03 abril 2011

El ego, el dinero y el arte

Hay series que no veo pero sobre las que me gusta leer, como "Mad Men (lo sé, lo sé, pero ya tengo la primera temporada lista para empezarla). Me interesa mucho, especialmente, la fascinación que hay en Estados Unidos con la serie, y cómo las largas y complicadas negociaciones para su renovación por una quinta temporada han tenido en vilo a casi todos los críticos en las últimas semanas. No hace mucho comentamos que tanto drama obligaba a la quinta temporada de la serie a aplazarse hasta el año que viene (se habla de marzo), y ha dejado además algunas discusiones interesantes sobre el negocio de la televisión, la integridad artística de los creadores y la visión de una serie como una obra de arte o un producto mercantil (o ambas cosas a la vez). Por Twitter, hace unos días, tuvimos precisamente una de esas discusiones dos grandes fans de la serie, como @enclavedecine y @serieina_felipe, y yo, y salieron a relucir algunas de esas cuestiones.

Por ejemplo, a nadie se le escapa que, sin "Mad Men", AMC no estaría dónde está ahora y seguiría siendo un canal de cine cuyo mayor éxito es el ciclo de películas de terror que programa en Halloween. La serie (que rescataron después de que otros canales, incluida HBO, la hubieran rechazado) les ha dado prestigio y visibilidad, aunque la audiencia nunca haya ido a la par con su buena estima entre la crítica. El debut de la cuarta temporada, el pasado verano, fue el capítulo más visto en la historia de la serie, con casi tres millones de espectadores, lo que está bastante bien, pero palidece frente a los más de cinco millones que vieron "True Blood" unas semanas más tarde, o los ocho que siguieron las peripecias de Brenda Johnson en "The Closer". En la lista de las series más vistas en el cable básico el año pasado, "Rizzoli & Isles" es la primera, y el primer título de AMC es "The Walking Dead", la quinta. "Mad Men" ni siquiera entra en los 20 primeros puestos.

La liga en la que juegan los publicitarios de Madison Avenue es otra, es cierto; es la de los Emmys, los elogios y la respetabilidad, pero eso puede a veces traer complicaciones cuando hay que hablar de números, que es lo que se acaba haciendo cada vez que se negocia la renovación de una serie. Los escollos que siempre se encuentra "Mad Men" por el camino son las pretensiones de la cadena de ganar dinero con la serie (recordemos que no la producen ellos, sino Lionsgate) y la pelea de su creador, Matthew Weiner, por mantenerla de acuerdo a su visión y, de paso, verse reconocido monetariamente por haber sacado a AMC de la oscuridad del cable básico. Así, el canal quería integrar más product placement, recortar los capítulos para poder incluir más anuncios y reducir el reparto en dos actores para ahorrar un millón y medio de dólares en gastos, peticiones a las que Weiner se negaba. Hasta llegó a afirmar que sentía que pretendían cambiar la serie por completo y que lo único que él quería era seguir haciéndola como hasta ahora. Después de mucho y tira y afloja, no obstante, el guionista se salió con la suya. Sólo cedió en la duración de los episodios y, además, le pagarán 30 millones de dólares por hacer tres temporadas más, con las que, posiblemente, terminaría la historia de Don Draper.

Sin saber exactamente qué ha pasado en esas negociaciones, ni los detalles de la producción del programa, da la sensación que es un error señalar a unos como "malos" y a otros como mártires de la integridad artística. Cada episodio de "Mad Men" cuesta entre dos y dos millones y medio de dólares, pero sus ingresos publicitarios no eran especialmente cuantiosos. El pasado verano se publicó un artículo que apuntaba a la serie como la exponente de un nuevo modo de hacer televisión, más dependiente de ventas internacionales y de contenidos digitales que de los ingresos por publicidad, ya que la tercera temporada, emitida en 2009, sólo recaudó un poco menos de dos millones de dólares, lo que contrasta con los 280.000 que costaba un anuncio de 30 segundos en "24". No es extraño que AMC eche cuentas y llegue un momento en el que empiece a plantearse que la serie le cuesta mucho para la audiencia que tiene, por mucho prestigio que le dé. La HBO canceló "Deadwood" en la tercera temporada exactamente por esa razón.

