30 octubre 2014

Los rescoldos del verano

Ya casi se ha vuelto una costumbre que, cuando llega la temporada de otoño, no encontremos ningún estreno que nos llame la atención en las networks. Lo habitual es decir que las series de los canales en abierto no aportan nada, y que las únicas medianamente interesantes están en el cable, pero este año, ese viejo comentario en realidad debería cambiarse por “las novedades del otoño no aportan nada interesante, y han sido las del verano las que han resultado más interesantes”. Es cierto que de las series estivales hemos visto ya su temporada completa, o media temporada, y de algunos de los estrenos más recientes casi no hemos llegado ni al quinto capítulo, pero la tendencia parece estar clara. O lo estaba hasta hace un par de semanas, cuando The CW y Showtime estrenaron algunos de los títulos que guardaban aún en la recámara.

En cuanto a factor de entretenimiento, protagonistas bien elegidos e ideas claras con respecto a qué tipo de serie quieren hacer, pocos estrenos igualan a “The Flash” y “Jane the virgin”, y especialmente a la segunda, con un arranque memorable y muy divertido en el que manejan de un modo experto todos los tonos y piezas de la serie, que no son pocos. También podría decirse que, para no romper la tendencia de los últimos años, las networks sí que han presentado algunas comedias prometedoras, tipo “Black-ish”, “A to Z” y “Selfie”, que se benefician del ritmo de trabajo en las cadenas en abierto para ir puliendo o descartando lo que falla y apostando por lo que funciona. No obstante, en cuanto a dramas con ciertas aspiraciones, sólo ha habido un estreno digno de mención, y ese es “The affair”, en Showtime, cuya narración dual construye una serie intrigante y que no busca el shock, sino explorar las motivaciones y los recuerdos de sus personajes.

Obviando todo esto, el otoño aún no puede situarse, en cuanto a estrenos, a la altura de un verano en el que hubo una racha en la que cada nueva serie que aterrizaba en las parrillas aspiraba enseguida a colarse en las listas de las mejores novedades del año. Bastantes de ellas han pertenecido al cable, ya que el estío es más su época de estrenos, y si han destacado en general por algo, es por resultar bastante diversas en temáticas y tratamientos. Ha habido desde comedias románticas que han conquistado al público poco a poco, como “You’re the worst”, a adaptaciones literarias que resultaban mejores de lo que nadie esperaba, tipo “Outlander”. También ha habido hueco para series de época con un tratamiento muy del siglo XXI, como “The Knick”, y otras más tradicionales que apostaban por crear una atmósfera que engullera a sus personajes, caso de “Manhattan” o hasta “Halt and catch fire”. Y luego estaban las otras series de época, las que se iban al terror más decimonónico y se labraban su propia personalidad en él, que es lo que ocurrió con “Penny Dreadful”.

A grandes rasgos, el verano televisivo ha resultado más estimulante que lo que llevamos de otoño, porque también hay que contar en él producciones no estadounidenses como “The honourable woman”. Los proyectos que se estrenaban eran, en general, más imaginativos, tenían algo que decir más concreto y mejor articulado que buena parte de los estrenos de la nueva temporada, pero éstos tienen todavía la ventaja de que la temporada es joven y aún pueden mejorar. Las comedias, sobre todo, pueden experimentar un notable salto de aquí a diciembre, por ejemplo, algo que los espectadores de “Brooklyn Nine-Nine” el año pasado bien pueden atestiguar. Si no, va a resultar realmente curioso que en las listas de los críticos de las novedades más destacables del otoño figuren dos series tan diferentes como “Jane the virgin” y “The affair”.

29 octubre 2014

Pioneros del PC

Parece que el siguiente paso de AMC no es tanto buscar la sustituta de “Mad Men” y “Breaking Bad”, como expandirse internacionalmente. El próximo 4 de noviembre, el canal aterriza en España y en otros 119 países, y lo va a hacer utilizando dos de sus últimas producciones propias, “The divide”, originalmente para WEtv, y “Halt and catch fire”, su estreno veraniego, que AMC preestrenó anoche en colaboración con Birraseries (en versión doblada, eso no da puntos). Los espectadores españoles verán el día 6 el arranque de este peculiar drama que tardó en encontrar tracción entre la crítica estadounidense, que al principio no estaba muy convencida de que la historia fuera a funcionar tan bien como terminó haciéndolo. Creada por Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers, la serie se encuadra en esa tendencia de los estrenos estivales de este año de fijarse en un acontecimiento histórico no demasiado tratado por la ficción televisiva. Si “Manhattan” se iba hasta los años 40 y científicos que estaban desarrollando la bomba atómica para el ejército estadounidense, “Halt and catch fire” se desplaza hasta 1983 y el nacimiento de la industria informática tal y como la conocemos ahora.

Nuestros puntos de entrada en ese mundo son tres; Joe, un ex ejecutivo de IBM extremadamente ambicioso y manipulador; Gordon, un ingeniero cuyos sueños de construir el mejor ordenador se vieron frustrados demasiado pronto, y Cameron, una “niña prodigio” de la informática, con su toque punk, que se mueve en las afueras del mundo corporativo donde viven los otros dos. Los tres se unirán para sacar adelante un proyecto impulsado por Joe, y que cristaliza el ambiente de Salvaje Oeste que se vivía en la época. Todas las empresas se copiaban unas a otras, todas intentaban monopolizar el mercado patentando sus desarrollos y convirtiéndolos en el estándar, y todas estaban al principio de una era llena de posibilidades, en la que las normas se iban haciendo según se daban cuenta de que eran necesarias. Joe aprovecha los resquicios de unas leyes que aún no se habían puesto a la altura de los logros tecnológicos (nunca han terminado de hacerlo) y se lanza a una aventura cuyos beneficios pueden ser tan enormes como sus riesgos.

