19 febrero 2016

El poso

"Esta es una película de las que deja poso". Seguro que habéis leído esa frase en más de una crítica, muchas de películas que tratan temas difíciles o muy serios. Se refiere a filmes que cuesta sacudirse de encima, que no son de lo que olvidas en cuanto sales del cine. Podríamos decir que son películas sobre las que sigues pensando unos días después de haberlas visto, o que mejoran al día siguiente, dando de margen la noche para madurarlas. No son iguales para todo el mundo, pero si te topas con una de ellas, es que tenía algo especial.

"La bruja" es una de esas películas. Es una historia de fanatismos religiosos, miedos primordiales, supersticiones variadas y mujeres reprimidas ambientada en las primeras colonias inglesas en Estados Unidos, a mediados del siglo XVI. Aquellos colonos (muchos, puritanos) habían huido de Inglaterra por cuestiones religiosas y, en el nuevo mundo, habían establecido sus asentamientos siguiendo sus rígidos principios morales, y confiando en la oración para solucionar todas sus desgracias. Y a la familia protagonista le pasan muchas. "La bruja" ha recibido muchos premios en festivales (de Sitges a Sundance) por la seguridad en sí mismo con la que la dirige un debutante como Robert Eggers y por su aire de leyenda popular, de historia de Filandón, de cuento de hadas oscuro y primitivo. Y por seguir un camino poco transitado en el terror actual.

"La bruja" es la película con la que se presentó ayer la 13ª Muestra Syfy, y la reacción del público dejó clara que no es una cinta para los aficionados del horror convencional. Pero, curiosamente, sí es un filme sobre el que sigues pensando el día después de verla: sobre esas imágenes que parecen sacadas de un cuadro (Eggers afirma haberse visto muy influido por las pinturas negras de Goya), sobre la situación imposible de Thomasin, sobre la cerrazón y fe ciega de sus padres, que se refugian en la oración para no ver el peligro que tienen delante, sobre lo que representa la bruja del bosque... Eso quiere decir que es una película con un algo especial. No da miedo, pero sí tiene un poso inquietante.

En los últimos meses, ha habido más películas de "reflexionar", de las que piensas en ellas bastante después de haberlas visto. "Spotlight" es una candidata clara y también lo es "Carol", sobre todo por la manera en la que se cuenta esa historia de amor. O el documental "Tig" por esa lucha de su protagonista por superar los obstáculos que le va poniendo la vida. Pero también lo puede ser, en mi caso, al menos, "Star Wars. El despertar de la Fuerza". Sólo el papel de Rey da para pensar bastante sobre ella, hasta más allá de las teorías de los fans sobre su verdadera identidad. O "Magical Girl", que es una propuesta tan diferente, que es inevitable seguir dándole vueltas unos días más tarde. Ese "poso", que no se puede predecir, es una buena referencia para saber si una película nos ha convencido. A veces.
Publicar un comentario en la entrada