28 agosto 2014

Un nuevo viejo Doctor

ALERTA SPOILERS:  Seguro que todos habéis visto ya el inicio de la octava temporada de "Doctor Who", pero sólo por si acaso...

Uno de los comentarios más habituales entre los críticos a raíz de “Deep breath”, el arranque de la octava temporada de “Doctor Who”, es el paralelismo que la relación entre Doce y Clara guarda con la de Nueve y Rose al principio de la época nueva de la serie. El foco de atención se sitúa en la acompañante, en sus intentos de discernir quién es ese hombre extraño y loco que la arrastra a aventuras aún más extrañas y locas, y a través de sus ojos, nosotros vamos conociendo también al Doctor. Es curioso que el capítulo recuerde a las primeras temporadas de Russell T. Davies al frente de la serie (hay obvias referencias a “The girl in the fireplace”), cuando la época de Matt Smith aplicó borrón y cuenta nueva sobre buena parte de aquellas cuatro temporadas. Era una tabula rasa necesaria en su momento, y parece que la celebración de sus cincuenta años desde su estreno en la BBC, y el cambio de Smith a un actor más mayor y experimentado como Peter Capaldi, ha animado a Steven Moffat a girar “Doctor Who” hacia algo más básico, como quien dice.

Cuando decimos básico, decimos algo menos enamorado de los puzzles intrincados y muy elaborados que definieron la sexta temporada, algo que intente afianzar bien la relación entre Doctor y acompañante antes de lanzarse a los misterios sobre sus verdaderas identidades. Una crítica muy habitual de los episodios del año pasado era que Clara no terminaba de estar bien definida como personaje, que su función no era más que ser un enigma que el Doctor tenía que descifrar, y eso está empezando a solucionarse. Clara se está adentrando en el territorio de Martha Jones al final de la tercera entrega; desarrolla sus propias armas para salir de situaciones complicadas y aplica las enseñanzas del Doctor, al mismo tiempo que adquiere su propia independencia de él. La sombra de Amy continúa siendo demasiado larga sobre ella (del mismo modo que la de Rose lo era sobre Martha), y eso lleva a que algunos espectadores jamás la acepten en la TARDIS, pero lo que se ve en ese primer capítulo de la dinámica entre Jenna Coleman y Capaldi apunta a cosas muy interesantes para el futuro.

Porque lo más interesante de “Deep breath” no es tanto el misterio de ese “paraíso” al que llega el androide mecánico, sino la cuestión de quiénes son el Doctor y Clara con respecto al otro. ¿Por qué él ha elegido una cara vieja para su nueva encarnación? ¿Qué puede aportarle ella, una vez se resuelve por qué es “la chica imposible”? La evolución de esa relación puede ser divertida de ver (ambos actores despliegan un buen entendimiento en las escenas de mero diálogo que comparten), y es cierto que Doce puede recordar más a Nueve en el sentido de ser más directo y expeditivo que sus seguidores. Como presentación, “Deep breath” se beneficia del propósito de Moffat, reconocido en varias entrevistas, de frenar el ritmo de la serie, de dejar que las escenas sean más largas y que construyan poco determinados aspectos emocionales de sus personajes, o de las situaciones. La conversación entre Vastra y Clara sobre por qué la primera lleva velo, y por qué Clara deja de verlo, habría tenido un encaje algo más difícil cuando Once estaba en plenitud.

Lo más curioso de ese primer capítulo ha terminado siendo algo externo a “Doctor Who”, y es el hecho de haber mostrado, en primerísimo plano, un beso lésbico en horario familiar. El órgano regulador de la televisión británica recibió algunas quejas al respecto (seis, en concreto), cuyo tono ya os podéis imaginar si les molestó eso de un capítulo en el que Vastra y Jenny no ocultan que son dos mujeres casadas entre sí. Sorprende aún más teniendo en cuenta el contexto de la serie, que en más de una ocasión hemos comentado que bien puede ser la más desprejuiciada de toda la televisión. Sólo en cuestión de besos tabúes, de esos que ya no deberían suscitar ni siquiera sorpresa, “Doctor Who” ya tuvo uno entre dos hombres en la primera temporada (entre Jack Harkness, cómo no, y Nueve), otro interracial en la tercera (entre Diez y Martha Jones) y éste entre dos mujeres. Aunque también hay que tener en cuenta que nunca son besos como tales, sino transferencias de algún tipo de energía (lo que acaba siendo un camuflaje sensacional).
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