Por otro lado, Weiner es, claramente, la fuerza creativa detrás de "Mad Men", alguien que vigila muy de cerca su marcha y que escribe o co-escribe casi todos los episodios, y que protege la integridad de la serie hasta extremos a veces un poco exagerados, como le ocurrió el verano pasado con algunos spoilers. A veces parece tener un ego muy saneado, y aunque afirma que él no vende el alma artística de la serie, es uno de los showrunners mejor pagados de la televisión estadounidense ahora mismo, y su postura en las negociaciones con AMC le ha granjeado alguna que otra crítica de otros colegas de profesión, como Damon Lindelof o Kurt Sutter, que resumía bien esta dicotomía diciendo en Twitter que "no puedes pedirle a una cadena 10 millones y luego quejarte porque quieren ampliar sus ingresos publicitarios. Puta o santo, elige una". La televisión puede ser arte, pero no creo que sea realista olvidar que es un negocio que mueve muchos millones de dólares. Y nadie está libre de culpa cuando se negocia semejante cantidad de dinero.

Música de la semana: Seguro que habéis oído por todas partes a la que proclaman nueva reina del soul, la británica Adele, que está arrasando a unos niveles sólo vistos antes con Amy Winehouse. El primer single de su nuevo disco, "Rolling in the deep", ha aparecido hasta en el trailer de la película "Soy el número cuatro".

02 abril 2011

Policías daneses y de Kentucky

1.- Mañana, AMC estrena "The killing", un remake en 13 capítulos de una serie danesa, titulada "Forbrydelsen", que en su país de origen fue un gran éxito, y que sigue la investigación del asesinato de una niña a través de los ojos de sus padres y de la inspectora de policía asignada al caso. No es una circunstancia extraña. Hay cientos y cientos de películas y series que adaptan a determinado país éxitos extranjeros, incluso cuando han sido ya éxitos por sí solos en esos países. Lo que me ha llamado la atención es que "Forbrydelsen", la serie original, parece haber tenido una gran acogida en el Reino Unido, donde ha terminado de emitirla recientemente BBC 4, y los periódicos han seguido cada uno de sus episodios muy de cerca, publicando incluso una entrevista (con spoilers, claro) con Sofie Grabol, la actriz que da vida a la policía Sarah Lund, al final de la serie. El canal, además, tiene una noche más o menos institucionalizada para la emisión de series policiacas extranjeras, entre ellas la "Wallander" sueca o la francesa "Engrenages".

2.- Lo más habitual, si le preguntas a algún seguidor de "Justified" cuál es su secundario favorito, es que te diga que Boyd Crowder. Sus intentos por apartarse del mal camino no sólo no funcionan, sino que dejan siempre grandes momentos acrecentados por el magnetismo en pantalla de Walton Goggins, y su relación con Raylan es, desde luego, uno de los fuertes de la serie. Pero el que se ha ido afianzando en realidad como mi secundario favorito es Art (Nick Searcy), el jefe de Raylan en los marshalls, y que cumple un poco en esta serie el papel de Eli Gold en "The good wife", en el sentido de que no le hacen falta más que un par de frases ingeniosas para robar cualquier escena en la que esté. Como yo soy así, vería sin ningún problema una serie que consistiera sólo en Art discutiendo amablemente con Raylan y persiguiendo fugitivos.

