20 abril 2014

El espíritu de los Coen

Las adaptaciones a televisión de películas de cierto éxito se está convirtiendo en una plaga. El estudio Paramount resucita su división de ficción televisiva trabajando en series de "El show de Truman" y "Ghost", y parece que cualquier canal dispuesto a lanzarse a la arena de las series de producción propia juega sobre seguro haciendo su reimaginación de alguna película conocida. Esto no es nuevo, ahí estaba aquella sitcom de "Armas de mujer" protagonizada por Sandra Bullock o, ya que hablamos de ella, la adaptación de "La red" con Brooke Langton, pero es cierto que da la sensación de que, ahora, está llegando un punto de saturación con todos estos proyectos. En medio de este clima, que FX anunciara que su nuevo canal FXX iba a emitir una adaptación al formato miniserie de "Fargo", película de los hermanos Coen de 1996, fue recibido con escepticismo, por decirlo finamente. ¿Qué necesidad había de hacerlo? ¿Se iban a limitar a contar otra vez la historia de Jerry Lundegaard, los patosos matones a los que encarga un trabajo y el sentido común a prueba de bombas de la policía Marge Gunderson?

A veces, lo que ocurre es que, una vez que se estrenan y que los críticos tienen ocasión de ver más episodios, los prejuicios se van volando y lo que queda es lo que el guionista Noah Hawley ha hecho con el material y con la bendición de Ethan y Joel Coen, y eso es una miniserie que puede ser realmente interesante. Hawley, ex guionista de "Bones" y creador de una comedia policiaca tan peculiar como "The Unusuals", se impregna por completo del espíritu y el tono no sólo de "Fargo", sino hasta de "Sangre fácil" y "No es país para viejos", presentando a gente como Lester Nygaard, el apocado y frustrado vendedor de seguros que va acumulando desprecios y desgracias hasta que ya no puede más, o ese hallazgo que es Lorne Malvo, un asesino a sueldo al que le gusta sembrar pequeñas semillas de caos entre la gente, sólo para ver qué ocurre. Como él sabe muy bien, la gente que no tiene demasiadas luces siempre termina recurriendo a la violencia y, además, se vuelven totalmente imprevisibles.

Esos criminales tirando a estúpidos son unas de las marcas de la casa de los Coen, y esta "Fargo" va a utilizar también esas sangrientas consecuencias que tienen los actos de esas personas. Nygaard no es idiota, pero sí es un tipo muy gris y con pocos recursos, alguien que se cansa de que todo el mundo lo subestime, pero que no está preparado para tomar la iniciativa. Martin Freeman es una gran elección de casting para él, del mismo modo que lo es Billy Bob Thornton para ese Lorne (que parece una versión menos psicópata de Anton Chigurh). Será interesante ver cómo hace suyo la debutante Allison Tolman el papel de la policía cuyo aspecto y amabilidad generales no hacen sospechar que pueda ser una investigadora mucho más eficaz de lo que parece, pero sin perder nunca la calma. El primer episodio de "Fargo" aprovecha perfectamente las largas carreteras nevadas y aquella metáfora que usaba la película de que bajo el tranquilo exterior de la nieve blanca había todo tipo de pulsiones violentas teniendo lugar, y hasta mantiene el peculiar sentido del humor de los Coen, a veces bastante negro y siempre muy deadpan, como dicen los anglos.

Por cierto, que Billy Bob Thornton ha trabajado en un par de ocasiones con los hermanos, siendo la más destacada "El hombre que nunca estuvo allí", una cinta noir en blanco y negro en la que era el vivo retrato de Humphrey Bogart.

Música de la semana: Richard Shephard, director habitual de varios capítulos de "Girls", tiene una película protagonizada por Jude Law, y titulada "Dom Hemingway", que es una curiosa mezcla entre esas comedias criminales británicas que tanto éxito tuvieron a finales de los 90 y principios de los 2000, el indie estadounidense y el teatro, con unos monólogos a cargo de Dom que parecen escritos por un Shakespeare demente. No deja indiferente, y lo que sí tiene es una notable banda sonora, que se cierra con este "Debaser" de Pixies.

