31 marzo 2009

El baúl de los recuerdos

Uno de los aspectos en los que hay que mentalizarse al enfrentarse a una serie con más de 10 años es en las pintas de los actores. La "Star Trek" original no puede negar que fue rodada en los 60, con esas minifaldas a lo Twiggy y esos peinados de "quinto Beatle". Las tramas de muchas de ellas pueden haber envejecido con mayor o menor dignidad (o mostrar claramente que son hijas de su tiempo, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión), pero el look resiste peor el paso del tiempo, sobre todo en cualquier aspecto relacionado con el vestuario.

Por un comentario de Elena y mi próximo revisionado de "Twin Peaks", han empezado a surgir imágenes de esos modelazos que, en su época, causaban furor (o no tanto), y que ahora se califican piadosamente como vintage, por no colgarles a alguno directamente la etiqueta de hortera, algo que Don Johnson en "Corrupción en Miami" era ya en los 80 (los trajes brillantes de Phillip Michael Thomas también se las traían). Viendo la primera temporada de "Friends", por ejemplo, cuesta creer que el peinado de Rachel fuera de lo más solicitado en las peluquerías yanquis, y la cabellera más vigilada de la tele hasta que Keri Russell se cortó el pelo en "Felicity". No es tan impactante como los modelos de Cybill Shepherd y Bruce Willis en "Luz de luna", o los trajes que la pobre Scully tiene que soportar durante yo diría que prácticamente cuatro temporadas de "Expediente X". Vale que había que hacer parecer mayor a Gillian Anderson, pero aquello era un castigo.

Pero para tendencias extrañas de moda, el conjunto vestido-botas militares de Brenda Walsh. Tampoco "Sensación de vivir" podía negar que era de los 90. Es que hicieron mucho daño.

P.D.: Ya que el título de la entrada viene de esta canción de Karina, y que la ABC estrena su remake de "Cupid", alguien debería enviarle a Rob Thomas otra canción de Karina para que la usen en los títulos de crédito, "Las flechas del amor".

30 marzo 2009

El omnipresente Munch

En mi revisionado de la quinta temporada de "Expediente X", me he topado con uno de los personajes más utilizados de la historia de la televisión estadounidense: el detective John Munch. Interpretado por Richard Belzer, ostenta el récord en cuanto a apariciones en diferentes series (ocho) en cadenas distintas (cuatro), y en el caso de "Expediente X" es sólo un pequeño cameo interrogando a Byers en "The unsual suspects", un episodio que nos cuenta cómo los Pistoleros Solitarios conocieron a Mulder.

Nuestro amigo Munch "nació" en la serie "Homicidio", basada en un libro de David Simon, creador de "The Wire", que seguía a un grupo de policías de Baltimore. Su crossover con "Expediente X" no es el único que la serie hizo con otros programas, porque los tuvo hasta en tres ocasiones con "Ley y orden" y con "Chicago Hope". Tal vez por eso, cuando "Homicidio" terminó, en 1999, Munch se mudó a Nueva York y pasó a formar parte del elenco de "Ley y Orden: UVE", donde todavía forma una peculiar pareja con el personaje que interpreta Ice-T. Pero sus mudanzas no acabaron ahí, porque esa cara tan inconfundible se ha asomado por la serie policíaca de UPN, "The beat" (por la que andaba un joven Mark Ruffalo), por "Law & Order: Trial by jury" (la única de las franquicias que se estrelló estrepitosamente), uno de los últimos episodios de "The Wire" e, incluso, en "Arrested Development". Ahora se rumorea que podría saltar el Atlántico y aparecer en alguna de las franquicias europeas de la serie, bien "Paris Enquêtes Criminelles" o "Law & Order UK".

Casi todas estas apariciones se deben a los contactos entre los creadores de las series o a bromas privadas. No pueden llamarse más que cameos en bastantes ocasiones, como aquél que George Clooney y Noah Wyle hicieron en "Friends", haciendo de médicos, pero obviando los nombres de Ross y Carter, sus personajes en "Urgencias".

29 marzo 2009

Dios está en los detalles

"El buen dios está en los detalles". Es una frase que se atribuye a Gustave Flaubert y que luego hizo aún más conocida el arquitecto Mies Van Der Rohe. En ambos casos, se refiere a que es en esos detalles donde está la posibilidad de hacer algo diferente, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades. Estos días me he dado un verdadero maratón de series de policías (incluyendo "Red Riding", que es otra cosa muy diferente, y de la que ya hablaremos cuando la termine), de las que me suena que ya dijimos que, en parte, son todas prácticamente iguales. Sólo son esos pequeños y elusivos detalles las que pueden "salvarlas" y diferenciarlas del resto del grupo o, al menos engancharte para que sigas viéndolas.

