11 enero 2015

Los músicos crápulas

A las palabras sexo y drogas siempre les sigue rock 'n' roll, nunca Tchaikovsky, pero si algo tiene a su favor "Mozart in the jungle" es, precisamente, esa yuxtaposición de la vida de flamenco, como quien dice, aplicada a la música clásica. La siguiente serie que Amazon ha lanzado después de "Transparent" está creada por Roman Coppola, Jason Schwartzman y Alex Timbers, y tiene entre sus productores ejecutivos a Rodrigo García. Es decir, que en cuanto a pedigrí de premios Independent Spirit no tiene nada que envidiarle a la historia de Maura Pfeffermann. Eso se nota en la realización y en el tono, al menos del arranque de la serie. Es una comedia menos de Sundance, pero igualmente con look independiente, y tampoco se le habría ocurrido a nadie fuera de ese circuito que podía ser interesante ver lo que se cuece entre las bambalinas de la orquesta sinfónica de Nueva York.

La protagonista a través de la que entramos en ese mundo es Hailey, una joven oboísta de Carolina del Norte que se gana la vida en la gran ciudad dando clases a niños ricos del Upper West Side por la mañana, y tocando en terribles musicales de Broadway por la noche. Hailey sueña con entrar en la orquesta, un lugar que recibe a un nuevo director con la esperanza de rejuvenecer al público. La llegada de ese director, niño prodigio que aprovecha la etiqueta de genio precoz (y su aspecto latino) para ligarse a todas las mujeres de la orquesta que pueda, es lo que pone en marcha la trama de "Mozart in the jungle", en la que también seguimos al viejo director anterior y a la primera chelista, que también toca en los musicales alrededor de Times Square para redondear su sueldo.

Hailey se adentra en un mundo que, desde fuera, puede parecer serio y encorsetado como si fuera una ópera de Wagner, pero que en realidad es mucho más parecido a las veloces composiciones para piano de Franz Liszt. Es decir, que "Mozart in the jungle" puede hacer bien lo que "Smash" no logró; contar de un modo entretenido e interesante las entretelas de un grupo de personas que conviven diariamente con la presión de alcanzar la perfección artística, y que esa perfección atraiga al público y dé dinero. Además, resulta complicado sacudirse la sensación de que Rodrigo, el director de orquesta joven y exitoso al que da vida Gael García Bernal, no está inspirado aunque sea un poco en Gustavo Dudamel, el director venezolano que tomó al asalto el mundillo hace unos años con un estilo desenfadado que lo ha llevado del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de su país a la Filarmónica de Los Ángeles.

"Mozart in the jungle" cuenta con la ventaja de moverse en un escenario muy poco habitual en televisión, aunque la historia de Hailey puede ser de las que ya hemos visto muchas veces. De todos modos, la actriz que la interpreta, Lola Kirke (hermana de Jemima, Jessa en "Girls"), tiene un aire especial que le da más interés del que tenía, por ejemplo, Karen en "Smash", y Saffron Burrows resulta igualmente muy intrigante como la chelista con su clasificación de los hombres en la cama dependiendo del instrumento que toquen. Y, si "Transparent" era una serie muy de Los Ángeles, "Mozart in the jungle" apunta a que va a ser muy de Nueva York.

Música de la semana: Y ya que hemos mencionado a Liszt, la canción de esta semana no podía ser otra que "Lisztomania", un tema de los franceses Phoenix que no se escucha en "Mozart in the jungle", pero que sí lo ha hecho en "Royal Pains", "Cougar Town", "Entourage" y, cómo no, "Gossip Girl".

09 enero 2015

Cebo para el Oscar

"Oscar bait" es una expresión que los críticos anglos utilizan para describir aquellas películas que, allá todavía por la primavera, parecen ser las apuestas de los estudios correspondientes para la próxima edición de los Oscars. No es raro que sean biopics o que cuenten algún evento histórico importante, que estén protagonizadas por repartos muy respetados y que sean cintas sólidas y bien hechas (aquellas que más gustaban a los steak eaters, los miembros más conservadores de la academia). Tienen todas las factura de los grandes estudios, que prácticamente sólo financian estas películas más "adultas" de cara al Oscar, y no es raro que en algunos de los primeros festivales otoñales en los que se vean, reciban buenas críticas, y hasta algún que otro premio. Además, todavía hay otra circunstancia que las une, y es que en España no las vemos hasta el mes de enero, pues las distribuidoras se las guardan para utilizar las nominaciones a los Globos de Oro, y su condición de nominadas casi seguras al Oscar, para promocionarlas.

Cuando todo este cúmulo de circunstancias se aplica a una película como "The imitation game", quedan claramente expuestas las tendencias y las normas no escritas que rigen actualmente el cine. La cinta cuenta la historia del matemático Alan Turing centrándose, sobre todo, en su trabajo para la inteligencia británica, durante la Segunda Guerra Mundial, para descifrar el código de la máquina nazi Enigma. También se toca la faceta más trágica de su vida, a saber; su detención en los 50 por ser homosexual (lo que era un delito en Inglaterra hasta 1967) y su consiguiente suicidio, aunque es una parte de la película que ha recibido bastantes críticas por ser demasiado tímida. Curiosamente, aunque está distribuida y apoyada por The Weinstein Company, es una producción británica con un reparto más británico que el té con scones al frente, y liderada por el actual hombre de moda en Hollywood, Benedict Cumberbatch. Es básicamente "El discurso del rey" de este año, un genuino crowd pleaser bien hecho del que resulta sumamente curioso que en España se piense que no puede triunfar en cine si no es con el marchamo del Oscar rondándola (en el Reino Unido se estrenó en octubre, creo, y en Estados Unidos, en noviembre).

