30 diciembre 2014

Orgullo de clase

Entre los 90 y principios de los 2000, el cine británico tuvo bastante éxito fuera de sus fronteras con lo que podríamos denominar "comedias sociales". Eran historias sobre personajes de clase trabajadora, que se veían en alguna situación difícil que tenían que superar, y que se contaban desde una óptica más humorística que si fueran un drama de Ken Loach (aunque éste tiene la muy divertida "Looking for Eric"). Cintas como "Billy Elliot" o "Tocando el viento" son algunos de sus exponentes más populares y, curiosamente, ambas están ambientadas en el mismo ambiente; las minas del norte de Inglaterra, los cierres forzados por el gobierno de Margaret Thatcher y las huelgas de los mineros contra éstos en la década de los 80. Es una temática que comparten con "Pride", una de las pequeñas revelaciones cinematográficas de 2014 (aunque en España todavía no tiene fecha de estreno confirmada), y clara seguidora de esa tradición de comedias sociales.

La película cuenta una historia real poco conocida de la historia reciente del Reino Unido; la de un grupo activista homosexual de Londres que decide apoyar económicamente a los mineros de un pequeño pueblo del sur de Gales durante la huelga que el sector protagonizó en 1984. El enfrentamiento entre los trabajadores y el gobierno (y los tabloides) fue violento y buscaba forzar a los mineros a volver al trabajo ahogando todo lo posible sus vías de financiación. Como contaba The Guardian antes del estreno de la cinta en su país, en septiembre, Mark Ashton, el miembro más activo del grupo LGBT, vio reflejada su propia lucha por los derechos de los homosexuales en la represión policial de los piquetes y las manifestaciones de los mineros, y embarca a sus amigos en un viaje en el que tienen que superar prejuicios, barreras sociales y culturales y buscar un terreno común en la lucha de clases.

Porque, aunque "Pride" puede ser una comedia muy humana, con muy buenas intenciones y poblada por unos personajes (y unos actores) sensacionales, su mensaje no es tanto de tolerancia entre dos grupos de personas que se miraban de recelo, sino de la importancia de la denuncia de la opresión, de la unión de esfuerzos para luchar por derechos que se creían ya consolidados, y que corren el riesgo de ser arrebatados. Ese apoyo de la pugna de la clase trabajadora es lo más sorprendente de la cinta porque es un tema que casi no se trata ya en el cine (y cuando se trata, como en "Dos días, una noche", te quedas fuera de la pre-selección a ser nominada al Oscar a mejor película extranjera). Lo que lleva a Mark y Dai a conectar, a trabajar juntos por un bien común es ese reconocimiento de la solidaridad entre personas que saben que tienen que pelear por lo que creen que es correcto.
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