30 julio 2009

La paciencia es la madre de la ciencia

¿Qué pasa si sufres "pilotitis" aguda y abandonas una serie sólo con ver el piloto, o dos capítulos más? No vale que digáis que, si es muy mala, son horas de tu vida que recuperas (como dijo Lorelai Gilmore después de ver "Magnolia", devolvedme estas tres horas de mi vida. Disiento, pero es bueno). La paciencia (y la curiosidad, pero de eso ya hablaremos otro día) debería ser inherente a todo teligioso de pro. Si algo no nos horroriza desde el principio, no hay manera de saber si se convertirá en nuestra nueva serie favorita si no continuamos con ella durante varios episodios. Para algunas hace falta mucha paciencia (como cuando te dicen que necesitas dos temporadas para pillarle el truco a "The Office", aunque las primeras sean cortas) y otras te enganchan desde la parrilla de salida. Pero ésas son las menos. Si yo hubiera abandonado "Galáctica" después del cuarto capítulo (por entonces no me enganchaba demasiado), me habría perdido una de las mejores experiencias televisivas de los últimos años. Pero cuatro episodios fueron mi límite en "Journeyman", y mucho me temo que en "Southland" (no porque me parezca mala, que no lo es, pero curiosamente la encuentro vacía, para mí le falta algo, no sé bien qué).

Si dejas "Doctor Who" tras esos maniquíes asesinos con los que se presenta el Noveno Doctor, te pierdes una montaña rusa de diversión, de un personaje principal simplemente sensacional (¡fantástico!, que diría Nueve) y de algunos estupendos capítulos de ciencia ficción, fijos en la lista de premiados de los Hugo. Veo que "Bones" se ha convertido en otra de las series del verano para algunos blogueros, y ésta es otra que recompensa tu paciencia, pasando de una primera temporada más "procedimental", si queréis, a otras mucho más centrada en la comedia y los personajes. La importancia de los casos es inversamente proporcional a lo divertida que se vuelve la serie. Su compañera de los jueves por la noche en la parrilla de Fox, "Fringe", compensa que aguantes con ella hasta el octavo o noveno episodio, cuando de repente la historia se vuelve interesante y Walter no es lo único personaje que merece la pena (al final, hasta me hice fan de la sufrida Astrid).

No todas pertenecen a ese reducto de los most improved players. Conforme ves capítulos de "The Closer" o "Medium", empiezas a pillar detallitos y pequeñas cosas entre sus personajes que te van haciendo volver cada semana, y esas dos llevan un nivel bastante consistente desde sus inicios. Aunque la NBC acabó cancelándola, mantenerse fiel a "Life" durante la primera temporada te regalaba luego una segunda mucho mejor, y aguantar algunos de los primeros episodios de "Cómo conocí a vuestra madre" sirve para que entres después en un sitio del que no quieres salir. Hay un montón de casos en los que tener paciencia con una serie luego tiene su recompensa ("Babylon 5" es otra. Hay que seguir hasta la mitad de la primera temporada para empezar a detectar que esto puede ser algo más). Y cuando no, siempre podrás despotricar de ella con conocimiento de causa.

P.D.: ¿Que por qué está ahí esa foto de "Bones"? Porque Stephen Fry es grande y el doctor Gordon Wyatt mola. Punto.

29 julio 2009

Pizarras sin borrar

ALERTA SPOILERS: Hace tiempo que terminó la primera temporada de "Dollhouse" pero, por si acaso, debo avisar de que os dejéis esta entrada para otro momento si no sabéis aún quién es Alfa y qué pinta el White Label en todo esto.

Es curioso que, en apenas un año, vayan a coincidir varias series con conflictos de identidad en el centro de sus personajes y de sus tramas. A los cylones de "Galáctica" y la realidad virtual de "Caprica" se les unen las muñecas de "Dollhouse" y su lento despertar a la propia identidad, al descubrimiento de que son un individuo único y diferente de todos los demás (lo que nos diferencia a los humanos de otras especies animales). Incluso con la treintena de personalidades implantadas a la vez, Echo sabe que sólo ella es Echo. El proceso de descubrimiento de los activos, que ocurre a pesar de los esfuerzos de Topher por mantenerlos como tabulas rasas, no es demasiado diferente de la manera en que las copias genéricas de un determinado modelo cylon iban diferenciándose unas de otras por sus experiencias.

