22 julio 2006

Creemos en Billy Wilder

"A algunos les va la marcha". Es la traducción libre del título original de "Con faldas y a lo loco", "Some like it hot", que aparece en el librito que acompaña al DVD de esa película que se podía adquirir ayer con El País. Desde luego que al equipo responsable de esta gran comedia le iba mucho la marcha, empezando por ese gran cerebro que era Billy Wilder, del que este año se cumple el centenario de su nacimiento en lo que todavía era el Imperio Austro-Húngaro.
Wilder dirigió muchas más películas (y escribió otras tantas, algunas tan míticas como "Ninotchka"), pero esta comedia disparatada y no exenta de ternura ocupa un puesto muy especial en mi lista de favoritas. La pareja cómica que forman un Tony Curtis totalmente sensacional (tanto de mujer como de seductor playboy plagiador de laqs maneras de Cary Grant) y un Jack Lemmon impagable al creerse tanto su disfraz como Daphne, las situaciones y los diálogos siempre al límite de todo (y las guindas al marrasquino...) y una Marilyn Monroe que demostraba perfectamente que era una estupenda actriz cómica (aunque ella quisiera verse reconocida por papeles más serios, como el de "Bus stop"), con sentido del ritmo y unas más que aceptables dotes como cantante-susurrante, hacen de esta película un motivo de disfrute ineludible. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que la he visto (la tenía grabada en la misma cinta que "La ventana indiscreta", otra que me sé de memoria) y me he carcajeado de los "ratones" que se dejan misteriosos agujeros de bala en el contrabajo de Lemmon.
De todo el resto de la obra de Wilder, hay dos películas por las que MacGuffin tiene debilidad. Una es ese genial manejo de todos los temas y recursos del cine negro que es "Perdición", que jugaba la baza ganadora que era contar con Barbara Stanwyck como femme fatalle. La otra es otra comedia alocada y con una buena dosis de crítica social, "Primera plana", que explotaba a conciencia, y con hilarantes resultados, la química entre Lemmon y Walter Matthau.
Y, aunque sea un poco tópico, es de recibo suscribir el final del discurso de agradecimiento de Fernando Trueba cuando recibió el Oscar a la mejor película extranjera, por "Belle epoque", en 1992: "Me gustaría creer en Dios para agradecérselo, pero sólo creo en Billy Wilder, así que gracias, míster Wilder".





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