Dirigido por Juan José Campanella (todo un veterano a estas alturas de la televisión estadounidense), el primer capítulo presenta perfectamente a los personajes y la situación en la que se encuentran, aunque es cierto que, al principio, Joe parece una versión en más alto, y con un coche deportivo más potente, de Don Draper si éste tuviera “Wall Street” como su biblia para hacer negocios. Guarda secretos, se sabe el mejor persuadiendo a los clientes para que compren sus productos (aunque da la sensación a veces de que no es tan bueno como cree) y no tiene ningún reparo en utilizar a todos a su alrededor para conseguir sus fines, algo en lo que Don no era tan obvio. Joe es más un Gordon Gekko de la informática, o es a lo que aspira, y la tensión que tiene con el elemento “creativo” de su empresa (Gordon) reproduce esa vieja dicotomía entre lo comercial y el arte, entre los negocios y la invención.

La época que retrata “Halt and catch fire” puede resultar tan lejana, en cuanto a los avances informáticos, como los años 40 de “Manhattan”, y aunque se maneja bastante terminología técnica, no resulta complicado seguirla. La serie ya se encarga de explicar lo importante, lo que debes saber para comprender por qué lo que están haciendo Joe y Gordon es tan revolucionario, y tan ilegal, y no es necesario ser un experto programador para disfrutarla. Como de costumbre, es el drama humano alrededor del aspecto técnico donde está el centro de atención, y por ese lado, apunta a ser una serie bastante interesante. La personalidad torturada de Gordon y el ingenio sin domar de Cameron ya llaman la atención desde el principio.

27 octubre 2014

El paseo marítimo era de cartón

Más de una vez hemos comentado la peculiar situación que vivió “Boardwalk Empire” a lo largo de sus cinco temporadas en HBO, temporadas que llegaron a su final definitivo anoche. Lo tenía todo para tomar el testigo de “Los Soprano” en cuanto a reconocimiento crítico y tirón entre la audiencia, con el nombre de Martin Scorsese como gran reclamo inicial. HBO ya había conseguido llamar la atención del público más amplio gracias a “True Blood”, y lo que buscaba ahora era recuperar la atención de los Emmy y de la crítica. Tener a Terence Winter, guionista de “Los Soprano”, contando una historia de mafiosos durante la época de la Ley Seca parecía una apuesta segura, pero las reacciones a aquella primera temporada ya anunciaban el extraño limbo en el que iba a emitir el resto de sus capítulos. Contaba con sus fans, sí, pero eran bastante numerosas las voces que se quejaban de que era fría, sin corazón, demasiado perfecta.

El artículo que Tim Goodman le dedica al final de la serie en The Hollywood Reporter es un indicativo de parte de las razones por las que “Boardwalk Empire” no era discutida los lunes con el mismo interés que “Mad Men”, por ejemplo. Las piezas para lograr algo grande estaban ahí, pero sólo algunas de ellas encajaban realmente bien (o sólo encajaron al final, como afirman en Vulture). Goodman se lamenta de que se ha notado demasiado la ausencia de Jimmy Darmody y de que una de las principales virtudes de la serie, que era introducir secundarios que enseguida eran interesantes, tipo Richard Harrow o Gyp Rosetti, acababa yendo en detrimento de los personajes alrededor de los que giraba la trama. Nucky era un tipo complicado, y Steve Buscemi estaba muy bien como él, pero es cierto que, por ejemplo, la trama neoyorquina de Arnold Rothstein y Lucky Luciano aparecía mejor armada desde el principio, aunque para muchos espectadores fuera una distracción.

No es que “Boardwalk Empire” haya pasado cinco temporadas sin pena ni gloria por HBO. Sus audiencias eran bastante decentes, moviéndose en sus buenos momentos alrededor de los tres millones de espectadores, y tuvo varias nominaciones al Emmy a mejor drama y a mejor actor y actriz, y hasta logró premio al mejor secundario para Bobby Cannavale (y un Globo de Oro para Steve Buscemi), pero el listón que se había autoimpuesto (y por el que la juzgaban los periodistas) era demasiado alto. Con “True Blood” como entretenimiento popular pulp, “Boardwalk Empire” tenía que ser la serie de prestigio de HBO, y nunca pudo estar a la altura más que a ratos. No es que fuera mala, pero no era lo suficientemente buena y, sobre todo, no lo era con la consistencia que hacía falta para suceder en el trono a “Los Soprano”.

Para más inri, cinco meses después del final de su primera temporada, HBO estrenaba “Juego de tronos” y, en apenas temporada y media, había usurpado los puestos tanto de “True Blood”, en cuanto a éxito masivo, como de Nucky Thompson en lo que respecta a prestigio crítico. “Juego de tronos” también tardaba en lanzar su trama y pasaba unos cuantos capítulos preparando el escenario para la gran traca final, como es costumbre en los dramas de la cadena, pero tenía algo más de chispa, no estaba abrumada bajo el peso de la ambientación perfecta y de que Martin Scorsese hubiera dirigido su piloto. Es probable que “Boardwalk Empire” no haya tenido la repercusión que se esperaba de ella porque nunca pudo librarse de esa sombra. Le faltaba esa creación en el espectador de una sensación de urgencia por ver el siguiente episodio para romper la fachada impoluta que presentaba, por mucha sangre que se vertiera en el paseo marítimo de Atlantic City.

Música de la semana:  "The Blacklist" tiene algunas elecciones musicales curiosas, como elegir "Go it alone", de Beck, para ambientar un pseudo-streaptease en sombras.