14 noviembre 2012

Realityeros anónimos

Ni "Arrow", ni "Revenge", ni "Dallas" ni "Gossip Girl" ni, el año pasado, "Ringer". Los genuinos placeres culpables de la televisión son los realities, y no me estoy refieriendo a los que todo el mundo ve, tipo "The amazing race", "Survivor", las diversas versiones de "The X Factor" o "La voz" (hasta "¿Quién quiere casarse con mi hijo?"); me refiero a cosas más oscuras y menos conocidas por estos lares, pero que son de gran ayuda para rellenar las parrillas de Nova y Divinity con horas y horas de programación barata. Incluso programas que de golpe son seguidos por un montón de gente, como "Here comes Honey Boo Boo", entran también en el categoría de placer culpable porque, por muy autoconscientes que sean, no dejan de ser muy trash. Yo no suelo seguir realities a ritmo americano (excepto "Top Chef"), pero son mi perdición si me los encuentro zapeando a la hora de la cena, por ejemplo. Sólo así se explica que viera, y me divirtiera enormemente, "Scream queens", un concurso realmente casposo donde varias perras del infierno competían para ganar un papel en una película de la saga "Saw". Os podéis imaginar qué tipo de papel era y lo rápido que morían.

Hubo una temporada, al principio de que MTV empezara a emitir en abierto en la TDT, en que su parrilla de realities era un gancho infalible, empezando por "Made" y terminando con "Mis felices 16" y "Teen cribs" (pero nada de "Embarazada a las 16". El nivel de white trash de parking de caravanas que suele haber ahí es excesivo para mí. Y la vergüenza ajena que se alcanzaba con "Paris Hilton's My new BFF", también). Ahora han perdido parte de su encanto, y hay que salir a buscar realities absurdos para engancharte a otros sitios. A Divinity, por ejemplo, experta en programas centrados en tiendas de novias repolludas y en realities de decoración como "Tu casa a juicio" (sí, a todo le añaden la coletilla "a juicio", aunque no tengan nada que ver con el formato de "Tu estilo  a juicio"). O a Discovery MAX, que tiene realities absurdos que valen su peso en oro siguiendo a leñadores, embargadores de coches, gente peculiar que vive en en los pantanos de Florida (creo que es Florida) y luego tiene también "L.A. Ink", que nos muestra el día a día de una tienda de tatuajes de Los Ángeles en el que lo fascinante es ver cómo, a veces, los tatuadores casi son más psicoanalistas de sus clientes que meros tatuadores.

Hay más que me estoy dejando por el camino, pero el que no puedo olvidar es "Man v. Food", o "Crónicas carnívoras", como se llama en Energy, el programa en el que Adam Richman recorría todo Estados Unidos buscando restaurantes, bares, tascas y diners populares que tuvieran entre sus especialidades uno de esos retos de comer mucho que tanto les gustan a los norteamericanos. El reto lo mismo puede ser comerse cinco superpicantes buñuelos de jalapeños o un sandwich de pollo y queso que alimentaría a padre, madre, tres niños, el abuelo y el primo que ha venido de visita, y no es de extrañar que, para cuidar un poco la salud de Richman y darle más variedad, en la cuarta y última temporada fuera un seguidor del programa el que se enfrentara a los desafíos. "Man v. Food" terminó el pasado mes de abril, lo que es tanta lástima como la cancelación de "Ace of cakes" (que en Divinity han traducido como "Dulces e increíbles"), el mejor reality de pasteleros que veréis.
Publicar un comentario en la entrada