29 mayo 2016

Vampiros, monstruos y almas torturadas


El terror no es un género fácil en televisión. La tensión o los sustos que se pueden conseguir concentrados en una hora y media de película pueden perder mucho fuelle distribuidos durante trece episodios, y la serie tiene que tener algo más que la sostenga. Intentos recientes como "Scream" o "Hemlock Grove" han dejado bien claro la dificultad de mantener la atmósfera de suspense y miedo, sobre todo si no hay unos personajes detrás con la suficiente fuerza, y mejor no metamos "The Walking Dead" en esta discusión. Lo que al final acaba siendo más inresante es ver cómo resuelve "Penny Dreadful" ese dilema.

Su creador, John Logan, es un gran fan de la literatura victoriana y, sobre todo, del terror gótico y los poetas románticos, y lo que busca es plasmar en pantalla las sensaciones que transmitían esas obras, ya fuera la yuxtaposición de la lujuria (más que el amor) con la muerte, o cómo la represión en público de todos esos deseos no hacía más que favorecer comportamientos totalmente depravados que se llevaban a cabo de manera clandestina. La parte final del siglo XIX es el momento en el que el hombre europeo decide comportarse con el convencimiento de que es superior a todas las formas de vida presentes en la planeta (lo que incluye a las mujeres y al resto de hombres que no han nacido en Inglaterra, o en Alemania, o en Bélgica), y aunque no es algo que "Penny Dreadful" trate directamente, se nota en la manera en la que sus personajes se mueven en el Londres de la época.

Todos ellos están, de algún modo, rotos, hasta Sir Malcolm Murray, el epítome del explorador victoriano, pero donde parece que lo estamos viendo más es con Lily, ese siniestro y, al mismo tiempo. razonable personaje al que interpreta Billie Piper. Su segunda oportunidad en la vida le da una gran clarividencia sobre las cosas que quiere cambiar (de una manera muy expeditiva, todo sea dicho de paso) y sobre las cosas que no está dispuesta a soportar. Y luego tenemos a Vanessa Ives, que parecía que podía conseguir algo de tranquilidad tras el final de la segunda temporada, pero que siempre va a estar peleando contra quien es en el fondo.

Siempre va a estar asediada por entes oscuros, vampiros, demonios milenarios. En algún momento, eso acaba cobrándose un precio (que siempre es el de su salud mental), pero no puede permitirse el lujo de bajar la guardia. La señorita Ives siempre tiene que estar atenta, y siempre necesita ayuda, porque es una labor demasiado ingente para una sola persona. Pero su problema es que la tercera temporada de "Penny Dreadful" arranca con todos los personajes desperdigados por el mundo, y luchando contra sus propios fantasmas, y ella, sobre todo, tiene que retomar el control de sí misma antes de estar en condiciones de enfrentarse a la nueva amenaza que se cierne sobre ella.

"Penny Dreadful" tiene tantos detractores como fans, y aunque sospecho que, si uno no ha leído mucho terror decimonónico, no le pilla el truco a la sensibilidad de la serie, puede ser que los lectores de "Drácula" (cuya estructura epistolar toma prestada el principio de la temporada), "Frankenstein", "El retrato de Dorian Gray" o los relatos de Joseph Sheridan Le Fanu, Horace Walpole o Ann Radcliffe (hasta Henry James) no terminen de conectar con ella. Eso no es malo. Es una serie con una clara apuesta estilística y temática; eso le gana adoradores y expulsa a otros espectadores. Es ley de vida.

Música de la semana: Otra que va ya por una muy avanzada tercera temporada, ésta en BBC, es "Peaky Blinders", la serie de los gángsters de Birmingham en los años 20 con una banda sonora de rock contemporáneo muy potente. Uno de sus artistas de cabecera es Nick Cave, del que utilizan "Breathless" para ambientar una boda.
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