13 junio 2014

Los Dunphy tienen competencia

Durante los dos o tres años anteriores a que “Homeland” ganara el Emmy a mejor drama, la discusión favorita de críticos y de aficionados a los tejemanejes para lograr candidaturas a los Emmy era si había alguna serie que pudiera desbancar a “Mad Men” de su trono como reina de la televisión. Su entrada en los premios fue tan fulgurante ya con su primera temporada, y su reinado durante sus tres primeros galardones era tan absoluto (incluso aunque sus actores no tradujeran en premio sus nominaciones), que resultaba inevitable que se empezaran a buscar aspirantes que pudieran plantarle cara, que pudieran ser los Indiana Pacers para sus Miami Heat. Al final, hizo falta que otra primera temporada de una serie de cable atrapara la atención de media industria con sus tácticas de agentes dobles y espías emocionalmente inestables para acabar con el dominio de “Mad Men”, y la serie ha quedado arrinconada a favor de nuevos títulos que la han sucedido en la lista de lo más popular entre la industria.

El declive de la creación de Matthew Weiner se apreció, paradójicamente, cuando ganó su cuarto Emmy, pues vio cómo “Friday Night Lights” y Kyle Chandler arrebataban sus posibilidades de seguir ganando el premio al guión de drama y de que Jon Hamm, por fin, se viera reconocido por contribuir a que Don Draper se haya convertido en todo un icono pop. Su victoria final se vio entonces casi como un premio de consolación (pero qué premio), y para los futurólogos de los Emmy, puede ser también un adelanto de lo que puede estar a punto de pasarle a “Modern family” en las categorías de comedia primero el próximo 10 de julio, cuando se anuncien las nominaciones, y luego el 25 de agosto, fecha en la que NBC retransmitirá la ceremonia de entrega, presentada por Seth Meyers. La sitcom de ABC lleva también cuatro Emmys consecutivos y está muy cerca de igualar a el récord de cinco de “Frasier” (serie en la que trabajaron tanto Steve Levitan como Christopher Lloyd), pero el año pasado empezaron a notarse grietas en su dominio.

Por primera vez, ninguno de sus actores subió al escenario a recoger alguno de los galardones a secundario de comedia, y el premio principal fue sólo el segundo de la noche para ella, junto al de dirección. Algunas de las estatuillas que “Modern family” no consiguió, se fueron para “Veep”, y que ésta aumentara su apoyo entre temporadas en lo que respecta a número de nominaciones (y a los premios para Julia-Louis Dreyfus y Tony Hale), parecía apuntar a que el cambio de guardia también puede producirse en comedia finalmente. Es un cambio que viene buscándose entre la prensa hace tiempo no tanto por el amor incondicional que los Emmy han lanzado hacia “Modern family”, sino por la falta de variedad y el inmovilismo de las nominaciones año tras año. Casi podían recitarse los candidatos a mejor actor de carrerilla (Don Cheadle, Matt LeBlanc, Alec Baldwin, Jim Parsons…), y mientras en las categorías de drama entraba un poco de aire fresco de vez en cuando, las de comedia parecían tan impermeables y herméticas como un submarino. ¿Podría estar el panorama a punto de cambiar?

Los periodistas estadounidenses tienen sus esperanzas depositadas en tres estrenos; “Mom”, “Brooklyn Nine-Nine” y “Orange is the new black”, y hay también quien cree que “Silicon Valley” podría tener alguna opción. La primera puede colar a Allison Janney entre las protagonistas de comedia, la segunda podría hacer bueno su Globo de Oro y la tercera tiene a su favor la enorme popularidad que se ganó el verano pasado, y cómo el estreno la semana pasada de la segunda temporada ha hecho que, en los medios americanos, junio casi sea el mes de Litchfield. Pero aunque esas tres representan ese anhelo por ver caras nuevas en los Emmy, también es muy probable que “The Big Bang Theory” asuma el cetro de “Modern family” basándose en sus decenas de millones de espectadores. “Mom” apenas ha tenido algo de visibilidad, “Brooklyn Nine-Nine” es casi tan de nicho como “Parks and recreation” y a “Orange is the new black” puede hundirla la que es su característica más definitoria, que es la enorme diversidad de su reparto y la gran cantidad de fantásticas actrices semi-desconocidas que ha descubierto. “The Wire” tenía justo ese mismo punto en su contra, aunque los analistas aseguran que donde "OITNB" podría tener más suerte es en las categorías de guión o en la nominación de Taylor Schilling (que logró colarse en los Globos de Oro, por ejemplo), si Netflix es capaz de darle un empujón promocional a una serie en la que los tres nombres más reconocibles para el gran público (y para los votantes despistados) pueden ser los de Jason Biggs, Laura Prepon y Kate Mulgrew, aparte de Jenji Kohan, claro.