"The imitation game" es una cinta que está hecha no para ganar Oscars, sino para llegar al público más amplio posible, pero que desde que se anunció su rodaje se le colgara la etiqueta de Oscar bait termina coloreando no sólo nuestra percepción sobre ella, sino toda la promoción a su alrededor, y las expectativas de los críticos. Ciertamente, es una película de las que gustan en la Academia de Hollywood y de las que Harvey Weinstein sabe cómo promocionar para que adquiera una estatura mayor de la que le corresponde. Lo cierto es que el desciframiento de Enigma y el lado de espionaje que aparece intermitentemente está bien manejado, y todo el reparto raya a un muy bien nivel. No sólo Cumberbatch destaca, sino que Keira Knightley compone una secundaria muy resultona, mientras Matthew Goode y Mark Strong roban las escenas en las que están (como Charles "mirada de acero" Dance). La sesión doble con "Enigma", que era más un thriller de espías, puede ser bastante interesante.

08 enero 2015

Peggy Bristow

A veces, hay personajes que sí merecen tener su propio spin off. Tomemos por caso a Jack Harkness, el carismático timador que el Doctor y Rose se encuentran en el Londres de la Segunda Guerra Mundial, y que dejó tal huella entre los espectadores de “Doctor Who”, que se le concedió su propia serie, “Torchwood”, una en la que era el gran protagonista pero también lo veíamos más circunspecto que en su serie madre. Con la afición por los Universos Expandidos (y entrelazados) de Marvel, era raro que no intentaran un spin off de verdad de una de sus películas en formato serie. Sí, “Agents of SHIELD” es el vehículo para Phil Coulson, introducido en “Iron Man” y presente en todas las películas del estudio hasta “Los Vengadores”, pero es Peggy Carter la que realmente está protagonizando un spin off de verdad para ella sola.

Carter es la agente que ayuda a Steve Rogers a convertirse en un héroe en “Capitán América”, y la impresión que dejó el personaje (y su intérprete, Hayley Atwell) entre el público fue bastante más fuerte de la que, tal vez, esperaban sus responsables. Y eso que Carter no es un personaje creado para el cine, como Coulson, sino que aparecía al lado del Capitán en sus primeros cómics. Sin embargo, su resolución y su carisma, y la historia de amor de trágico final que comparte con Rogers, ayudaban a enriquecer la película y convirtieron a la agente de SSR (el antecedente de SHIELD) en una favorita del público. Así que los de Marvel decidieron probar con ella el mismo camino que acabaría llevando a “Agents of SHIELD”; produjeron un corto de quince minutos como extra del lanzamiento en DVD de ese año (en su caso, “Iron Man 3”) que podía funcionar como un pequeño piloto para una serie centrada en las aventuras de Carter luchando contra los primeros enemigos de SSR de la posguerra.

Aquel corto dejaba claro que Hayley Atwell podía sostener ella sola una serie y que las peripecias de Peggy Carter podían resultar sumamente entretenidas si mantenían el aire a serial de los 40 (pasado por el filtro de Indiana Jones, que se inspiraba en ellos) que tenían en aquel “One Shot”. Visto el resultado de los dos primeros capítulos de “Agent Carter”, todos los implicados han mantenido lo que hacía funcionar el corto y lo han ampliado y complicado hasta cierto punto, de tal modo que dé para ocho capítulos que podrían tener segunda temporada si la audiencia responde como hizo en su estreno. Peggy intenta encontrar su hueco en un empleo en el que los hombres que volvían de la guerra la apartan a puestos en los que, básicamente, lo único que hace es coger el teléfono, y aprovecha la oportunidad que le presenta Howard Stark de buscar los peligrosos inventos que alguien ha robado de su cámara secreta.

Hay una organización malvada y misteriosa, Leviatán (y que parece que proceda del universo paralelo de “Fringe” por la forma que tienen sus agentes de comunicarse con sus jefes), hay aparatos capaces de cosas increíbles y muy peligrosas, hay oficiales de SSR bien intencionados, pero que no tienen la visión de todo el panorama de Peggy, hay unos guiños hacia la época sumamente divertidos, como ese serial radiofónico, y luego están la propia Peggy y Edwin Jarvis, el mayordomo de Stark. Forman el dúo superhéroe-ayudante cuya dinámica debe resultarnos entretenida para volver semana a semana, y Atwell y James D’Arcy justifican cualquier pequeña discusión sobre macguffins tan evidentes como las bombas de vita-radiación. Carter y Jarvis, además, son quintaesencialmente ingleses en medio de todos esos americanos; no se perturban por nada y siempre cumplen su cometido, y al final se toman un té. Casi todas las críticas aparecidas en Estados Unidos destacan el gran carisma y la presencia de Atwell en el papel, capaz de ser dura y resolutiva, vulnerable y de pasarse a la comedia en un parpadeo.

Ella tiene buena parte de la culpa de que el inicio de “Agent Carter” prometa diversión ochentera y, además, el equipo detrás de las dos películas de “Capitán América” está muy implicado en la serie (aunque sus showrunners son Tara Butters y Michelle Fazekas, creadoras de “Reaper”). Tiene una idea mucho más clara de lo que quiere ser que “Agents of SHIELD” cuando empezó, sobre todo aplicando ese sentido de la diversión que anima a varias de las películas más exitosas de Marvel y que, hasta ahora, estaba desaparecido de su encarnación televisiva. Y sí, como decían sus dos responsables, “Agent Carter” es “Alias” en 1946. Nunca sobra ver en acción a otra heredera de Sydney Bristow.