03 septiembre 2014

Un buen año

1994 fue, realmente, un buen año para la televisión estadounidense. En Vulture están dedicando toda esta semana a recordar la temporada 1994/95 y, la verdad, es cierto que fue realmente histórica. Es muy curioso leer el resumen que hacen de aquellos nueve meses porque no sólo ofrecen un vistazo a una época que nunca más volverá a verse, sino que también apuntan que aquel año aparecieron también las “amenazas” para las networks que están bien consolidadas hoy, como FX, o que se encuentran en pleno ascenso en su entrada en la arena de la ficción de producción propia, como Yahoo o Amazon. En 1994 nacieron dos canales nuevos como The WB y UPN (que acabarían fusionados en The CW algo más de una década después), FOX emparejó “Los Simpson” con los partidos de la NFL cuyos derechos acababa de adquirir y “Expediente X” empezaba a convertirse en un fenómeno pop, pero si por algo se recuerda esta temporada es por el nivel de sus estrenos.

Hay quien dice que la decadencia real de la NBC no empezó de verdad hasta que no terminó “Urgencias”, en 2009, quince temporadas después de que emitiera aquel revolucionario piloto que cambió las series. Siete años antes de que “24” mostrara que podía contarse un capítulo prácticamente en tiempo real, “Urgencias” dio un notable golpe sobre la mesa al presentar una guardia de 24 horas en un hospital de una gran ciudad cuyo personal médico está constantemente agobiado por la larga jornada laboral, por la falta de medios para tratar a algunos pacientes, por la burocracia necesaria para otros o, simplemente, por las rachas de mala suerte y desgracias que todos sufrían. El ritmo, el realismo con el que se trataba la sala de urgencias del County General, lo bien definidos que estaban todos los personajes desde el principio, aquella estrella en ciernes llamada George Clooney… “Friends” pudo ser un megaéxito en el apartado cómico que se salía del molde de la sitcom familiar imperante entonces, pero la verdadera revolución fue “Urgencias”.

Comprobar el estado de NBC entonces, con su must see TV del jueves por la noche, y ahora, cuando “The Blacklist”, estrenada el año pasado, es su mayor éxito en drama precisamente desde el debut de la serie médica producida por Steven Spielberg, es suficiente para deprimir a cualquiera. Pero había otra pequeña revolución en ciernes en ABC, la que representaba “Es mi vida” en lo referido al género teen. Quedarse en una única temporada no ha impedido que su influencia todavía se note en la actualidad, con esa mirada tan honesta a las particularidades de la adolescencia, que llegaba a doler (y sí, puede jugarse a comprobar cómo Claire Danes sigue llorando en pantalla igual que cuando tenía 14 años). Un episodio de esta serie encabeza la lista de Vulture de los 100 mejores capítulos de 1994/95, lista en cuyas primeras posiciones hay también episodios de “Homicidio”, “Los Simpson”, “Seinfeld”, “Urgencias”, “Friends”, “Expediente X” y hasta “Ley y orden”, y hasta con echar un vistazo por encima a dicha lista, podemos comprobar que la sombra de algunas de aquellas series todavía se nota en el panorama televisivo actual, y no sólo en las networks.

La peculiaridad de “Seinfeld” intenta ser reproducida por bastantes comedias de cable, por ejemplo, y esa inmediatez de “Urgencias” fue una de las semillas que terminarían germinando en la aparición de las series de HBO (que en 1994 ya tenía “The Larry Sanders Show”, muy querido en Estados Unidos). Cuando se habla de la grandeza de “The good wife”, lo que se está reconociendo es su deuda con aquellos dramas adultos de las networks que poblaban sus parrillas hace veinte años (y que arrastraban un considerable seguimiento), una tradición que facilitó las normas y el “colchón” que el cable pudo subvertir después.