El panorama en los dramas sigue siendo tan variado y potencialmente imprevisible, de cara a las candidaturas, como en los últimos dos o tres años, y en las comedias parece abrirse un mundo de posibilidades que veremos si luego se materializan o no. Teóricamente, estos Emmy deberían airear esa categoría porque algunas nominadas pasadas, como “30 Rock”, ya no están entre nosotros, pero nunca hay que subestimar la capacidad de estos premios para no salirse de las seis series cuyo título más les suena.

12 junio 2014

Dramas y comedias

Dramedia. ¿En qué momento empezamos a utilizar semejante palabreja? A estas alturas, todos sabemos que se refiere a una serie que mezcla elementos de la comedia y el drama, con lo que puede ser tanto una comedia dramática como un drama cómico, y que lo mismo puede alternar una sucesión de gags tronchantes con una escena realmente oscura y de bajón emocional. Es un término al que se presta poca atención hasta que llegan los Globos de Oro y los Emmy, que distinguen entre dramas y comedias, y llegan las indignaciones porque estas dramedias pueden ser “errónameante” enviadas a cualquiera de las dos categorías. ¿Deberíamos desterrar ese término y etiquetar las series que caen bajo él teniendo en cuenta que es lo más predominante en ellas? ¿"Shameless” sería, así, más drama que otra cosa, aunque vaya a competir en comedia en los próximos Emmy?

Dramedy”, la palabra original en inglés, aparece en algunos diccionarios entre 2003 y 2005, y es posible que empezara a utilizarse (o que prestáramos atención a su uso) con “Mujeres desesperadas”. Aunque tuviera una duración tradicional de drama (45 minutos), era más claramente una comedia, especialmente en sus dos primeras temporadas, participando de aquella mezcla de géneros que se convirtió en la nota unificadora de los estrenos de la cosecha de 2004, y la dificultad de los periodistas para etiquetarla como sátira de los barrios residenciales o como pseudo-soap opera llevó a que acabara asociada a las dramedias. Sin embargo, lo más probable es que fuera Showtime la culpable de que el término se extendiera con sus dramas cómicos femeninos, iniciados por una heredera en el tiempo de “Mujeres desesperadas” como era “Weeds”.

Aquellas series tenían capítulos que duraban 20 minutos, y aunque podían tener toques de humor, algunas eran muy claramente un drama, caso de “United States of Tara” o “The Big C”. Sin embargo, era precisamente su duración lo que terminaba escorándolas hacia las categorías de comedia en los premios y, por tanto, las hacía acabar bajo el paraguas de las dramedias. Siempre será curioso recordar a Edie Falco protestando que ella no era divertida cuando ganó un Emmy a mejor actriz de comedia por “Nurse Jackie”. Esos capítulos de 20 minutos, tan asociados a la sitcom tradicional de las networks, son los que evitan que se llamen a las cosas por su nombre y que se recurra a estos híbridos. “Transparent”, por ejemplo, una de las nuevas series de Amazon para el año que viene, es un drama familiar por mucho que su único episodio hasta la fecha no pase de la media hora, pero hasta la propia plataforma la encuadraba dentro de sus pilotos de comedia.

