03 diciembre 2014

Jane, a toda carrera

Los pilotos pueden ser una cosa engañosa. Pueden presentar una serie con un conjunto de condicionantes y elementos que hagan imposible que se mantenga el nivel no ya hasta el final de temporada, sino durante los siguientes cinco capítulos, o pueden mostrarnos la versión todavía en bruto de lo que puede terminar siendo una serie muy estimable. El de “Jane the virgin” tenía tal energía, tal sentido del humor meta y tal ritmo, que se hacía difícil pensar que pudiera aguantar del mismo modo. Pero, aunque la audiencia prácticamente no se haya dado cuenta de que se emite, lo ha hecho, y hasta se ha vuelto más autoconsciente de paso. Pocos estrenos esta temporada se han visto tan frescos, con una idea tan clara de lo que quieren hacer y tan sumamente entretenidos como esta especie de respuesta a “Ugly Betty” de The CW.

Para los despistados, recordemos que “Jane the virgin” sigue a Jane Gloriana Villanueva, una joven veinteañera de Miami que, pese a tener novio formal, todavía es virgen (es una larga historia), y que se queda embarazada accidentalmente durante una revisión ginecológica rutinaria. Por si no fuera suficiente, el lío termina de montarse cuando entran en escena el padre biológico del niño, dueño de un importante hotel, y el propio padre de Jane, al que ella nunca ha conocido, y ya está el culebrón (venezolano, en este caso) listo. La serie es muy consciente de que buena parte de sus tramas son completamente ridículas, así que utiliza a su narrador (una versión socarrona del de “Pushing daisies”) y varios rótulos sobreimpresos en la pantalla para hacer chistes sobre todo eso. Es como si dijera, “sabemos que esto es un despropósito, así que vamos a reírnos todos juntos de ello”.

Varios críticos estadounidenses señalaban que lo que Jennie Snyder y su equipo de guionistas están haciendo bien es anclar las idas de olla culebroneras en las emociones muy reales de sus personajes, pero lo que está claro, además, es que la serie está quemando trama casi más rápido de lo que suele hacerlo “The Vampire Diaries”, aunque aquí no va a haber resurrecciones de gente que creíamos muerta y enterrada. No hay tiempo para que nos aburramos y, a la vez, se da cierto espacio a los personajes para que vayan evolucionando, algo que se ha logrado con gran éxito con Rogelio de la Vega, su elevada opinión de sí mismo y su afición por los gestos grandilocuentes, mezclados con un sentimiento genuino de admiración por Jane y por el nerviosismo de querer figurar en su vida de modo más preeminente que hasta ahora. Aún es probable que todas las bolas que “Jane the virgin” tiene en el aire al mismo tiempo se precipiten al suelo estrepitosamente, pero hasta ese momento, está ofreciendo algunos de los 45 minutos más simpáticos y divertidos del año.

02 diciembre 2014

Los muertos renacidos

ALERTA SPOILERS:  ¿Habéis visto el final de la primera mitad de la quinta temporada de "The Walking Dead"? Pues ya sabéis.

Este tramo final de 2014 ha visto cómo dos series que los críticos utilizaban básicamente como sacos de boxeo, como práctica para buscar las quejas más imaginativas sobre su marcha, se han revitalizado a los ojos de esos críticos. Una es “Homeland”, de la que ya hablaremos más adelante, y la otra es “The Walking Dead”, que ha llegado a su final de media temporada no sólo manteniendo su dominio en las audiencias, sino tras haber dado la vuelta a las opiniones más generalizadas sobre ella. O, como mínimo, habiéndose ganado cierto respeto entre la crítica por haberse animado a intentar algunas cosas un poco diferentes en el aspecto formal. En una serie en la que la historia siempre va a ser la misma (el grupo de Rick tiene que huir de una horda de zombies, o tiene que enfrentarse a un malvado conjunto de supervivientes), que se cambie el modo en el que se cuenta esa historia puede ser interesante.

La llegada de Scott M. Gimple como nuevo showrunner en la cuarta temporada tiene parte de la culpa de que  a “The Walking Dead” se la mire con unos ojos más benévolos. En cuanto tomó las riendas de la serie, su principal preocupación fue centrar la acción en los personajes, cuyo retrato ha sido siempre el punto débil, y ha ido rehabilitando a unos cuantos que, hasta ese momento, habían pintado bastante poco. Carol puede ser el ejemplo más claro, pero no es la única. Beth se ha visto bastante beneficiada de su estancia en ese inquietante hospital de Atlanta, aunque no haya podido sobrevivir a ella. Puede no haber sido una transformación tan espectacular como la de Carol, pero la serie sí se ha preocupado por darle algo más de identidad, por construirla un poco más como alguien cuya muerte tenga cierto impacto en el espectador, aunque sea mínimo, en lugar de sólo indiferencia.