02 septiembre 2014

Etiquetas y prejuicios

“Este es uno de esos episodios que nos recuerda que “Outlander” no está en absoluto interesada en avanzar hasta la parte buena. Es decir, Jamie y Claire siguen sin acostarse juntos en este episodio y probablemente no lo harán en el próximo episodio, o en el siguiente a ése, y estoy empezando a pensar que todo lo que he oído sobre “Outlander” es un producto de la hiperactiva y calenturienta imaginación de alguien. Gracias por eso, Internet”. Con este párrafo comenzaba el recap de Vulture del cuarto capítulo de “Outlander”, la serie de Starz que adapta una saga de novela romántica-histórica-de ciencia ficción de Diana Gabaldon. El resto del artículo tiene un tono que lo acerca un poco a algo más humorístico que a un recap-crítica, pero ese inicio resulta interesante por poner de manifiesto lo fácil que es colocar una etiqueta rápida sobre una serie, por ejemplo, y lo difícil que es quitársela de encima después.

Las ideas preconcebidas sobre alguna obra cultural no son nada nuevo. Podemos tener una noción aproximada sobre “Casablanca”, o creer que la tenemos, sin haberla visto nunca, sólo a través de lo que leemos sobre ella, o lo que otras personas nos cuentan sobre ella, o a través de las partes que se vuelven más populares. Muchas veces, cuando finalmente la vemos, nos damos cuenta que la idea que nos habíamos hecho de ella en nuestra cabeza poco tiene que ver con como es la película en realidad, y eso sirve también para las series. Quien se anime a ver ahora “Mad Men” tras siete años de alabanzas, cuatro Emmys seguidos a mejor drama y esos sesudísimos análisis que se publican en los blogs americanos tras cada episodio, quizás se lleve una sorpresa al comprobar que tiene bastante más humor de lo que podría parecer (Roger Sterling es un seguro en ese aspecto). Del mismo modo, sabiendo el género al que se adscriben los libros de Gabaldon y con la experiencia pasada de otras series emitidas por Starz, puede decirse que sorprende que “Outlander” sólo haya tenido una escena de sexo con desnudos en el primer episodio y, después, nada en los siguientes tres capítulos (“Roma” era bastante más exhibicionista, como quien dice, en ese punto de su primera temporada).

La sorpresa viene, no obstante, por ese prejuicio, por esa preconcepción sobre la serie que podemos tener antes de verla, y si no hemos leído el material en el que se basa. Algo similar le ocurre a “Juego de tronos”, que jamás podrá quitarse de encima la etiqueta de la sexposition por mucho que el tratamiento del sexo haya evolucionado en las cuatro temporadas que lleva emitidas. Es cierto que ellos solos se lo han buscado, pero no hay más que ver a Daenerys con Drogo y, después, con Daario para comprobarlo. Sin embargo, para alguien que no haya visto nada de la serie, le va a quedar esa imagen del “Game of porn”, imagen que los productores de la serie reconocen que les ha traído más de un problema a la hora de buscar determinadas localizaciones (es realmente muy curioso que los periodistas utilicen el éxito de HBO para preguntarle a “Masters of sex” si sus escenas de sexo son gratuitas, generando conversaciones en las que queda claro que ni unos ni otros han visto demasiado de ambas series).

Yo tenía exactamente la misma preconcepción hacia “Outlander” de la que hace gala el recap de Vulture, y lo cierto es que, por ahora, está resultando bastante más interesante de lo que esperaba, aunque también es verdad que, a veces, no le habría venido mal a algún capítulo algo más de nervio. Claire es una gran protagonista, y se han preocupado por construir bien el mundo extraño en el que se encuentra. La voz en off continúa siendo un problema, pero en el resto de aspectos, realmente parece que Starz ha dado con un éxito acompañado, además, de buenas críticas. Aunque las etiquetas asignadas a ella desde el principio no van a disolverse así como así.

01 septiembre 2014

El improbable ascenso de Felicity Smoak

¿Cuántas veces no hemos visto a un secundario en principio marginal "robar" limpiamente una serie debajo de las narices de sus protagonistas? Sobre el papel tal vez no son más que un episódico, un personaje que debe cumplir una función en un capítulo determinado y nada más, pero la conjunción del actor elegido para interpretarlo, su ingeracción con los otros actores y la energía que aporte a la serie puede obrar el milagro; hacer que ese episódico se convierta en recurrente, quizás después en regular y, con un poco más de suerte, en todo un favorito de los fans. Hay muchísimos ejemplos de esto, de Allison Janney en la primera temporada de "Masters of Sex" a Uzo Aduba o Samira Wiley, por citar sólo dos, en "Orange is the new black", o uno de los casos más curiosos, y más fulgurantes, vistos en los últimos años; el de Emily Bett Rickards en "Arrow".