"Law & Order UK" está resultando un transplante bastante fiel de la "Ley y orden" original a las calles de Londres. Tiene sus alusiones locales (al West Ham United o al gobierno de Margaret Thatcher), pero viene a ser una digna heredera de la serie de la NBC. Le vendría bien un poco de personalidad propia, pero por ahora, no está mal. Apenas hay banda sonora, está rodada cámara en mano y, muchas veces, en la calle, y sí ha logrado que los tres policías sean mucho más entretenidos que los fiscales. De hecho, éstos están mejor cuando interaccionan de algún modo con los policías, incluyendo ligerísimas insinuaciones del personaje de Jamie Bamber al de Freema Agyeman. Pero en esta serie lo que importa es el caso y, aunque no lo parezca, cómo afecta a los acusados, a los testigos, incluso a veces a los propios implicados en su resolución. "Law & Order UK" sería el policía by the book, el que siempre sigue las reglas de esas clásicas parejas de investigadores en los que uno es serio y el otro excéntrico.

"Castle" intenta ser ese compañero peculiar, lo mismo que "El mentalista", pero falla justo en la parte en la que el procedimental de la CBS ha acertado; en los secundarios, y más concretamente, en el equipo que trabaja con la policía protagonista. Aunque ninguna de las dos puede evitar los deja vu hacia otras series. La relación entre Beckett y Castle quiere, y no puede, ser como la de Brennan y Booth en "Bones", y la niñera encontrada en la lavadora de hace dos semanas bien podría haber sido uno de esos asesinatos en sitios peculiares que se han convertido en la especialidad de "Life". Del mismo modo, el cadáver que cae del cielo en medio del desierto en el último capítulo de "El mentalista" era muy "CSI" (sólo que ellos encontraron un buceador encima de un árbol, pero tampoco vamos a ponernos quisquillosos). Éstos han conseguido que las interacciones entre los investigadores del CBI sean mucho más entretenidas que al principio, incluso la relación entre Jane y Lisbon es menos fría que antes (aunque Robin Tunney siga siendo muy sosa), y se han sacado la manga la situación más divertida de seguir; el "quiero y no puedo" (will-they-won't-they, dicen los yanquis) entre Rigsby y Van Pelt. Ahí está la TSNR de esta serie.

Respecto a "Castle", soy fan de su madre y de su hija, por muy arquetípicas que sean con sus papeles intercambiados, y Beckett sigue sin convencerme. Es una serie totalmente inocua, más divertida en estos siguientes episodios que en el piloto, pero por esa cualidad de 27% de Nathan Fillion. No acabo de ver la pareja que forman Fillion y Stana Katic y, como he dicho, sus dos compañeros a veces son demasiado cabezas-cuadradas hasta para ser policías. A Fillion le pasa un poco como le ocurría a Damian Lewis al principio de "Life", que él era toda la serie. Ahora, es inconcebible ver a Crews sin Reese (SPOILER: Otra que, como Olivia en "Fringe", acaba de ser scullyeada. No hay mejor manera de ocultar un embarazo que un secuestro, ¿eh?).

Dicho todo esto, tampoco es un secreto que, para mí, la mejor serie de policías actual es "The Closer", pero hasta el mes de junio no empezará la quinta temporada. Ésta sí que exprime bien ese "Dios está en los detalles".

P.D.: No he podido resistirme. La foto corresponde al coche que Patrick Jane conduce, un Citroën DS21, también conocido como "tiburón". Es coche de mal de James Bond, ¿o no?

Música de la semana: El último episodio de "Perdidos" nos enseñó a Oldham, el torturador residente de la Iniciativa Dharma en 1977. Su apellido, por cierto, puede referirse a un buen montón de cosas; desde músicos, a una ciudad industrial del norte de Inglaterra, un condado de Texas o una empresa de productos químicos. Hay quien cree que, no obstante, hace referencia a Will Oldham, más conocido como Bonnie "Prince" Billy, un actor y cantautor estadounidense. Pero no va a ser su música la que elijamos, sino "I can't give you anything but love", el standard de jazz, en versión de Billie Holliday, que Oldham escucha cuando Horace y su grupo le llevan a Sayid.