02 mayo 2016

La cultura de los spoilers


La muerte de Chanquete en "Verano azul" no fue ninguna sorpresa para buena parte de los espectadores de la serie. Las revistas que hablaban de televisión en la época, a principios de los 80, adelantaron que el personaje de Antonio Ferrandis moría en el episodio que se emitía esa misma semana, buscando aprovechar el fenómeno para vender más ejemplares a aquellas personas demasiado devoradas por la curiosidad para esperar a ver el capítulo en cuestión. Era una versión primitiva del clickbait actual; di en un titular que Tyrion está muerto (que sólo es un ejemplo hipotético), que te garantizas un buen montón de visitas sólo porque estás hablando de "Juego de tronos".

La situación con esta serie, de hecho, está alcanzando niveles absurdos. Que la sexta temporada se haya separado, en su mayoría, de los libros de George R.R. Martin, y las especulaciones ridículas durante el otoño que intentaban averiguar si Jon Nieve estaba o no muerto por lo largo que llevara el pelo Kit Harington, han hecho que parezca haberse dado carta blanca para destripar en las redes sociales todos los episodios en cuanto se emiten (recordemos que, en España, Canal+ Series programa cada capítulo a las 3 de la madrugada, al mismo tiempo que su emisión en HBO en Estados Unidos). Y no sólo en las redes sociales. La semana pasada, bastantes tuiteros se quejaban de que les habían contado el giro final del primer capítulo en un programa radiofónico el lunes por la tarde. Con "Juego de tronos" hemos perdido todos los papeles.

En Magnet han publicado hoy un artículo precisamente sobre el viejo debate de los spoilers, sobre qué se considera como tal, cuánto tiempo hay que esperar antes de comentarlos libremente, si dar una noticia es también soltar un spoiler, de quién es la responsabilidad de que te los acabes "comiendo", si ser demasiado respetuosos con los spoilers no empobrece la conversación cultural sobre algunas series, o si ser denasiado libertinos con ellos no arruina la experiencia del visionado... Ese "no sabes nada, Jon Nieve" de Ygritte es aquí todavía más cierto de lo que lo era en la serie. Las normas de etiqueta en este asunto dependen de la serie, de con quién estemos hablando, dónde, de qué aspectos de la serie vamos a tocar, de multitud de cosas. ¿Es lícito, por ejemplo, publicar artículos sobre el síndrome de la lesbiana muerta con la foto de cierto personaje, por mucho que haga más de un mes que se emitiera su fallecimiento? ¿O es absurdo seguir protegiendo su identidad, sobre todo cuando se escribe sobre la falta de representación del colectivo en las series más mainstream?

Las reglas, si es que las hay, se establecen sobre la marcha y cambian con cada nuevo fenómeno pop, con cada nuevo tema favorito de los buscadores indiscriminados de clicks, con cada nueva polémica. Lo que está claro es que es diferente que, por ejemplo, yo cuente qué va a pasar en el episodio de la semana que viene de "Vis a vis" a que lo comente esa misma noche, después de su emisión. Una vez el capítulo se ha visto en televisión es cuando vienen los lloros y el rechinar de dientes.

Música de la semana: "Los 100" volvió a tirar de flashbacks la semana pasada y, además, optó por una versión de "Radioactive", de Imagine Dragons, para unir ese flashback con su piloto, que acababa con esa canción.

29 abril 2016

La burbuja


En los últimos años se ha popularizado la expresión "burbuja de las series" para denominar lo que los críticos estadounidenses bautizaron como Peak TV, ese abrumador Big Bang de ficciones de producción propia hasta de videoconsolas como PlayStation (que es Sony, pero nos entendemos). Pero, durante mucho tiempo, el término "burbuja" se ha referido a las series cuyo futuro no está claro, que lo mismo pueden ser renovadas que canceladas sin demasiados miramientos. Esos títulos "on the bubble" se encuentran en lo más parecido al limbo seriéfilo que podemos imaginar, y su burbuja es una mucho menos "divertida".

Variety publicó recientemente un resumen bastante útil de esas series sobre las que sus cadenas no se han pronunciado aún esta temporada, apuntando incluso cuáles tienen más opciones de regresar el año que viene, pero lo cierto es que nadie sabe nada en estos casos. ¿Quién le habría dicho a CBS en su momento que, si hubiera renovado 'Moonlight', habría coincidido con la explosión vampírica de 'Crepúsculo' y 'True Blood'? Esa cadena, por cierto, tiene pendientes de decisión a casi todas sus series de estreno este año (menos "Angel from hell", cancelada fulminantemente), y da la sensación de que prácticamente todas van a ser renovadas. Al menos, las que se estrenaron en otoño recibieron cierta inyección de optimismo hace unas semanas, cuando el jefe de la cadena, Les Moonves, apuntó que era muy probable que todas volvieran.

