30 agosto 2012

La importancia de saberse importante

Hay que series que nacen ya con la imposición de ser grandes, clásicos instantáneos, eventos televisivos de la temporada, importantes, en suma. Una miniserie que tenga a Tom Stoppard adaptando "El final del desfile", de Ford Madox Ford, que está considerada como una de las grandes novelas en inglés del siglo XX, co-producida por BBC y HBO y protagonizada por dos actores al alza como Rebecca Hall y, sobre todo, Benedict Cumberbatch, tiene la obligación de ser grande desde unos títulos de crédito a lo kaleidoscopio que parecen estar dándonos una pista del modo en el que se nos va a contar la historia de Christopher Tietjens, su mujer y la sufragista con la que estuvo a punto de tener una aventura entre 1908 y la década de los años 20. Esa aspiración trascendental impregna todo el primer capítulo de los cinco que componen "Parade's End", el primer estreno importante de la BBC tras la inmersión total deportiva de los Juegos Olímpicos, pero no es una aspiración que tenga que espantar a sus espectadores.

El modo de contar la historia es, ciertamente, un poco peculiar, con saltos temporales (especialmente al principio) y de punto de vista que probablemente intenten ser fieles al modo en el que está escrito el libro (si alguno lo ha leído y puede aclarar si es así, sería muy bienvenido), y con unos recuerdos que se nos presentan sesgados, literalmente, por la perspectiva de Tietjens, que es el que los rememora. No es complicado, de todos modos, colocar enseguida las piezas de la historia; Tietjens es un funcionario del servicio de estadísticas que se ajusta a todos los estereotipos del victoriano reprimido, caballeroso y aburrido (su pasatiempo favorito es corregir la Enciclopedia Británica), mientras su mujer, Sylvia, es una cabra loca de clase alta que vuelve locos a los hombres, y que sabemos que engañará en cuanto pueda a Christopher aunque sólo sea, como le dice a su madre, para comprobar si tiene sangre en las venas. Por otro lado, Valentine, la sufragista que conoce por casualidad y de la que está claro que se enamora casi a primera vista, es idealista y parece tener una personalidad mucho más complementaria con la de él que Sylvia, pero Tietjens está atado por las convenciones sociales y por sus propios principios.

Será interesante ver cómo continúa "Parade's End" en cuanto estalle la Primera Guerra Mundial, pero lo cierto es que radiografía con acierto, y en apenas un par de pinceladas, a todos sus personajes y a toda la hipocresía y bajas pasiones que latían bajo la superficie de las clases altas de la Inglaterra eduardiana, tan obsesionadas con las apariencias y lo que es correcto. Hall y Cumberbatch están realmente muy bien, y hasta hay unos toques de humor que funcionan bastante bien, además de una fotografía y unos planos realmente espectaculares (la directora Susanna White es una veterana de las adaptaciones literarias de la BBC, y de las miniseries de HBO). Eso sí, lo que no creo que sea justo es utilizar esta miniserie para atacar "Downton Abbey". Sí, las dos se ambientan en el mismo periodo histórico, pero sus pretensiones son diferentes. aunque he de decir que Janet McTeer no desentonaría nada rivalizando en frases lapidarias con la Condesa Viuda de Grantham.
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