La aparición de “dramedia”, en realidad, responde a la que, probablemente, sea la característica más definitoria de esa tan cacareada edad de oro de la televisión, más que el protagonismo de los antihéroes. Casi todas las series de prestigio, como si dijéramos, nacidas en esa época mezclan géneros de modo natural, permitiendo que “Breaking Bad” tuviera un humor muy negro, por ejemplo. “Perdidos” era una coctelera que se ha demostrado difícil de igualar, y el título que lanzó esta nueva era en la ficción, “Los Soprano”, integraba momentos realmente hilarantes en tramas que podían ser muy tremendas. Si miramos las comedias que HBO ha estrenado últimamente, “Veep” bien puede ser la que más se mantiene en ese lado, mientras otras, como “Looking”, en realidad son un drama más bien ligero. Jenji Kohan decía en The Hollywood Reporter que la vida es así, con el drama y la comedia intrínsecamente unidos. El resto ya son estrategias de las cadenas.

10 junio 2014

Las varas de medir

  A veces, cuando se leen críticas cinematográficas estadounidenses (y hasta inglesas, en ocasiones) y españolas, resulta curioso comprobar lo diferentes que pueden ser las opiniones sobre una misma película, y más cuando esa película es un blockbuster, una superproducción de un gran estudio llamada a reventar la taquilla en su primer fin de semana. Esas diferencias no siempre están dictadas por distinciones culturales entre unos críticos y otros, sino por una circunstancia bastante peculiar, como es el hecho de juzgar o no esa película por lo que es. Un blockbuster no puede medirse por el mismo rasero por el que se critica la ganadora de la última Palma de Oro; van a públicos diferentes, tienen metas diferentes y se rigen por unas normas ligeramente diferentes. A ambas se les pide que no nos traten como idiotas, que tengan un guión decente, un director que sepa contar la historia y unos actores al menos comprometidos con el papel, pero “Los juegos del hambre. En llamas” no es igual que “La vida de Adèle”.


Esto puede trasladarse a la televisión, donde a veces parecemos estar juzgando todas las series por el “estándar HBO”, como quien dice. Sí, pedimos que las series sean buenas, pero ese adjetivo, “buena”, no se aplica igual a “True Detective”, a “Arrow” o a “Orphan Black”. Y no lo hace porque cada una de ellas establece sus propias reglas del juego con sus primeros capítulos, y sus pretensiones no son iguales. “Arrow” no está interesada en ser “Breaking Bad”, así que no puede ser juzgada con la vara con la que medimos a la segunda. De hecho, a veces da la sensación de que se instala un ligero esnobismo al recomendar series, un esnobismo que lleva a que sólo cuenta el cable (y el premium, nada del básico, no sea que vaya a gustarnos “Suits”, por ejemplo), y que termina ofreciendo una visión muy reducida de lo que se produce. Se puede ver de todo, pero tenemos que saber lo que estamos viendo. “The Walking Dead” no es “Deadwood”, aunque sí tenga unas pretensiones un poco más “sociales”, como si dijéramos, con el retrato de sus personajes que sí podemos criticarle si no está a su altura.

Pero lo podemos hacer porque ella misma se las ha fijado, no porque nosotros las hayamos impuesto de forma externa. Crítico en serie afirmaba hace unos días que había una especie de alergia a reconocer lo que eran determinadas series, porque ese reconocimiento podía implicar que se las hiciera de menos a la luz de ese Olimpo de las mejores series de la historia que, francamente, a veces parece estar a punto de convertirse en un cliché más gastado que el deus ex machina. Si se dice que “The Good Wife” es una serie de abogados (aunque luego sea algo más), parece que estamos disminuyendo sus logros, y si aplicamos a “Orange is the new black” la etiqueta de serie femenina, da la sensación de que la reducimos a un pasatiempo de sobremesa que no requiere demasiada atención. Las etiquetas están por algo, y también están para ser trascendidas. Tan válida es “The vampire dairies” como “Mad Men”, pero una y otra no pueden juzgarse de la misma manera, porque no están buscando los mismos objetivos. Aunque Damon y Joan podrían formar una pareja curiosa.