05 agosto 2014

Déjame ser tu estrella


 Tal día como hoy, moría Marilyn Monroe hace 52 años. Tenía 36 años y, en ese mismo momento, daba comienzo la leyenda (“Cuando la leyenda se convierte en hechos, imprime la leyenda”, decían en “El hombre que mató a Liberty Valance”). La actriz se convirtió en el sex symbol por antonomasia, en un icono pop que parecía ser el reverso femenino de Elvis Presley (o él sería el reverso masculino de Marilyn, pues murió quince años más tarde), y cuando llegó el medio siglo de su fallecimiento, tenían que aparecer por todas partes los homenajes, las nuevas biografías, las ediciones de sus poemas, de fotos inéditas y, claro, las películas. En este caso, deberíamos mencionar el documental “Love, Marilyn”, en el que diferentes personalidades de Hollywood leían algunos de los escritos de la actriz, la película “Mi semana con Marilyn”, con Michelle William mimetizándose en la estrella durante el rodaje de “El príncipe y la corista”, y la serie de televisión “Smash”.

Ésta es la que nos interesa más, especialmente por su condición de oportunidad perdida por parte de NBC. La serie contaba la puesta en pie de un musical de Broadway centrado en Marilyn Monroe, con las dos actrices que aspiraban a ese papel como las principales protagonistas y, a su alrededor, veíamos también al dúo escritora-compositor del libreto y las canciones, al director-coreógrafo, a la productora y a otros personajes implicados en la obra. El piloto, emitido en la midseason de la temporada 2011/12, fue recibido con buenas críticas y muchas esperanzas de que la NBC, entonces en pleno intento de escapar del hoyo en el que había caído durante buena parte de los 2000, hubiera encontrado su drama adulto, su “The good wife”, como quien dice. “Smash” tenía gente más que capaz de sacar la serie adelante tanto detrás como delante de las cámaras, pero todos sabemos cómo acabó la historia.

Tras haber popularizado el término hate-watching, y después de dos temporadas con audiencias cada vez más terribles y una visibilidad aún menor para cuando emitió el quinto capítulo de la segunda entrega, la cadena decidió cancelarla. Si habéis leído este blog en los últimos dos o tres años, sabéis perfectamente que “Smash” era una de mis debilidades personales, una serie que seguía religiosamente a pesar de que, en realidad, no era buena y tenía pocas cualidades redentoras de sus tramas culebroneras, sus personajes irritantes y sus giros de guión ridículos. Había algunas tramas y algunos actores que merecían la pena, y las canciones originales (escritas por March Shaiman y Scott Wittman) siempre estuvieron a un gran nivel. Podía ser divertida y entretenida en medio del desastre general, y aquellos planos de personajes caminando por Times Square le daban un aire neoyorquino que le venía muy bien.

Curiosamente, todo esto puede convertir “Smash” en una serie veraniega curiosa, más teniendo en cuenta que los musicales están volviendo a las carteleras (ahí está esa “Into the Woods” para las navidades, o “Begin again”, “Amanecer en Edimburgo” y “Walking on sunshine”) y que ABC tiene lista para la próxima temporada “Galavant”, una comedia musical de príncipes y princesas que, por el tráiler, parece una mezcla entre “Once upon a time” y “Shrek”. En “Smash” hay veteranos de Broadway que merecían mejor suerte (como Christian Borle y Megan Hilty), unos números musicales tremendamente pegadizos y con la chispa que le faltaba a unas cuantas tramas (y algunos loquísimos, como aquel de Bollywood), y si merece la pena echarle un vistazo es justo por ver la promesa que escondía la serie, y que se materializó pocas veces. Y que parece estar a punto de convertirla en una muy improbable serie de culto.
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