Parte de ese trabajo de construcción (o reconstrucción) de los personajes se ha hecho limitando las tramas que se contaban en cada episodio. En esta primera mitad de la quinta temporada, “The Walking Dead” no ha pretendido seguir a todos los subgrupos en los que se han dividido sus protagonistas en cada episodio, optando en su lugar por mostrarnos lo que hace  sólo uno de ellos. Es una táctica que ya utilizaron la temporada pasada, durante la huida de la cárcel, y también para enseñarnos algo más del Gobernador antes de su último enfrentamiento con Rick, y ha servido para entregar ocho capítulos en los que, en general, el ritmo de la acción se ha ralentizado y se ha dejado “respirar” un poco más a los personajes. Realmente, Dawn y el resto de policías del hospital, con sus actitudes caciquiles, han sido menos interesantes de lo que parecía, pero la vuelta del grupo de Rick a Atlanta ha dado un nuevo vigor a la serie.

Se nota que no quieren estancarse, y no sólo en lo que respecta a los ataques zombies y a las diferentes maneras de matarlos, como reconocía el propio Gimple en Vulture. Esas pequeñas digresiones formales, con tramas que se detienen para que veamos la de otro personaje y se retoman cuando todos están en el mismo punto, ha sido uno de los aspectos más interesantes de esta primera mitad de la temporada. Ahora, el grupo está reunido de nuevo, con nuevos integrantes y una ausencia que se notará, seguramente, durante algún que otro episodio, y veremos si buscan otro refugio, como aquella iglesia, o si se mantienen siempre en movimiento.

28 noviembre 2014

La crisis eterna de las comedias


“The Big Bang Theory” y “Modern family” son dos de las series con mejores audiencias de la actualidad, y las dos son comedias, pero su éxito no puede ocultar que, otra vez, el género está protagonizando nuevas versiones de aquellos artículos que preconizaban su muerte cuando “Friends” terminó. La alta mortalidad de las comedias de estreno en las networks los ha desenterrado, con artículos que intentan dilucidar qué ha fallado esta temporada ahí y que intentan adelantarse a lo que el futuro puede conllevar para estas series. Hasta que “Red Band Society” cayó víctima de sus bajas audiencias hace unos días, las primeras cancelaciones de las cadenas en abierto habían sido, mayoritariamente, comedias como “Selfie”, “A to Z”, “Manhattan Love Story” o “Mulaney”, y hasta la primera serie veterana que caía este año era una sitcom, “The Millers”. Desde que terminaron las grandes series cómicas de los 90, las historias sobre la muerte del género no paran de ocupar multitud de entradas en las webs estadounidenses, pero averiguar cuál es el problema no es tan sencillo.

Además, es un problema que está afectando, principalmente, a las networks. HBO lleva desde el estreno de “Girls” apostando por comedias de corte muy indie y con una voz autoral muy marcada, y USA decidió en verano probar suerte de nuevo con el género. FX continúa estrenando nuevas comedias y, aunque no todas sobreviven, da la sensación de que la situación en el cable no es tan dramática. No son canales que destacaran en las sitcoms, por lo que no se juzga tan de cerca sus resultados en ellas. Sin embargo, el género fue uno de los principales pilares de las networks en los 50, junto con los concursos, así que ver que ninguna consigue sacar éxitos de verdad con cierta asiduidad lleva a que surjan esas preguntas. Algunos críticos creen que, en lo que respecta a la comedia, las cadenas no tienen demasiado claro lo que quieren. En los dramas pueden tener unas líneas más claras de lo que entre en su “marca” y lo que no, pero en las comedias parecen estar experimentando para ver qué funciona.

El intento de NBC de abandonar sus sitcoms más urbanas (y con audiencia de nicho para todo lo que no fuera “The Office”) y pasarse a otras que ampliaran su público fue un completo fracaso, hasta el punto de que acaban pasando casos como el de “Unbreakable Kimmy Schmidt”, que se cayó de la parrilla de NBC para midseason y fue vendida a Netflix porque no encajaba la orientación más dramática de la programación para esas fechas. Robert Greenblatt llegó a reconocer que, aunque NBC siguiera apostando por comedias y produciéndolas, eso no quería decir que fuera a emitirlas, sino que podía vendérselas a plataformas de streaming o a canales de cable (o a otras networks). Semejante afirmación de una cadena cuya noche de los jueves era sinónimo de comedias bastante populares puso, para no pocos críticos, el último clavo en el ataúd de las comedias en abierto.

Esto no quiere decir que el panorama sea un desierto. ABC y CBS están teniendo números bastante decentes de otras comedias que no son ni “Modern family” ni “The Big Bang Theory”, pero les cuesta Dios y ayuda lanzar series que puedan sucederlas como grandes éxitos. Esa mudanza del género de la comedia romántica a televisión ha terminado siendo un fracaso, y lo que ha unido a unas cuantas de esas cancelaciones es que estas comedias no consiguen entrar en la conversación cultural del momento. Mientras un drama, y hasta un podcast, parece convertirse enseguida en  el tema de conversación favorito en redes sociales, a las comedias les cuesta más. ¿Puede estar ahí parte del problema?