
Estas relaciones de atracción-amor-odio-tensión son buenas excusas para hacer evolucionar a un personaje, aunque a veces se desperdicien. La relación entre Mulder y Scully en “Expediente X” estaba muy bien llevada; casi no hacía falta que dijeran que se preocupaban el uno por el otro, o que se respetaban (o que se gustaban), porque se notaba. En cuanto todo esto empezó a hacerse más explícito (sobre todo a partir de la sexta temporada), se estropeó la diversión. Además, esa relación convertía a Scully en un personaje más interesante, con dudas, que iba evolucionando. Hasta David Duchovny reconoció en una entrevista que ella era su personaje preferido de la serie.
Ayer, en “House”, hubo otro ejemplo de una relación entre dos personajes que hace que uno de ellos adquiera cierto atractivo. Que nos presenten a Cameron (Jennifer Morrison), hasta ahora abogada de causas perdidas y algo ingenua, de repente drogada y tirándose literalmente al cuello (y no sólo al cuello) de Chase (lo que da pie a un buen gag a costa de las ojeras de ella y la capacidad de deducción de House), le confiere una luz nueva bajo la que mirarla, y que la acerca más a House de lo que podría parecer, pues ella también está amargada.
Ya sé que hay más ejemplos de esto, pero me recuerda otro aspecto que juega un importante papel en que nos creamos todas estas relaciones, y es la química entre sus actores. La que había entre David Duchovny y Gillian Anderson (“Expediente X”) era evidente, y lo mismo pasaba con Rob Morrow y Janine Turner en “Doctor en Alaska”. Pero se nos puede hacer muy largo comentar esto, así que, como dijo Escarlata O’Hara, ya lo pensaré mañana.
1 comentario:
Tampoc me convence nada el tema Grissom-Sara, cualquier aparición de Lady Heather le da mil vueltas en cuanto a tensión sexual xD
Publicar un comentario