12 agosto 2014

Proscritos y héroes galácticos

Marvel Studios tal y como los conocemos ahora, con su Universo Cinemático, sus fases y sus planes al estilo estalinista, surgió en 2008 con el estreno de "Iron Man". Después de años de vender los derechos de sus personajes a otras compañías (Fox tiene los de los X-Men y Los Cuatro Fantásticos, y Sony los de Spider-Man, por ejemplo), la empresa decidió comenzar a producir sus propias películas de sus cómics, y probaron suerte con uno de los personajes menos conocidos entre los famosos, el alter ego de Tony Stark. No se sabía si alguien estaría interesado en ver la película, dirigida por Jon Favreau (que hasta entonces había compaginado su carrera como actor con una de director de cintas más familiares, tipo "Zathura" y "Elf") y protagonizada por un Robert Downey Jr. que estaba regresando poco a poco a Hollywood, tras años de problemas de todo tipo por su adicción a las drogas. Downey no era ni de lejos una garantía de atraer a la gente al cine; sus películas anteriores habían sido "Buenas noches y buena suerte", "Zodiac" o cintas independientes como "Retrato de una obsesión".

Iniciar la andadura de Marvel Studios con "Iron Man" era un riesgo, pero salió tan bien, que dio el pistoletazo de salida a lo que ahora mismo es casi el dominador del entretenimiento más mainstream en Hollywood. Entre las dos secuelas de "Iron Man", "Los Vengadores" y las dos películas del Capitán América (más las dos de Thor), el estudio ha ido encadenado taquillazo tras taquillazo, incluyendo en cada uno de ellos pequeñas pistas hacia la siguiente película y hacia el evento que quería crear con "Los Vengadores", una estrategia que ha repetido de cara a la secuela, "Age of Ultron". Sin embargo, la cinta en la que Marvel ha confiado para el verano es una que, a priori, no encaja dentro de ese plan, una que no está basada en ningún personaje realmente conocido de sus cómics y cuya base, de hecho, es bastante menos clara que, por ejemplo, la de la próxima "Ant-Man". Esta "Guardianes de la galaxia" era el siguiente gran riesgo para el estudio, la que podía dar al traste con todo lo construido hasta ahora. Pero la apuesta ha vuelto a salirles bien.

La película está muy enraizada no sólo en la trilogía original de "Star Wars" (el adorable Groot es muy Chewbacca), sino en las cintas de aventuras de los 80 (del mismo modo que Peter Quill sólo escucha música de aquella época, o de finales de los 70), y por lo que destaca más es por la decisión de su director, James Gunn, de hacer una comedia espacial. Gunn es conocido por haber imyectado humor en el género de terror con "Slither", una pequeña obra de culto, y parte de su sensibilidad gamberra y de no tomarase a sí mismo demasiado en serio se traslada a "Guardianes de la galaxia". Hay algunos chistes bastante inspirados (en concreto, uno referido a cierta película ochentera) y, como él mismo ha comentado en alguna entrevista, aprovecha todo el colorido y el exotismo de una space opera para su película. Hasta se permite algún detalle que parece unirla con la continuidad hacia "Avengers: Age of Ultron".

El resultado es una película de aventuras muy disfrutable, llena de personajes que funcionan bastante bien, con malos malísimos y con un grupo heterógeneo de héroes que bebe igualmente de la tradición televisiva de Joss Whedon, en la que los protagonistas de sus series, por muy diferentes unos de otros que fueran, terminaban formando una familia entre ellos. De hecho, la nave de Quill tiene al principio un aire muy de Serenity. Y una cosa he de reconocer; nunca se me habría ocurrido que un blockbuster veraniego utilizaría "Cherry bomb", de The Runaways, para ambientar una batalla espacial.

P.D.: Vi "Guardianes de la galaxia" en un preestreno organizado por Sensacine.
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