29 noviembre 2012

La revolución televisada

Si tenéis por costumbre leer blogs televisivos estadounidenses, seguro que os habréis encontrado en muchos de ellos reseñas o comentarios sobre "The revolution was televised", un libro del crítico Alan Sepinwall que hace un repaso por esos años entre 1997 y 2007/08 en los que la ficción televisiva cambió por completo, y de un modo mucho más claro, concreto y radical que en todos los momentos anteriores en los que surgieron series que la llevaron a evolucionar. El repaso se hace a través de diez series ("Oz", "Los Soprano", "The Wire", "Deadwood", "The Shield", "Perdidos", "Buffy, la cazavampiros", "24", "Battlestar Galactica", "Friday Night Lights", "Mad Men" y "Breaking Bad") y Sepinwall cuenta en cada uno de los capítulos dedicados a ellas con impresiones y recuerdos de algunas de las personas implicadas en ellas. Yo todavía no he lo he leído (caerá en breve), pero su temática es lo suficientemente interesante como para tratarla antes de haberle echado un vistazo (está disponible para eBooks varios y en papel a través de Amazon). El propio Sepinwall ha explicado en varias entrevistas por qué eligió esas diez series y no otras, señalando que son las que, a su juicio, representaron un cambio más dramático en la evolución de la ficción televisiva.

Por supuesto, podríamos volver a traer a colación esa vieja cruzada de que la televisión existía antes de "Los Soprano" y de que hay vida más allá del cable, pero la muestra de series es bastante representativa de ese cambio de paradigma, de esa querencia de los creadores por tratar temas nuevos, o darle nuevos enfoques a temas ya muy tocados, de trastocar las convenciones narrativas a las que los espectadores estábamos acostumbrados y, en general, de hacer en gran medida lo que quisieron con sus series. Por lo poco que he podido ir leyendo aquí y allá, da la sensación de que se cuentan cosas realmente curiosas del accidentado y acelerado proceso de creación de "Perdidos", y de que David Chase, sin explicar el final de "Los Soprano", sí desvela algunos aspectos interesantes de esa serie, que casi todos los críticos coinciden en señalar como el punto de inflexión en toda esta llamada "edad dorada". Y también parece que apunta que esa década fundamental fue un poco una excepción, una "idea feliz" que luego ha intentado repetirse e igualarse, sin éxito.

En el nacimiento de muchas de esas series influyeron cadenas que estaban en una situación tan desesperada, que estaban dispuestas a intentar cualquier cosa; cadenas que buscaban crearse una imagen de marca que las distanciara de sus competidoras y guionistas que querían seguir una visión personal sobre determinado asunto. Lo que resulta llamativo, y tanto Sepinwall como otros blogueros lo han puesto de manifiesto, es que todos los creadores de estas series son hombres blancos y que sus protagonistas son, mayoritariamente, hombres blancos atravesando algún tipo de crisis. Evidentemente, hay material para otro libro explorando, por ejemplo, las series con mujeres fuertes en su centro, un tema que tocaban no hace mucho en "The Daily Beast", pero sosteniendo que muchas protagonistas femeninas habían perdido fuerza.

Lo cierto es que, este año, ha resultado bastante curioso comprobar que, por ejemplo, son mujeres las que impulsan la trama, principalmente, en "Once upon a time" (si descontamos al señor Gold), una serie en la que cada vez que introducen un personaje masculino nuevo, lo hacen más como "factor palote" que como otra cosa. Y es verdad que en las dos últimas temporadas se han estrenado bastantes más comedias con personajes femeninos en su centro (y creadas por mujeres), y que todo esto se ha dado más, en general, en las networks. El cable todavía es un mundo bastante dominado por el hombre blanco protestante en crisis, por muchas "Girls" y "Veep" que emita HBO.
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