06 noviembre 2012

El charlestón de Lady Edith

ALERTA SPOILERS: A falta del especial de Navidad, "Downton Abbey" ha terminado la "temporada regular" de su tercera etapa. Si no habéis visto al señor Molesley blandir un bate de críquet, mejor no sigáis leyendo.

La tercera temporada de "Downton Abbey", al final, no se ha dejado arrastrar por ese raro, por inusual, momento de emoción casi sin filtrar que deparó la muerte de Sybil en el quinto episodio, y el tono ha vuelto a ser el mismo de amabilidad, ligera ironía y culebrón high class que nos enganchó en el otoño de 2010, con sus altibajos, sus giros de guión un poco venidos desde la nada y más contención (y menos prisas) que en la segunda temporada. Creo que ya hemos comentado que aquí, entrando ya en los años 20 y el periodo de entreguerras, se ven de verdad los cambios que nos dijeron que llegarían con la Primera Guerra Mundial en la segunda temporada, y no sólo a través de esos nuevos vestuario y peluquería. La breve, e hilarantemente incómoda, visita de Matthew, Edith y su tía al club de jazz termina de presentar esa pugna entre los aires de modernidad que soplan por todas partes y el status quo de Downton, que de momento sólo se ha visto rozada por dichos vientos.

Las dificultades económicas de Lord Grantham son la puerta por la que entran principalmente los cambios, propulsados por un Matthew que se ha quedado bastante estancado como personaje (Mary funciona mucho mejor cuando no está emparejada en las escenas con él) y un Branson que ha aceptado que no es ninguna desgracia para él quedarse con la familia de su difunta esposa y ser de provecho allí. Desde la muerte de Sybil, las mujeres de la casa han terminado tomando el mando de muchas de las cosas que ocurren, tanto arriba como abajo de las escaleras, y hasta todo el escándalo de Thomas está impulsado y, al final, solucionado por las mujeres (aunque Bates juegue ahí su papel). Mrs. Hughes, además, se ha ganado una reputación de "Señor Lobo" del servicio, capaz de encontrar una solución para prácticamente cualquier cosa, que la ha convertido en uno de los personajes más entretenidos de esta temporada.

Todo el asunto de Thomas y su intento de seducción del vanidoso y pagado de sí mismo, pero muy ingenuo, Jimmy ha puesto algo de salsa a los capítulos finales, con la incertidumbre de si Thomas acabaría en la cárcel (la homosexualidad era delito en el Reino Unido en aquella época), si lo echarían sin contemplaciones de Downton o si, al menos, le darían unas referencias decentes que le permitieran seguir trabajando en el servicio. Sí, la actitud de todos menos Carson hacia la homosexualidad de Thomas puede ser algo anacrónica, pero no ha dejado de ser muy divertido ver cómo todo el mundo se sorprendía de que el mayordomo no tuviera ni idea de lo que pasaba con su lacayo. Y luego tenemos, entre muchas otras cosas, a la pobre Lady Edith intentando recuperarse de que la dejen en el altar y dando sus primeros pasos como articulista.

Que Edith vaya labrándose su propio camino es una de las subtramas más interesantes porque la hace evolucionar definitivamente de la chica que sólo quería hundir a su hermana mayor del principio. Tiene muy mala suerte en temas románticos (es como si le hubiera mirado un tuerto) pero al menos ha aceptado con cierta resignación que en ese aspecto no lo tiene fácil y centra sus esfuerzos en hacer algo de provecho con su vida. De todos modos, el final de la "temporada regular" ha sido un poco anticlimático. Sin una epidemia de gripe que ponga a todos los personajes en riesgo, como que le faltaba un algo.
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