24 noviembre 2016

Una ametralladora de palabras


Cuando se estrenó "Bunheads", la serie que Amy Sherman-Palladino hizo para Freeform (entonces, ABC Family) sobre una escuela de danza en un pueblo de California, aparecieron algunos artículos en webs estadounidenses que comentaban una de las características más destacadas de la escritura tanto de esa serie como de "Las chicas Gilmore": la velocidad a la que hablan sus protagonistas. Lo hacían apuntando que, en esas series, que Lorelai o Michelle hablaran a mil por hora, encadenando referencias variadas, chistes y diferentes ideas, aparentemente contradictorias, no sólo era una decisión estilística, sino que aportaba un punto de vista sobre sus personajes. Todos ellos hablaban tanto para, paradójicamente, evitar las conversaciones que no querían tener.

Las cenas de los viernes en casa de Richard y Emily Gilmore adquieren una nueva dimensión vistas desde esa óptica. La propia Emily acusa en numerosas ocasiones a su hija de desviar la conversación con sus bromas ingeniosas, y así posponer la charla con su madre que sabe que, con toda probabilidad, acabará en reproches, pero la matriarca Gilmore también utiliza la misma táctica cada vez que, por ejemplo, entra en liza la Lorelai original, que es la madre de Richard. Y Rory evita igualmente hablar con su madre de Logan. La verborrea sin control es un arma defensiva.

Eso es en las historias de Amy Sherman-Palladino (en las que, por lo tanto, cualquier silencio o pausa acaba siendo mucho más relevante), pero no es la única cuyos personajes hablan a la velocidad del rayo. Lo hacen los de Aaron Sorkin (algo que está destilado en su esencia en la escena inicial de "La red social") como signo de la velocidad a la que trabajan sus cerebros, y lo hacían los personajes de "Pushing daisies", de Bryan Fuller, más como una opción de estilo que otra cosa. En aquella serie no había nada dejado al azar, ni los colores de los decorados ni los vestuarios ni, por supuesto, los diálogos, que no sólo llevaban una velocidad notable y constante, sino que estaban trufados de juegos y combinaciones de palabras que estaban ahí sólo porque sonaban bonitos, del mismo modo que se optaba por algunos encuadres sólo porque resultaba placentero verlos.

De hecho, a veces no se presta suficiente atención al sonido de los diálogos y a cómo contribuye a crear la atmósfera de la serie. Los insultos de Al Swearengen y los especiales giros que utilizaban los personajes de "Deadwood" resultaban fundamentales en la construcción de su mundo, del mismo modo que lo hacía la ininteligible jerga de las calles de Baltimore en "The Wire" o la mezcla de inglés y español de algunos de los personajes portorriqueños de "The get down", por ejemplo. Si las Gilmore no hablaran como si las acabaran de sacar de una película de Howard Hawks, no serían las Gilmore.

22 noviembre 2016

Las extrañas parejas de detectives


Hay un gran cliché en las series de televisión que giran alrededor de la resolución de misterios, y es que sus protagonistas suelen ser genios excéntricos y peculiares. En El País hacen hoy un repaso por esos personajes y resulta realmente curioso darse cuenta de la gran cantidad de investigadores un poco peculiares, por decirlo de algún modo, que las protagonizan, casi todos siguiendo el molde de Sherlock Holmes, su misantropía y drogadicción (y llevando el extremo al personaje de Conan Doyle, que no es tan excéntrico como los retratos que hacen de él Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller, por ejemplo). Parece que si no hay un tipo como el Vincent D'Onofrio de 'Ley y orden: Acción Criminal' (o como Hercule Poirot, que usaba sus peculiaridades de extranjero en Inglaterra a su favor), la serie no llama la atención de nadie.

Lo que es todavía más curioso, y es algo que ya hemos comentado otras veces, es la tendencia a que ese investigador estrafalario tenga una compañera que es la seria, la que teóricamente tiene que controlar sus tendencias más alocadas. El caso más extremo podía ser el de "Monk" con sus cuidadoras, pero ese dúo está presente hasta en "Expediente X", donde Mulder y Scully se repartían los papeles del creyente (el excéntrico) y la escéptica (la seria). Pensad en cualquier procedimental actual protagonizado por un hombre y una mujer y encontraréis, casi con total seguridad, un ejemplo de estas extrañas parejas. Quizás sólo se salte la norma "Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales", porque los detectives Benson y Stabler eran igualmente intensos.

"Life", "Castle", "El mentalista", la ya mencionada "Ley y orden: Acción Criminal" (donde D'Onofrio y Jeff Goldblum estuvieron emparejados con Kathryn Erbe y Julianne Nicholson), "Perception", "Elementary", "Monk" ... Ésas pueden ser las series más mencionadas al comentar esta tendencia, y de vez en cuando se da la circunstancia inversa, con ellas como las "raras" y ellos como los profesionales, tipo "Bones" o hasta "In plain sight", donde se cambiaban las excentricidades por una personalidad muy marcada. Las variaciones de estas series de casos con una pareja protagonista (que también puede ser del mismo sexo, y no tiene por qué tener subtexto romántico) son, aunque no lo parezca, muy numerosas, porque si no se sigue el molde de Holmes, se puede seguir el de "Arma letal", por ejemplo, y personajes excéntricos pueden crearse muchos.

