10 junio 2016

Los malos fans


"Necesitan tener más vida social". ¿No ha llegado un punto en el que os cansa un poco leer , o escuchar, constantemente estos comentarios cada vez que se habla de fans en internet o, en este caso más específico, de shippers? Los comentarios de esta entrada de ¡Vaya Tele! sobre ellos representan parte de esa actitud hacia determinados sectores de fans, más comprometidos, o más intensos o más obsesionados, por qué no, con una serie, una película, un videojuego o un libro en concreto. La superioridad moral con la que se descarta a esos aficionados es ya casi tan vieja como el propio movimiento fandom, y lo mismo son los artículos que intentan discernir si dicho movimiento está "roto".

Las webs estadounidenses dedicadas a la televisión llevan algo más de una semana intercambiando think pieces a partir de un artículo de Birth.Movies.Death llamado "Fandom is broken", en el que se exponía que, con la popularización de las redes sociales, muchos fans se han creído la protagonista de "Misery" y han pensado que tienen derecho a exigir a los creadores de sus series o películas favoritas que lleven las historias por dónde ellos quieren que vayan. Las respuestas a dicho artículo no tardaron en sucederse (desde The Mary Sue, a Blastr o a un especial que le dedicó Vox al fandom en general), y muchas apuntaban que, en parte, lo que provocaba esas quejas de que los fans eran unos pesados era el hecho de que muchas de las cosas que generan esos movimientos han dejado de ser patrimonio exclusivo del arquetipo americano del friki: el chico que vive en el sótano de casa de sus padres y que se pasa todo el día jugando online y trolleando en Reddit.

En parte, es cierto. Conforme el fandom se ha ampliado y se ha hecho más inclusivo, ha aceptado a gente más diversa que se acerca a las series, las películas y los videojuegos desde una óptica diferente, quienes se consideran los fans de verdad miran por encima del hombro a los que llenan Tumblr de gifs de esa pareja que les gusta imaginar que se ama (como la SwanQueen de la foto), o que pasan su tiempo libre escribiendo fanfics o editando fanvids y subiéndolos a YouTube (la última moda en esto son los mashups con canciones de "Hamilton"). Es el mismo snobismo de esa gente a la que le gusta un grupo hasta que empiezan a llenar estadios de fútbol; ser fan de algo minoritario (o relativamente minoritario) te hace sentir especial, y esa sensación desaparece cuando sus seguidores comienzan a ser masivos.

De ahí vienen, en parte, los ataques a lo que se consideran "malos fans", a esos shippers que votan en masa en la March Madness de parejas de Zimbio, por ejemplo, y que deberían tener "más vida social". Pero, por otro lado, no se puede obviar que redes sociales como Twitter han otorgado un altavoz a los seguidores que sólo se dedican a quejarse y a protestar porque los guionistas han hecho algo que no les gusta (matar a sus personajes favoritos, pongamos por caso). El fandom puede ser agotador, insufrible, intransigente y muy, muy pesado. También puede ser muy divertido, imaginativo, y una comunidad que acoja a gente que no encaja en ninguna otra parte. Y el verdadero reto para los creadores de contenido es saber hasta dónde pueden escucharlo y hacerle caso. O si deben hacerlo.
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