Las series son entes vivos, es un cliché a cuyo mantenimiento hemos contribuido por aquí muchas veces, pero si se mantiene es porque es cierto. Los guionistas y productores reaccionan a lo que funciona y a lo que no con el correr de los capítulos, y personajes que introducen sólo porque necesitan un ténico informático en un capítulo pueden terminar convertidos en "la chica" de la serie, como quien dice. Los fans de "Arrow" (especialmente los shippers de Olicity) llevan revolucionados dese ayer, cuando The CW lanzó un nuevo teaser de la tercera temporada en el que (y esto es un spoiler, que os conozco) se amaga con un beso entre Oliver y Felicity (¿habrá una abeja por ahí que lo impida?). El teaser representa la culminación de ese ascenso en el estatus de la serie de la graduada en el MIT en 2009, un ascenso que parecía improbable cuando apareció por primera vez en la temporada inaugural, en un capítulo en el que su único propósito era ayudar a Oliver con algunos asuntos informáticos (Stephen Amell cuenta un poco todo eso en este fragmento de una entrevista con Larry King).

Felicity Smoak no iba a regresar a "Arrow", pero la dinámica entre ella y Oliver, menos seria y más relajada, hasta con sus toques de humor, funcionó a la perfección, así que Andrew Kreisberg y Marc Guggenheim buscaron excusas para que Oliver siguiera recurriendo a ella para resolver algunos de las situaciones que se le presentaban y, finalmente, ella terminó sabiendo que él era en realidad el Vigilante y pasó a formar parte del Team Arrow, junto con John Diggle. Lo realmente curioso de esta promoción a personaje regular, y parte fundamental del círculo más cercano del señor Queen, es que Felicity se fue quedando con todas las mejores frases, con los one-liners que los fans repetían al día siguiente en Tumblr. Apuntamos, al hablar de la segunda entrega, esa evolución que habían vivido algunos de los personajes femeninos, pero ninguno puede asemejarse al de la señorita Smoak. Porque no sólo se ha encargado de ser la particular Condesa Viuda de "Arrow", salvando las distancias, sino que ha terminado usurpando el lugar que, teóricamente, pertenecía a Laurel como principal objeto de la tensión sexual no resuelta con el héroe.

Lo que era inicialmente un mero cuelgue por parte de Felicity (retratado muchas veces buscando el lado cómico, y ojo a los spoilers del final de la segunda temporada), terminó siendo uno de los aspectos del que más han hablado Kreisberg y Guggenheim este verano, tras disfrazar de estrategia contra Slade la confesión de Oliver de sus sentimientos hacia Felicity. A algunos espectadores, todo esto les ha recordado un poco al ascenso de Chloe en "Smallville". Era un personaje que no procedía de los cómics de Superman de los que era precuela (como Felicity, aunque haya uno muy secundario con el que comparta nombre), pero rápidamente se convirtió en uno de los más queridos por los fans, y uno que amenazaba seriamente con que Clark Kent siguiera el curso romántico de su vida primero con Lana y, finalmente, con Lois Lane. Aunque luego la cosa no dure, que "Arrow" vaya a animarse, como parece, a que Oliver y Felicity afronten la puerta que entreabieron en el final de la segunda temporada confirma la meteórica promoción de ella, y cómo los guionistas reconocieron enseguida que tenían algo bueno entre manos.

Felicity aportaba aire fresco en la primera temporada y, después, cierta sensación de ligereza. No lleva el peso del mundo sobre sus hombros, como prácticamente el resto del reparto, y funciona bastante bien hasta con Sara y, esperemos, con Laurel. La relación que ha establecido con Diggle da para su propia webserie de charlas a lo "chicas Gilmore", que le diría Verónica Mars a Wallace, y el único riesgo que hay sobre ella es que el clamor de los shippers le reste precisamente el aire de levedad, de cierto humor y de frescura que trajo desde el principio. Eso la hacía destacar, por contraste, sobre Laurel y la complicada madeja de sentimientos (todos muy serios) que tiene hacia Oliver. Su cambio de situación de cara a la tercera temporada apunta que ella puede ser uno de los aspectos interesantes de "Arrow".