18 abril 2014

El excéntrico mundo de Bryan Fuller

Cuando el interés en la segunda temporada de "Héroes" empezó a decaer, los fans encontraron una posible razón para ello en la marcha de Bryan Fuller, que se había encargado de desarrollar el personaje de la animadora Claire y que había escrito "Company man", para algunos el mejor episodio no sólo de la primera entrega, sino de toda la serie. Fuller había dejado a las personas con habilidades especiales de Tim Kring para probar de nuevo suerte creando sus propias series, en este caso con "Pushing daisies", y cuando ésta fue cancelada, y se anunció que regresaría para la cuarta temporada, hubo quienes pensaron que "Héroes" podía remontar. Los problemas de esa serie eran más profundos para que la vuelta de un guionista fuera la panacea, pero esto nos sirve para introducir un poco la figura de este peculiar tipo, alguien que comenzó en Hollywood escribiendo para "Star Trek: Deep Space 9" y "Star Trek: Voyager" y que ahora tiene a la crítica a sus pies gracias a "Hannibal".

Esta serie es una aplicación al terror y lo macabro de todo su peculiar mundo, porque lo que no puede negarse es que Fuller posee un punto de vista muy personal. Sus series suelen poseer todas un estilo visual muy característico (incluso la fallida "Mockingbird Lane", de la que sólo se vio el piloto), y en ellas es habitual que se mezclen dramas familiares de toda clase y condición con toques de humor, a veces bastante negro, con planos bastante imaginativos para estar en televisión y con cierto interés por la muerte y, más en concreto, por las consecuencias que provoca en quienes siguien vivos. Tres de las creaciones de Fuller, de hecho, giran de un modo bastante central alrededor de la muerte. En "Tan muertos como yo", sus protagonistas se encargaban de recolectar las almas de los que iban a morir y las escoltaban en su paso al más allá; en "Pushing daisies", Ned tenía la habilidad de resucitar a cualquiera con sólo tocarlo, y de matarlos definitivamente si los tocaba por segunda vez, y en "Hannibal" se mete directamente en terreno de asesinos en serie cuyos crímenes a veces parecen más instalaciones artísticas de Damien Hirst.

Acercarse a  la primera serie que creó es de lo más curioso, porque ahí están ya todas las semillas de las características comunes a todos sus trabajos. Dicha serie era "Wonderfalls", y probablemente sea la más peculiar y "marciana", si queréis, de todas. Apenas duró cuatro episodios en la midseason de 2003/04 en Fox, y acabó ganándose cierto estatus de culto cuando salió editada en DVD, después de mucha campaña de sus pocos pero ruidosos fans. La serie está ambientada en las cataratas del Niágara y, en concreto, en una tienda de souvenirs en la que trabaja Jaye. una veinteañera licenciada en Filosofía por la prestigiosa universidad de Brown, pero que está en un momento de su vida más bien apático y cínico, más cerca de aquel "preferiría no hacerlo" de "Bartleby, el escribiente". Alrededor de Jaye se mueven su familia, su jefe en la tienda, sus amigos del bar cercano y, oh sí, las estatuas y peluches de animales de la tienda, que le hablan y le convencen para que ayude a otras personas.

Si suena "raro" es porque lo es, y porque el tono de "Wonderfalls", más cercano a "Pushing daisies" pero sin canciones ni romanticismo, es bastante excéntrico. No obstante, superada la primera toma de contacto, resulta una serie divertida anclada en una estupenda interpretación de Caroline Dhavernas, con la que Fuller ha vuelto a contar enh "Hannibal". Ella da vida a Jaye en todo su cinismo, su inseguridad, su inteligencia, su incredulidad cuando las cosas empiezan a hablarle y también en su humanidad. Es un personaje que puede resultar complicado porque su personalidad no es sencilla, pero tarda muy poco en convertirse en alguien del que queremos saber más cosas, queremos saber si finalmente averiguará qué hacer con su vida. Sólo son trece episodios, pero quizás por eso "Wonderfalls" es de esas series canceladas que se ha ganado más fans años después de su "muerte".

