name only”, de tan airados que están porque los Reed aparecieron en la tercera temporada, en lugar de la segunda, o porque Jeyne Westerling se transformó en Talisa, o porque aún no se ha dicho nada de si veremos aparecer al resto de la familia de Theon y Yara Greyjoy (o porque Cersei y Daenerys tienen las cejas marrones, no nos olvidemos de ese clásico). Ayer, en Twitter, James Poniewozik, crítico de la revista Time, volvía a recordar la vieja máxima de que literatura y televisión son medios diferentes, regidos por normas y códigos diferentes, y que cuando un libro se adapta a la pantalla, se van a “traicionar” a la fuerza algunos de sus aspectos que no se trasladan bien a televisión, además de que dejaba de pertenecer exclusivamente a sus lectores.

Lo decía a cuenta de un artículo de Vanity Fair que se preocupaba por otra nueva adaptación de una saga literaria con muchos fans, “Outlander”,  habiendo visto nada más que los títulos de crédito y una breve escena del piloto. Con esas dos muestras, ya era suficiente para temer que la serie no iba a ser un éxito y que se iba a quedar en un romance de leyendas celtas desvaídas. Cuando veamos el capítulo entero el 9 de agosto sabremos si realmente puede funcionar, ¿no? Pero es la cruz de esta era de información y contenido continuos a través de Internet; hay que generar temas, buzz, expectación, trending topics. Lo más fácil para ello es soliviantar a una parte de un fandom diciendo que la serie que adapta su libro favorito va a cabrearlos, y sin saber todavía si eso va a pasar. Parece que de nada sirve recordar que las series tienen que tener su identidad independiente del libro y sostenerse por sí mismas, seguir su coherencia interna y sus normas. Tom Bombadil nunca salió en las películas de “El Señor de los Anillos”, y algunos fans jamás perdonarán a Peter Jackson por ello.

29 julio 2014

Los chicos de la bomba

Durante la primera mitad de la década de 1940, el ejército estadounidense supervisó un programa armamentístico secreto llamado Proyecto Manhattan. El objetivo era construir una bomba atómica antes de que la Alemania nazi pudiera tener la suya, y utilizarla para finalizar la Segunda Guerra Mundial y evitar que los soldados norteamericanos siguieran muriendo lejos de casa. Al menos, eso era lo que se repetían los miembros más idealistas del proyecto, los que creían que estaban trabajando por la paz, pese a lo paradójico que pueda sonar. En el aspecto teórico, en los cálculos que debían determinar cómo iba a ser esa bomba, trabajaron algunos de los físicos más brillantes de la época, desde el director del proyecto, Robert Oppenheimer, a Hans Bethe (que explicó los procesos internos que hacen al sol brillar) o Richard Feynman, y gran parte de ellos estaban encerrados en Los Álamos, una ciudad militar en medio del desierto de Nuevo México.

Ese asentamiento inicial, más que ciudad, es el lugar donde transcurre “Manhattan”, la segunda serie de producción propia del canal WGN, y una que se sale por completo de la línea marcada por las brujas (mamarrachas, añadirán algunos) de “Salem”. “Manhattan” es un drama de época en la línea de “Mad Men” y “Masters of Sex” (de donde procede su creador, Sam Shaw), en el que la carrera por conseguir la bomba es lo secundario ante la exploración de esos hombres brillantes que trabajan en un proyecto que no pueden contar ni a sus esposas, y éstas se ven arrastradas con sus hijos en medio de ninguna parte, a un lugar azotado constantemente por el viento y la arena donde apenas ven a sus maridos y, cuando lo hacen, no pueden hablar con ellos casi de nada. Visto el primer episodio, las mujeres parece que van a tener tanta importancia en la serie como los hombres, formando su propio ecosistema, como quien dice, en un poblado del que hasta su existencia y ubicación es confidencial.

El tema que trata “Manhattan” es interesante y tiene potencial para ser algo bastante digno. Ese primer capítulo ya deja claras algunas pautas estilísticas de esa elegante cámara de Thomas Schlamme, veterano de las series de Aaron Sorkin y experto en seguir a los personajes atravesando los espacios en los que se desarrollan principalmente sus vidas. Estos personajes (que no son los científicos reales que trabajaron en el proyecto, excepto Oppenheimer) todavía tienen que escapar del arquetipo a partir del que nacen (el físico tan inteligente y obsesionado con su trabajo, que muy probablemente está perdiendo la cordura, o el joven y ambicioso científico que encuentra complicado reconciliar sus ideales con la realidad del trabajo que está haciendo), pero hay algunos actores interesantes detrás, como John Benjamin Hickey, Olivia Williams o Harry Lloyd (aquí mucho más Familia de la Sangre que Targaryen), y se apuntan ciertos detalles que pueden culminar en cosas que merezcan la pena.

“Manhattan” tiene un juego con el sonido bastante curioso en ese capítulo inicial, y también apunta algunas de las reticencias éticas que se planteaban tímidamente sobre la bomba, pero aunque nosotros sabemos cómo terminó todo (con el lanzamiento de sendas bombas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945), para los personajes no es más que un futuro hipotético. Trabajan sin saber cuándo podrán tener listas las bombas, sin saber si se utilizarán y creyendo que el objetivo es derrotar a Hitler. Para algunos, seguía siendo casi más un problema teórico, y otros estaban entregados a los ideales patrióticos que reforzó el ataque a Pearl Harbor. La serie apunta a centrarse más en el coste personal de ese trabajo, pero el toque de los crisantemos mutados del jardín de Olivia Williams también puede indicar otras implicaciones. Por ahora, “Manhattan” intriga.