Desde el principio, sabemos que tolera a Givens y pasa por alto algunas de sus peculiaridades porque le parece un buen agente, pero tampoco es fácil de engañar. Ya hemos visto en esta segunda entrega que no necesita mucho para sumar dos y dos y darse cuenta de lo que está pasando en realidad. Me resulta muy divertida simplemente la forma en la que se apoya en el quicio de la puerta y mira a Raylan antes de ordenarle o pedirle explicaciones sobre algo, y entre ellos hay ahora cierta confianza que sospecho que va a sufrir algún que otro vaivén. Aunque las actividades de Raylan en Harlan siguen siendo lo más importante de la serie, han integrado un poco mejor el trabajo en la oficina de los marshalls y, por tanto, han explotado un poco más a Art. El arco serializado está muy bien, pero cuando hacen historias autoconclusivas son también muy divertidos sobre todo porque, como dijimos hace tiempo, las tonterías que hacen los fugitivos suelen resultar muy entretenidas.

01 abril 2011

Los observadores del tiempo

Más o menos al principio de esta tercera temporada de "Fringe", creo que hubo varios blogueros que, viendo a los Observadores actuar en determinados capítulos, tuvimos una especie de revelación a la vez y nos dimos cuenta de que habíamos visto un comportamiento similar al de estos mozuelos calvos, silenciosos y con unos aparatejos muy steampunk. Su mantra vital es que ellos sólo observan, nunca intervienen, y que para ellos no existen el pasado, el presente y el futuro tal y como los entendemos nosotros, de forma lineal. Los tres, en realidad, ocurren al mismo tiempo, y los Observadores son capaces de ver el gran mosaico de un vistazo. O lo que es lo mismo, que conciben el tiempo como el mismo wibbly wobbley timey wimey de cierto Señor del Tiempo que protagoniza "Doctor Who".

Siendo serios, en realidad hay determinadas corrientes filosóficas y científicas que asumen que pasado, presente y futuro tienen lugar todos a la vez, y que nuestras decisiones nos llevan por uno de los muchos futuros que hay ante nosotros (creo que hay quien utiliza la concepción del tiempo de Einstein para explicarlo). También es un tema clásico en la ciencia ficción siempre que entran en juego viajes o paradojas temporales, y es asimismo un clásico contar con una especie de guardianes que vigilen que el continuo temporal discurre sin problemas. En "Fringe", los Observadores parecen dedicarse sólo a eso, a observar que determinados eventos que son importantes para esa fluidez temporal ocurren sin problema, y ellos nunca pueden intervenir. Son un poco como esos puntos fijos en la historia que el Doctor no puede alterar, por mucho que él quiera, porque sus acciones acaban llevando inevitablemente a que tengan lugar.

Pero como le pasa también al Doctor de vez en cuando, a veces les resulta imposible mantenerse al margen, y es cuando se desencadenan los problemas. Los Observadores siguen siendo un misterio en "Fringe", sobre todo porque, aunque hemos tenido algunos episodios que lidiaban directamente con ellos, no son muchos y queda en nuestro campo ir recopilando pistas y detalles para trazar nuestras propias teorías sobre su identidad y sus propósitos (yo tengo una, pero no os la voy a decir para que no haya spoilers potenciales). Aparecen aquí y allá, no tienen problemas con las barreras interdimensionales y siempre dicen cosas que nos hacen pensar que saben mucho más que nadie soobre lo que está pasando (una frase de un Observador a Peter era una pista importante para algo de lo que nos enteramos unos pocos episodios después).

A priori, los Observadores parecen distantes, fríos y tan alienígenas como el Doctor al principio dec sus nuevas encarnaciones, pero como ocurre con él, ellos también acaban desarrollando ciertos afectos y terminan cometiendo equivocaciones. Desde la primera temporada y el principio de la segunda, su papel parece haberse quedado un poco en segundo plano, conforme se desplegaba ante nuestros ojos toda la historia de secretos y mentiras entre Walter y Peter, principalmente. Pero ellos en parte son así; observan los toros desde la barrera y toman notas de que ocurre lo que esperan que ocurra. ¿O saltarán más a menudo en medio de la refriega? Ya lo hicieron antes.