16 abril 2014

El hotel de los líos


Uno de los éxitos de taquilla más sorprendentes de la primavera en Estados Unidos es "El Gran Hotel Budapest", la última película de Wes Anderson. Se estrenó de for,a limitada el 7 de marzo en sólo cuatro cines, y recaudó más de 800.000 dólares ese primer fin de semana, teniendo la mayor media por sala. Al siguiente viernes, se exhibía en 66 salas, y volvió a tener la media por pantalla más alta (superando los 55.000 dólares). Para cuando llegó el día 28, cuando se estrenaba ya a nivel nacional, estaba entre las seis cintas más taquilleras de ese fin de semana (el mismo en el que se estrenó "Noé"), y seguía teniendo una altísima recaudación media por pantalla. Terminó marzo como la octava en taquilla, apenas tres millones de dólares por debajo de lo que había hecho "Need for speed", por ejemplo, que se había estrenado por todo lo alto el día 15, y ya ha superado los 100 millones de dólares de recaudación, de los que más de sesenta corresponden al mercado internacional. No se acerca aún a "Los Tenenbaums", que es la cinta más taquillera de Anderson, pero con "El Gran Hotel Budapest" y "Moonrise Kingdom", el cineasta ha vuelto a situarse en primera línea entre los realizadores estadounidenses.

Es curioso que tenga esa aceptación, teniendo en cuenta lo muy particular que son sus trabajos y, sobre todo, su sentido del humor. El tono de sus dos últimas películas oscila entre la ironía del moderneo, lo naíf, la nostalgia y algunas connotaciones bastantes serias, sobre todo en la historia de ese recepcionista de un elegante hotel de montaña en un ficticio país del este de Europa, durante la época de entreguerras. Gustave H. es muy eficiente, también es un playboy para las mujeres mayores adineradas que se alojan en el hotel, y vive anclado en una época de buenos modales y elegancia que ya no existe, arrasada por la intolerancia, la ignorancia y la maldad que representan tanto esos policías que piden documentación en la frontera, como el codicioso hijo de la viuda cuya muerte inicia toda la trama. Ésta es una mezcla de historia de policías y ladrones, comedia deadpan sutil y con un toque absurdo, historia de amor de juventud y, muy al fondo, un drama histórico ficticio (aunque no es difícil identificar qué región europea y qué guerra se está representando sin nombrarlas).

En los títulos de crédito finales se menciona que "El gran hotel Budapest" está basado en la vida y los escritos de Stefan Zweig, autor austríaco en el que se basó "Eyes Wide Shut", de Stanley Kubrick, y que fue uno de los de mayor éxito en el periodo de entreguerras. El ascenso de Hitler lo llevó a emigrar a Inglaterra y, más tarde, a América, donde acabó suicidándose en Brasil en 1942, incapaz de soportar más la situación de guerra y totalitarismo en la que había caído Europa. Esa inspiración se nota en la tristeza que aparece de vez en cuando por debajo de los tonos pastel y las simétricas composiciones de todos los planos, y también en ese traspaso de conocimientos de generación en generación que simbolizan los saltos temporales que abren y cierran la película. En realidad, "El gran hotel Budapest" gira más en torno a la narración de historias y al efecto que tienen en nosotros. El personaje de F. Murray Abraham y el propio Gustave H. impulsan la trama al contar sus recuerdos, de hecho. Y otra cosa por la que destaca mucho la cinta es por el estupendo nivel de su reparto, encabezado por un Ralph Fiennes inmenso.