Pero, como hemos comentado muchas veces antes, ya no es tan sencillo averiguar qué series serán canceladas y cuáles no. Si sólo tomamos el caso de CBS, dos de sus mejores debuts de la temporada, "Supergirl" y "Limitless", luego han ido perdiendo audiencia hasta quedarse en la burbuja, y con unas cifras bastante más normales, pero parece que la crítica los ve como entretenimientos con potencial para la segunda entrega, lo que puede ayudar a decantar la balanza por el lado de la renovación. Pero también puede ser que CBS considere que tiene estrenos con mayores posibilidades de ser un éxito, y que opte por cancelarlas.

El tema es que se ha vuelto mucho más complicado de lo que ya lo era hacer estas apuestas, por mucho que el Grim Reaper de Twitter crea saberlo todo. Series que pueden tener audiencias poco impresionantes pero sólidas, como "Nashville" en ABC, pueden sobrevivir a otras que ronden sus mismos datos, pero que no parezcan tener un público demasiado fiel, ni que ofrezcan otras oportunidades de rentabilidad fuera de la emisión en directo. Las cadenas se toman su tiempo para decidir los destinos de sus series, a no ser que sean bombazos inmediatos o fracasos inapelables, y tampoco se atreven a arriesgar con sus proyectos nuevos para la próxima temporada. Sólo quedan dos semanas para los upfronts, así que el panorama empezará a estar bastante más movido antes de lo que nos gustaría.

27 abril 2016

Abajo el placer culpable, arriba el lugar feliz


Hay dos términos en inglés que denominan cosas que nos gustan de una manera irracional, para las que no tenemos explicación: guilty pleasure y happy place. El primero hace referencia a algo que nos resulta placentero aunque sea malo, de ahí lo de culpable, y el segundo apunta a algo que nos hace sentir muy bien, que nos transporta a un sitio en el no tenemos preocupaciones durante media hora, o 45 minutos, a nuestro lugar feliz. El primer término, "placer culpable", está utilizándose quizás demasiado. A todo lo que no sean programas del cable premium o la BBC se le adjudica esa descripción, y no es ésa su razón de ser. De hecho, quizás hasta deberíamos dejar de utilizarlo, como se lleva ya un tiempo abogando desde las redes sociales. Si a ti te gusta "I am Cait" no tienes por qué sentirte culpable, y hasta si te da un poco de vergüenza reconocer que los gemelos de las reformas te entretienen un montón (aunque sus programas se parezcan más entre sí que las canciones de los Ramones, que decían los Petersellers), sigue sin ser razón para que te fustigues por ello. Ni estar enganchado a 'Sálvame'.

¿Por qué nos entretienen esos programas que nuestro cerebro nos grita que no deberían gustarnos? Quién lo sabe. La línera que divide el supuesto placer culpable del "lugar feliz" es bastante fina. Y la que separa ese happy place del fandom más obsesivo, todavía más. Cuando se empezó a hablar de este término, se hacía asociado a "Cougar Town" y las alcohólicas y absurdas reuniones de sus personajes en casa de su protagonista (unas reuniones inspiradas, al parecer, por la propia Courtney Cox). De ahí, pasó a "Parks and recreation" y, desde entonces, cada uno podemos tener nuestros personales e intransferibles lugares felices. Hace unos días, en Twitter, Luis F. Mayorgas decía que los suyos este año habían sido "Steven Universe", "The Flash" y "Supergirl", tres opciones que yo comparto también (especialmente la primera y la tercera), y se pueden añadir muchas más.

"Downton Abbey" fue uno de mis mayores lugares felices porque me resultaba divertidísima, y una serie que está empezando a entrar en esa zona es "Faking it", sobre todo cuando le da más cancha a Lauren y Karma y Amy son amigas sin tanto drama. Es curioso que la animación tenga ese poder para auparse enseguida al Olimpo de happy places, porque recuerdo también los grandes ratos que pasaba con "Gravity Falls" y "The legend of Korra". Y si cuando se acabe "The good wife" la echaré de menos no sólo es porque ha sido una gran serie (hasta con este bajón en su recta final), sino porque era un lugar feliz estupendo. Bastaba con que Eli Gold y su hija compartieran plano.