14 noviembre 2016

El reality show de Roanoke


ALERTA SPOILERS: Como no sé muy bien si lleváis "American Horror Story: Roanoke" al día, y ya he renunciado a averiguar qué puede considerarse un spoiler y qué no, aviso de que, por lo menos, se va a desvelar el "giro" a mitad de la temporada.

Nadie esperaba gran cosa de la sexta temporada de "American Horror Story". Las dos últimas no habían convencido a casi nadie (mucho menos "Hotel", acusada por algunos de no ser más que un sangriento y larguísimo videoclip de Lady Gaga) y con Ryan Murphy metido en Dios sabe cuántos proyectos al mismo tiempo, no parecía que su franquicia antológica de terror fuera a remontar el vuelo a estas alturas. Pero la sensación de Murphy de que no le apetecía ver cosas gore y aterradoras después de Acción de Gracias, y de que ya habían agotado la fórmula de la serie, llevó a una especie de reseteo que la ha llevado de vuelta a sus orígenes en el género y hasta le ha permitido deslizar una crítica a la obsesión por la telerrealidad.

El componente metarreferencial de esta temporada es lo más interesante, de lejos, de sus episodios. Además de conseguir algunas imágenes muy perturbadoras, el giro a partir del sexto capítulo, en el que vemos las bambalinas del programa de true crime (¿true horror?) que había comprendido la primera mitad, consigue encontrar una justificación para el uso del found footage que no se vea manida desde el principio, y sitúa la temporada en un terreno más similar al de "UnREAL", y con cosas que decir que no se restringen sólo al típico "la telerrealidad es una explotación indecente de la gente que sale en pantalla". Los actores de "My Roanoke nightmare" se comportan de manera narcisista, por ejemplo (tremendo el mensaje de Audrey de que siente dejar a sus fans sin nuevas interpretaciones suyas si muere en la casa), lo que deja algunos momentos de humor negro realmente divertidos, y las personas reales involucradas en todo el circo intentan justificar su participación en esa maldita segunda parte con la excusa de que, así, arreglarán las relaciones que estropeó el éxito del primer programa.

Esa interrelación entre la ficción y la realidad, esa explotación de un éxito más allá de lo recomendable, esa obsesión de los fans por hacerse con su propia corte de seguidores destapando antes que nadie los secretos del programa... Ahí es donde "American Horror Story: Roanoke" ha revitalizado su fórmula. El juego meta de los actores y las personas reales a las que interpretan resulta divertido y permite que, aunque la temporada sea muy sanguinaria, nunca acabe de tomarse a sí misma demasiado en serio, ni cuando se transforma en algo parecido a "Holocausto caníbal". Parece lanzar la pregunta de si no deberíamos tener más cuidado con querer tener lo que deseamos, de si no deberíamos darnos cuenta de que lo que vemos en televisión no es "real", por mucho reality show que sea.

Es bastante curioso ver esta temporada después de "The people vs O.J. Simpson", y no sólo porque los Marcia Clark y OJ ficticios interpreten a un joven matrimonio, sino por esa misma ambientación en un fenómeno mediático que se lleva demasiado lejos. Esta "My Roanoke nightmare" y su continuación destrozan literalmente las vidas de los implicados (porque las conduce a muertes violentas y terribles) y deja las cosas, de cara a su final, en un punto bastante interesante. "American Horror Story" ha encontrado la manera de recuperar esa parte intermedia de su título, el terror, y de hacerlo con muchos menos artificios y cierto sentido del humor.
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