16 mayo 2017

Dioses americanos, criadas y adolescentes noir


En una serie de televisión es tan importante la forma como el fondo. Es decir, resulta tan fundamental lo que se cuenta como la manera en la que se está contando. Lo primero puede disfrazar, momentáneamente, que lo segundo tire a flojito, y lo segundo puede sobreponerse a una puesta en escena pobre si es lo suficientemente potente. Pero sólo hasta cierto punto. Lo ideal es que la estética y lo que se quiere narrar vayan de la mano, y curiosamente, en este primer semestre de 2017 ha habido series de lo más variopinto que han apostado decididamente por una estética muy suya.

"Legión", por ejemplo, llamó rápidamente la atención por la originalidad de su propuesta formal. Si su protagonista era un poderoso mutante que era capaz de distinguir lo real de lo que sólo pasaba en su cabeza, la manera en la que eso se mostraba tenía que llevar al espectador a la mente de David Haller. El riesgo, por supuesto, es que el estilo visual fagocite todo lo demás, un riesgo que han compartido tres series bastante diferentes que, sin embargo, han destacado por una apuesta formal muy decidida.

Por un lado, la distopía totalitaria de "The Handmaid's Tale" presenta el mundo de Gilead como una serie de bonitas composiciones que recuerdan inevitablemente a la pintura de Vermeer y a los simétricos encuadres de Stanley Kubrick. Todo está ordenado, todo sigue un plan, todo tiene el hermoso y tranquilo aspecto de una estampa puritana del siglo XVIII, pero esa estética sirve para contrastar con la violencia soterrada con la que se oprime a las mujeres. El ruido de fondo constante de los walkies de los guardias es un recordatorio de que no hay que fiarse de las apariencias, y los primerísimos planos de sus personajes femeninos potencian el sufrimiento que están pasando.

Después tenemos "American Gods", que apuesta por elevar lo original de su propuesta (los dioses antiguos están en guerra con las nuevas divinidades surgidas del modo de vida contemporáneo occidental) con una estética derivada de lo que Bryan Fuller y el resto de su equipo hicieron en "Hannibal" (que, a su vez, es una evolución del envoltorio formal de "Pushing daisies", y adecuada a una temática más perturbadora y oscura). Shadow Moon se adentra en un nuevo mundo totalmente extraño para él, un mundo lleno de poderes maravillosos y aterradores, así que esa historia no puede contarse con un look de serie realista.

Y, por último, está la manera en la que "Riverdale" se ha decantado por el noir y los códigos del melodrama para adaptar los cómics de Archie y estructurar su temporada alrededor de la investigación del asesinato de Jason Blossom. La constante bruma presente en los pasillos de Riverdale High, la atmósfera de romance gótico (como si hubiera escapado directamente de "La cumbre escarlata") de Thornhill, la mansión de la familia Blossom, los intensos neones de Pop's... Estéticamente, es una serie que no ha dejado ningún detalle al azar.

Cada una de las tres opta por una personalidad visual diferente, dictada por la historia y el tema que tocan, y esa conjunción de forma y fondo resulta muy importante a la hora de acercarnos a ellas.
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