El truco, como en todo, está en la ejecución. "Life", por ejemplo, le dio a sus protagonistas más matices, algo que "El mentalista" nunca supo hacer del todo con Theresa Lisbon, o se optaba por el humor más abierto de las primeras temporadas de "Bones". Puede parecer un recurso un poco facilón entregar el protagonismo de un procedimental a un hombre excéntrico y a una mujer seria (y lo es, en parte), pero la cuestión está en ver cómo evolucionan ambos personajes, y si los misterios que resuelven realmente están a la altura del gran intelecto (o supuesto gran intelecto) del genio.

20 noviembre 2016

Diez cabeceras de 2016

Por estos lares hemos arrancado los resúmenes de 2016 un poco antes de lo previsto, todavía en noviembre, pero así no llegamos a diciembre hartos de haber leído la enésima lista de los mejores pasos a publicidad del año, o lo que sea. Hace unos días repasamos ocho dúos seriéfilos memorables, y ahora  llega el turno de las cabeceras, que es uno de mis repasos favoritos. En verano ya hicimos una preselección de cuatro secuencias iniciales (con "22/11/63", "El infiltrado", "Las crónicas de Shannara" y "Vinyl"), así que las vamos a dejar fuera de esta lista. Porque hay material de sobra para elegir esas diez.

"Westworld"



La primera tenía que ser, claramente, la de la adaptación de HBO de la película de Michael Crichton de los años 70. La música corre a cargo de Ramin Djawadi, que ya colaboró con Jonathan Nolan en "Person of interest", y en la secuencia vemos la construcción de los robots del parque. Y alguna que otra pista de cosas que iremos viendo en los episodios.

"Luke Cage"



El aire de la blaxpoitation de los 70 y la ambientación en Harlem quedan perfectamente reflejados en la cabecera de "Luke Cage", dominada por un tono dorado que se traslada a la misma serie. Los responsables de la banda sonora, con algún toque también de hip-hop, son Adrian Younge y Ali Shaheed Muhammad, de la banda A Tribe Called Quest.

"The night of"



El remake de HBO de la británica "Criminal justice" ha tenido una concepción accidentada (tendría que haber sido la primera serie de James Gandolfini después de "Los Soprano", pero murió poco después de rodar el piloto), pero su emisión en verano convenció a buena parte de la crítica. Su cabecera, con música de Jeff Russo, repasa los elementos de ese asesinato por el que es detenido un chico que no recuerda nada de aquella noche.

"Stranger things"



El homenaje al cine fantástico de los 80 de esta serie de Netflix está muy presente ya en sus títulos de crédito, sobre todo de las películas de John Carpenter y, en concreto, de "La cosa". Los encargados de la banda sonora son Kyle Dixon y Michael Stein, miembros de una banda de música electrónica llamada S U R V I V E.

"The Crown"



Que Netflix no ha reparado en gastos en su serie sobre el principio del reinado de Isabel II de Inglaterra se nota directamente en sus títulos de crédito, con música solemne de Hans Zimmer. Los créditos, además, muestran el engarzado de la corona en cuestión.


"The young Pope"



La cabecera de "The young Pope" ya deja muy claro que la serie no es, en absoluto, lo que podríamos esperar, con esa estrella de Belén que se convierte en meteorito según el Papa pasa por delante de todos esos cuadros. La sintonía es una versión instrumental de "All along the watchtower" de Devlin.

"Preacher"



Dave Porter, encargado de la música de la serie de AMC, le da al tema principal de "Preacher" un tono de música country y religiosa que es la mezcla perfecta para el personaje de Jesse Custer, con imágenes muy específicas para cada uno de los nombres de los actores. Es breve, pero efectiva.

"Paquita Salas"



La sorpresa en España la ha dado "Paquita Salas", la comedia de Flooxer sobre una representante de actores en horas bajas. Su cabecera, con una canción de Alberto Jiménez (de Miss Cafeína), recuerda esa época dorada de los 90 para Paquita, con los programas de variedades de Antena 3 y los Goya.

"Nobel"



Esta serie noruega sobre hasta dónde se puede llegar para conseguir la paz (por métodos militares) tiene una cabecera muy sugerente cuya canción, "The sea", es obra de ARY, una de las principales promesas de la escena musical del país escandinavo.

"Crazy ex-girlfriend"



Como la segunda temporada tiene a Rebecca Bunch en otra situación diferente, la serie ha cambiado su sintonía hacia algo más de musical de Busby Berkeley, y que demuestra el talento de Rachel Bloom y compañía para extraer chistes y comentarios sobre sus personajes con sus canciones.

Se han quedado fuera, porque no estaban disponibles, las cabeceras de "Queen Sugar", la serie de Ava DuVernay (con un tema de Meshell Ndegeocello que también ha sonado en "Black Mirror"), y de "Marte", la docuserie de National Geographic sobre la exploración del planeta rojo, compuesta por Nick Cave y Warren Ellis.

Música de la semana: La era del Peak TV lleva a que haya un montón de series que renuevan por nuevas temporadas sin que hayamos oído nunca hablar de ellas. Una bien puede ser "Berlin Station", de EPIX, serie de espías en Berlín que utiliza de sintonía una canción que bien puede ser de las mejor elegidas este año: "I'm afraid of americans", de David Bowie.