27 mayo 2015

Furiosa, Max y una guitarra en llamas

El cine de acción no suele tener una buena reputación. Pero también es verdad que no es tan sencillo hacer buenas películas de acción, títulos en los que no sólo haya peleas y persecuciones, sino que además tengan una historia y unos personajes que te enganchen un poquito. O, si no es así, por lo menos deben ofrecer unas escenas de acción que merezca la pena ver en el cine. Hollywood, por ejemplo, no es capaz de encontrar recambio para las estrellas del género de los 80, aquellos Sylvester Stallone, Arnold "Governator" Schwarzenegger, Steven Seagal o hasta Chuck Norris, que se juntan en la saga de "Los mercenarios" y arrasan en las taquillas mientras gente como Jason Statham o Vin Diesel no logran alcanzar la misma estatura, por mucho que Diesel tenga la franquicia "Fast & Furious" tras él.

No es de extrañar, entonces, que cuando se desveló el trailer de "Mad Max: Furia en la carretera", en la Comic-Con del año pasado, la cinta de George Miller pasara a estar, automáticamente, en lo más alto de una muy corta lista de renovadoras del género, y encima utilizando prácticamente los mismos trucos de siempre. Tom Hardy, que interpreta a Max, decía en alguna entrevista promocional que Miller había "reinventado la rueda", y aunque puede sonar un poco grandilocuente, algo de razón tiene. El veterano director (que acaba cumplir nada menos que 70 años) inyecta un gran chute de adrenalina y de acción rodada con cámaras digitales, pero hecha a la vieja usanza (con dobles, explosiones y trucos fotográficos, pero en su gran parte sin CGI), y deja de paso a las otras películas de acción recientes como si fueran nada más que aprendices.

La locura que se apodera de Max, traumatizado por todo lo que ha vivido (y ha perdido) en ese desierto post-apocalíptico, se traslada al ritmo de la película, que es un western de forajidos sanguinarios persiguiendo a un grupo de personas que sólo quieren escapar de ellos. La relevancia que "Mad Max" da a esas mujeres y, especialmente, a Imperator Furiosa y su búsqueda de redención, y sed de venganza, ha sido de lo más comentado sobre todo en las webs estadounidenses, que han querido ver lecturas políticas de todo tipo en ella sobre el feminismo y la evolución del rol de los hombres en los últimos tiempos. Esas lecturas se pueden hacer, aunque en realidad, la única bien clara que Miller se permite es la del levantamiento popular del tirano, y no son esas discusiones filosóficas y éticas lo que interesa a "Mad Max".

Lo que le interesa es ofrecer al espectador el mayor espectáculo posible, y eso incluye un guitarrista kamikaze flamígero que ya da una idea de esa locura adrenalínica que es la cinta. Max es muy Shane de "Raíces profundas", o muy Clint Eastwood en "El jinete pálido", el desconocido del western que ayuda a alguien en problemas y luego se marcha, pero también es verdad que Furiosa (y una entregada Charlize Theron) es uno de los personajes revelación del año. "Mad Max" es acción que no se va por las ramas, muy bien rodada (lo que no es tan fácil como parece) y muy entretenida. Tal y como está el patio con los blockbusters veraniegos, es algo que no hay que pasar por alto.
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