29 agosto 2014

Tony Soprano estaba en la isla


Cada vez que una serie se aproxima a su final, se ha vuelto una tradición que, un par de días antes, alguien publique una historia sobre “las preguntas que se deben responder” en ese final. Puede haber de todo, dependiendo de qué tipo de serie sea, y lo mismo encontramos desde la resolución de una tensión sexual implícita, a que se desvele la identidad secreta de determinado personaje o a que nos expliquen el sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Y esto se hace tanto para dramas familiares como para títulos que giran alrededor de un misterio, lo que a veces es bastante absurdo. Las preguntas sin respuesta de “Parenthood” no son las mismas que las que pueda dejar “The Walking Dead”.

Este tema lleva un par de días de actualidad, otra vez, gracias a una entrevista a David Chase en Vox en la que, hablando de sus proyectos posteriores a “Los Soprano”,  se termina tocando el final de la serie y, específicamente, esa pregunta que lleva corroyendo a sus fans desde 2007: ¿Está muerto Tony? Es una pregunta que persigue a Chase de forma implícita desde entonces, por mucho que haya repetido hasta la saciedad que no piensa contestarla y que no va a molestarse en explicar nada de lo que pasó en ese último episodio que, en su momento, anticipó las oleadas de críticas y amenazas de darse de baja de HBO que recibió más tarde la famosa Boda Roja de “Juego de tronos”. En la entrevista, sin embargo, parece responderla finalmente (con un no, Tony no muere), sólo para publicar después una matización en la que vuelve a afirmar que él no tiene que decir a nadie lo que vio en aquel último fundido a negro.

El sobreanálisis y la obsesión por buscar pistas y respuestas a enigmas que tal vez no estén ahí son unos de los riesgos más palpables del visionado interactivo de las series a través de Internet. Chica de la tele ya apunta que, en ocasiones, hay que dejar de obsesionarse por esos finales abiertos (o supuestamente abiertos). Esas obsesiones pueden interferir seriamente con el disfrute de la serie y, además, a veces ni siquiera están justificadas. Las quejas “preventivas” de quienes empezaban a ver “The Leftovers” por si Damon Lindelof nunca resolvía el misterio (como aseguran que hizo en “Perdidos”, que resolvió demasiadas cosas seguramente) ya indicaban que esos espectadores no se habían dado cuenta de la serie que estaban viendo.

Extraer todo tipo deteorías loquísimas de guiños históricos minúsculos en “Mad Men” puede ser sumamente divertido,  siempre y cuando seamos conscientes de que la serie no se basa en eso. Eso sí es un caso de que los árboles no dejen ver el bosque.
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