11 julio 2006

Tarantino en Las Vegas


Pues sí, Telecinco emitió ayer el capítulo doble de "CSI" que dirigió Quentin Tarantino y que ponía fin a la quinta temporada (en EE.UU., al menos. Desconozco los planes de Telecinco, porque ayer en ninguna parte se decía que finalizara la emisión de la serie, y me parece que aún faltan algunos episodios por emitir). No era la primera vez que Tarantino dirigía un episodio de una serie, pues ya hace tiempo lo hizo con uno de "Urgencias", y en el de "CSI", llamado "Grave danger", él también aporta la historia.
Ya se sabe que el método de trabajo de las series estadounidenses no es como el de aquí. Allí hay varios directores y varios guionistas que se van turnando, y todos deben mantener la línea argumental, de tono y de personalidad y comportamiento de los personajes. Dicho esto, Tarantino tampoco se sale de lo que estamos acostumbrados a ver en "CSI", aunque sí se permite algunos toques marca de la casa, como las conversaciones triviales del principio del episodio entre Gregg y Hodges (que juegan a una especie de juego de la oca de "The dukes of Hazzard") y entre Nick y Warrick, si bien ésta va a resultar importante a lo largo del episodio. Tenemos los guiños privados tarantinianos (el póster de "Cabin fever", producida por Tarantino, en la casa donde entra Brass, y la recuperación de viejas glorias como Tony Curtis y Frank Gorshin -Enigma en la serie original de "Batman"-), algunos detalles visuales como el plano centrado en la maleta cuando Grissom va a entregar el dinero del rescate por Nick, y gotas de humor negro que llegan al culmen en el "sueño" final de Nick cuando están a punto de rescatarlo.
Lo más interesante de todo es que el acento del capítulo está puesto en Grissom que, sin traicionar su imagen de misántropo solitario, se permite cierta humanidad (la lectura de los labios de Nick, cómo lo tranquiliza cuando consiguen encontrarlo) y acción, ésta última espoleada por Catherine (sigo diciendo que la relación entre esos dos personajes es de lo mejor de la serie), y al final se convierte en el "salvador", el líder con la mente clara que sabe lo que hay que hacer, y que no lanza miradas de perdonavidas ni suelta frases lapidarios como nuestro "amigo" Horatio Caine.
Un episodio interesante y muy entretenido, que utiliza toda la "mitología" de la serie con acierto, y al servicio de la trama, un ejemplo de cómo se pueden aprovechar bien 90 minutos de televisión.
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