El último episodio de la primera temporada (sin contar "Epitaph One", rodado para el lanzamiento en DVD y que yo aún no he podido ver) daría para sesudas discusiones filosóficas, y no sólo sobre el Übermensch de Nietzsche que Alfa trae a colación durante su discusión con Echo. También se podría discutir sobre si la personalidad es innata o se desarrolla con el tiempo, aprovechando la afirmación de Ballard de que, por mucho que les borren, los muñecos siempre guardarán "residuos" de lo que eran originalmente. Carl Craft era un psicópata, así que esas tendencias estaban latentes en Alfa. Pero tampoco vamos a sacarnos una nueva versión de "El mundo de Sofía". Lo interesante de este final de temporada son las posibilidades que abre para la segunda.

En Alfa, que sigue libre, se personifican todas las maldades que se podrían hacer con la tecnología de las muñecas, desde crear esos seres superiores con los que él está obsesionado a verdaderos ejércitos de soldados esclavos con unas habilidades increíbles. Sus propósitos no son sólo destruir Dollhouse, sino que su psicopatía lo lleva más allá, en camino de convertirse en un archienemigo megalómano de cómic. Por otro lado, tenemos oportunidad de descubrir que, efectivamente, los muñecos tienen oportunidad de salir de allí una vez cumplan su contrato, y que los que tienen algún problema pueden reutilizarse, como ocurrió con Whiskey tras el incidente con Alfa. Lo que lleva a preguntarse por qué Whiskey fue implantada con la personalidad del doctor Saunders, en lugar de ser liberada. ¿Quién era ella en un principio? ¿Y qué pasó con el doctor Saunders original?

Aún tiene que recorrer camino hasta ser la serie que nos vendieron en un principio, o que tiene potencial para ser, pero la mejora que se evidenció desde la mitad de la temporada invita a ser optimista de cara a esa segunda entrega que Fox le concedió en uno de los movimientos más inesperados de la primavera televisiva. Me intriga el papel qué va a desarrollar Ballard en todo esto, y qué va a hacer Echo ahora que, por fin, se acuerda de Caroline. Como se dice al principio de la serie, una pizarra nunca puede borrarse completamente.

28 julio 2009

Un consejo: no des consejos

Es inevitable. Alguien tiene siempre que hacer esa temida pregunta: ¿Qué serie me recomiendas que vea ahora que he terminado "Los Soprano", o que me he puesto al día con "Perdidos", por ejemplo? O ésta otra, que a mí casi me da más pánico: ¿Me recomiendas que vea "Dollhouse", o cualquier otra serie muy comentada en la blogosfera que se os ocurra? Últimamente, los temblores entran en cuanto alguien quiere saber si "Torchwood" merece la pena. ¿Cómo convencerlo de que le puede gustar si tiene paciencia con una primera temporada que "The Guardian" apodó "Torch Ed Wood", no sin razón? El episodio de la Cibermujer es, desde luego, su punto más bajo, pero otros como "Small worlds" y sus hadas (y Jack y Gwen en el mejor estilo Mulder y Scully), o "Ghost machine" y esa máquina que permite "ver" fantasmas, o "Random shoes" y cómo lo vemos todo desde el punto de vista del muerto, permiten ser un poco optimistas y aguantar hasta la segunda temporada, en la que el asunto mejora bastante (y llegar a la tercera, que es la que de verdad ha dado el salto de lo que "Torchwood" puede ser).

Seguramente, que te digan que tengas paciencia con una serie puede ser el prolegómeno de un aburrimiento total. O no. Al fin y al cabo, con todas las series hay que aguantar unos cuantos capítulos para decidir si nos convence. Flechazos como el del piloto de "Perdidos" o de "Verónica Mars" se dan muy de cuando en cuando. Con esa última serie, por ejemplo, era habitual que los fans nos preguntáramos cómo podíamos convencer a la gente de que la viera. La definición más acertada era compararla con un Philip Marlowe adolescente y en femenino, o ése era el lado de la serie que a mí más me gustaba, porque incluía las chandlerianas réplicas sarcásticas que eran la marca de la casa de Verónica.

Aconsejar ver cualquier serie tiene el riesgo de que la recomendación se vuelva contra tí, y te echen en cara que se han tragado un bodrio sólo porque tú has dicho que estaba bien. Ahí no se puede hacer nada. "Galáctica" está, para mí, por encima de "Perdidos", pero comprendo que hay quien no le ve ningún interés. Yo no le pillo el punto a "The Big Bang theory", por mucho que todos la recomendeis, y yo puedo pensar que "Burn notice" es divertida y muy entretenida, pero a otros les puede espantar. De todo tiene que haber bajo la sombra de la estatua, ¿no?