06 agosto 2014

Perdida en Escocia

En 1996, cuando George R.R. Martin publicó “Juego de tronos”, el primero de sus proyectados siete libros de la saga “Canción de Hielo y Fuego”, Diana Gabaldón acababa de publicar “Tambores de otoño”, cuarta entrega de la serie que había iniciado, cinco años atrás, con “Forastera”. Aquel libro se convirtió en un best-seller y en un fenómeno con una numerosa y entregada comunidad de fans que querían saber qué nuevas aventuras iba a vivir Claire Randall, enfermera militar durante la Segunda Guerra Mundial que, meses después del final de la contienda, viaja en el tiempo hasta la Escocia del siglo XVIII. La propia Gabaldón reconoce que su agente le recomendó que, en lugar de clasificar el libro como ciencia ficción, que lo hiciera como una novela romántica, pues es la relación entre Claire y el escocés Jaime lo que impulsa la acción, si quería vender muchos ejemplares y, curiosamente, que su obra no acabara dirigida a un nicho muy concreto de lectores.

Lo más curioso todavía es que esa mezcla improbable, la del viaje temporal y las explícitas descripciones sexuales del género, convierte a Starz en el hogar más adecuado para la adaptación televisiva, “Outlander”, una adaptación a la que Gabaldón se enfrentó del mismo modo que lo hizo Martin a las ofertas de Hollywood para comprarle los derechos de su libro; decir que no durante años a todas las que no le convencieran. Si en el caso de “Juego de tronos”, el escritor no cedió hasta que no llegaron David Benioff, D.B. Weiss y HBO, en el de la autora tuvo que aparecer Ronald D. Moore, guionista curtido en la ciencia ficción y las space operas gracias a un par de franquicias de “Star Trek”, “Roswell” (que, por cierto, reunió a un muy peculiar grupo de escritores) y, sobre todo, el remake de “Battlestar Galactica”. Moore tenía este año otra serie como productor, “Helix”, pero es en “Outlander” donde está implicado de verdad, y esa implicación es al que ha despertado la curiosidad de los espectadores que no estaban familiarizados con las novelas originales.

Starz confía en que “Outlander” sea su gran éxito de público. Hay por ahí quien se ha atrevido con las comparaciones con “Juego de tronos” en lo que respecta al sexo y al punto de vista desde el que se presenta (un jardín que dejaremos para otro momento), cuando la serie de HBO es un espejo para la de Starz por su capacidad para saltarse las barreras de género puestas alrededor de las obras de fantasía. “Juego de tronos” ha logrado atraer a tantas mujeres como hombres, y “Outlander” tiene que conseguir lo contrario, que los hombres se interesen por un título, a priori, para mujeres. Por ahora, sólo se ha podido ver el piloto, pre-estrenado en Internet antes de su emisión “oficial” el sábado, y hay que esperar un poco más para ver si la serie realmente puede ir a alguna parte. El principal problema es una voz en off demasiado omnipresente (que da la sensación de estar ahí para dar a los lectores la oportunidad de escuchar algunas de las frases más reconocibles del libro), y que realmente no aporta gran cosa, más que subrayar de más lo que estamos viendo en pantalla (algo que la banda sonora ya se encarga de hacer). Las voces en off pueden ser un añadido interesante si se utilizan con mesura y saben dosificarse y aquí, de momento, se han decantado por el exceso.

Y no es necesaria tanta explicación en off para interesarnos por la serie porque el primer episodio realmente no está mal. Hay mucha exposición y explicación de personajes y situaciones, lo que es algo inevitable en un piloto de estas características, pero lo que sí hace bien es tomarse su tiempo en presentar a Claire (una Caitriona Balfe con una cara que parece sacada directamente de 1940). Ella es la gran protagonista de “Outlander” y los espectadores necesitan conocerla y preocuparse por ella cuando acabe en 1743, y se puede decir que se cumple esa misión. Jaime aparece ya en los últimos compases del capítulo, pero no parece haber prisa por presentarlo (lo que es de agradecer; ya pasan demasiadas cosas como para que encima se añada un monólogo en el que conozcamos a todo el clan de Jamie en diez minutos). Al igual que Claire, iremos familiarizándonos poco a poco con su nueva situación, con los personajes y con la atmósfera de la serie, pero lo que sí queda claro desde el principio es que rodar en Escocia es un gran bonus. Los paisajes y la luz destacan enormemente en ese primer episodio.
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