15 noviembre 2016

El oscuro mundo fuera de Westworld


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto el séptimo episodio de "Westworld", es mejor que no sigáis leyendo.

La teoría de que Bernard era un robot era una de las más populares de los fans de "Westworld" desde su inicio (para otro día dejamos el debate de si esta fiebre por especular como locos es buena o mala para el disfrute de una serie), pero la manera en la que la serie la confirma permite abrir otras preguntas bastante más perturbadoras, desde cuál es la verdadera agenda de Robert Ford y qué pretende Delos, la compañía propietaria del parque, hasta cómo va a conseguir Maeve saltarse su programación y ser libre. Porque hasta este séptimo episodio, "Trompe l'oeil" ("trampantojo" en francés), la trama de los trabajadores del parque no acababa de enganchar, mientras la curiosidad de Maeve de saber qué rayos estaba pasando resultaba absorbente. La revelación de la verdadera naturaleza de Bernard cambia las tornas de una manera impredecible.

Y, como decimos, no porque nadie sospechara que el jefe de Comportamiento es, a su vez, un "anfitrión", sino porque las intenciones y propósitos de Ford cada vez parecen más aviesos. Claramente, construyó a Bernard para tener controlado todo el proceso de programación de los robots, ¿pero qué pretende con esa nueva narrativa que está afectando a medio Westworld? ¿Realmente Arnold y él tuvieron un enfrentamiento, o ambos siguen trabajando juntos incluso treinta años después de la muerte del segundo? Si es que está realmente muerto.  No podemos estar seguros de nada con esta serie. Por un momento, hasta parecía que Theresa, y no Bernard, era el robot de incógnito que se ve en los títulos de crédito, o que los dos lo eran, a juzgar por algunas expresionmes de Sidse Babett Knudsen. De hecho, si Theresa era humana, Ford programa a Bernard saltándose las directivas del parque (y las leyes de la robótica de Asimov) y puede utilizarlo como su particular guardia pretoriano cuando quiera.

Que Ford enseñe su verdadera cara permite, también, que nos preguntemos los propósitos de Delos con Westworld. Lo fácil sería pensar que pretenden construir supersoldados con la investigación en construcción y programación de robots humanoides, pero sería mucho más interesante (e inquietante) que la historia se moviera más por los terrenos de "Dollhouse" y su tecnología portátil para "okupar" los cuerpos de otras personas. Es más probable que sea algo más prosaico, pero la dominación mundial de Samaritan no debería descartarse tan rápido.

Lo interesante será ver cómo encajan los despertares de Dolores y Maeve en todo esto, especialmente el de la segunda, que ya es consciente de que vive en un globo de nieve. El de la primera estaba siendo dirigido poco a poco por Bernard (y, por tanto, por Ford), así que tiene algún papel que jugar en ese enfrentamiento con la compañía que, evidentemente, se avecina, pero Maeve apunta a ser un elemento impredecible. O todo lo que pueda serlo dentro de su programación. Porque ahí está el quid de la cuestión en "Westworld": hasta ahora, incluso las "improvisaciones" de los robots, los momentos en los que parecían salirse de sus bucles narrativos, estaban dirigidos o constreñidos por su programación. ¿Llegará el momento en el que logren tomar decisiones por sí mismos?
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