05 agosto 2015

Los americanos


"The Americans" es la mejor serie que no estás viendo. Esta es una frase que se aplica al drama de FX últimamente, pero que todos los años le cae a alguna serie adorada por la crítica, pero que apenas tiene repercusión entre el público. Se le ha asignado a series como "Friday Night Lights", por ejemplo, a títulos de los que sus fans no dejan de evangelizar a todo el que se les ponga por delante, intentando que se suban a un carro que, francamente, en realidad no es para todo el mundo (como apuntaban en Salon). Pero eso no va a impedir que le recomienden la serie a sus conocidos, amigos, familia y a todo Twitter porque, realmente, merece que se le conceda una oportunidad. Puede haber series con las que la gente se llena la boca hablando de calidad y prestigio, pero que no saben manejar la tensión, las emociones de sus personajes o las canciones de Fleetwood Mac como "The Americans".

El olvido de la serie en las nominaciones a los Emmy ha vuelto a traerla a primer plano, aunque su temporada terminó ya en abril (y esta vez es candidata a mejor guión, además de la habitual de Margo Martindale como invitada), y han resurgido los artículos que cantan las virtudes del drama de espías, o que intentan explicar por qué no consigue calar más entre la audiencia. FX afirma que seguirá con ella mientras sus responsables, Joel Fields y Joe Weisberg, quieran continuarla, y casi sólo tienen el beneplácito de la crítica para justificar esa decisión. Es probable que lo que "The Americans" pide del espectador, que es seguir a dos espías soviéticos infiltrados como la perfecta familia americana en los 80, sea excesivo para el público masivo, que no consigue conectar no tanto con las misiones que los Jennings tienen que llevar a cabo, sino con los problemas que dichas misiones causan en su matrimonio y en su vida familiar.

"The Americans" es una serie con un tono y una estética muy calculados. Se ha dicho que es una olla a presión que no hace más que crecer y crecer, y es una comparación bastante adecuada. Como muchos de los títulos más gratificantes, en éste hay que prestar atención a lo que está pasando en pantalla, a la cara de Elizabeth cuando se ve obligada a eliminar a una testigo totalmente inofensiva o a utilizar de nuevo el sexo para utilizar a un tipo en concreto y conseguir la información que sabe. La tercera temporada ha puesto en los Jennings en situaciones cada vez más incómodas que ellos apenas controlan, y ha trasladado esa falta de control a su familia, donde sus hijos ya son adolescentes y empiezan a preguntarse quiénes son en realidad su padres, lo que en este caso representa un claro riesgo.

Todo esto (más una ambientación ochentera muy detallista y realista, pero austera y fría) puede convertir "The Americans" en un título menos fácil de ver de lo que parece. Está poblada por personajes secundarios memorables (Nina y Martha sólo son dos de ellos), y aunque es cierto que muchos de ellos llevan a cabo actos éticamente reprobables en aras de la patria (o de sus propios intereses), también resulta muy interesante seguir su evolución capítulo a capítulo. El panorama político y social que presenta no está tan alejado de la actualidad, y en realidad no es tan complicado empatizar con varios de sus personajes. El problema es que "The Americans", en ese aspecto, puede ser como "Juego de tronos", y con algunos de ellos se vive en un estado de preocupación constante por lo que les pueda pasar. Eso sí, la serie de FX tiene otra cosa que la eleva por encima de buena parte del resto de dramas actuales; su fabulosa colección de pelucas.
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