07 agosto 2012

El problema del Joker

El Joker debe ser, probablemente, el villano más conocido de Batman. Es tan imprevisible, loco, peligroso y tan atrayente, al mismo tiempo, que no es extraño que, cuando Tim Burton se lanzó en 1989 a hacer su propia adaptación del hombre murciélago, lo eligiera como némesis de su héroe. Aún era menos extraño que lo hiciera si tenía a Jack Nicholson para sacara a pasear todos sus histrionismos, y eso que elegir a Michael Keaton y su 1,75 de altura para hacer de Bruce Wayne/Batman era algo más cuestionable (como comparación, Val Kilmer y Christian Bale miden ambos 1,83). La jugada, no obstante, le salió bien a Burton, que tuvo uno de los mayores éxitos de su carrera con esta película (aún le salió mejor a Nicholson, que redujo su sueldo pero, a cambio, pidió un porcentaje de la recaudación en taquilla), pero cuando llegó el momento de hacer la inevitable secuela, la sombra que arrojaba el Joker era demasiado alargada.

Burton, con su querencia por los freaks, los inadaptados y los raros, en general, llenó "Batman vuelve" de villanos, dándole el mayor protagonismo a un Pingüino bastante grotesco. Y aunque se puede decir que su Catwoman fue todo un acierto, y que la idea que tenía el director de centrarse más en los malos que en Batman iba más con su personalidad, el film fue un fracaso. Las películas posteriores de Joel Schumacher, aparte de los otros problemas que tenían (aunque "Batman forever" era entretenida, al menos, a pesar de Jim Carrey como Enigma) pecaban exactamente de lo mismo, de tener 300 villanos que, ni en conjunto ni por separado, podían hacer olvidar al Joker.

Cuando le llegó el turno a Christopher Nolan, muy sabiamente escogió otro malo menos icónico para "Batman begins", ya que esa película tenía que centrarse en la rabia que viaja con Bruce Wayne a todas partes y que canaliza convirtiéndose en Batman, y se reservó al Joker para la secuela, "El caballero oscuro", que es de largo la mejor de todas las películas hechas sobre el justiciero con capa. Y lo es un buena parte porque el Joker de Heath Ledger es un psicópata totalmente loco, y porque la lectura que se hace del lado oscuro de los vigilantes enmascarados es realmente muy interesante. El enfrentamiento casi a tres bandas entre el Joker, Harvey Dent y Batman (que a su vez tiene esa pelea interna entre él mismo y Wayne, como si fueran dos partes separadas de su personalidad) le da a la cinta un toque que, lamentablemente, se pierde en "El caballero oscuro. La leyenda renace". Y se pierde porque da la sensación que a Nolan le da un ataque de megalomanía para intentar superar al Joker, sin darse cuenta de que su sombra sigue siendo muy alargada.

Nolan tiene tantos detractores como admiradores incondicionales, y desde "El caballero oscuro" parece que es imposible poder enfrentarse a una de sus películas con cierta mesura. Parece que no se acepta nada que no sea "obra maestra" o "basura infecta", cuando en realidad en el término medio hay muchos matices, y es por ahí por donde se sitúa el 98% de las películas. De todas formas, este capítulo final de su trilogía de Batman es el menos logrado de todos. Narrativamente, "Origen" está mucho meejor hilada y contada que ésta, que al principio da la sensación de no ser más que una sucesión de viñetas sin mucho en común unas con otras. Bane no es un malo especialmente memorable, y al final más parece que el Russell T. Davies del cierre de la cuarta temporada de "Doctor Who" se hubiera puesto a reescribir el guión. Se buscar pensar a lo grande para despedirse a lo grande, y lo único que se salva es una Anne Hathaway muy solvente como una Catwoman que es totalmente Han Solo, y un Joseph Gordon Leavitt cuyo personaje se ve venir desde que se encuentra por primera vez con Wayne. Mucho ruido y pocas nueces.
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