18 agosto 2016

El exceso del Bronx


Baz Luhrmann no es plato de gusto para todo el mundo. Su estética excesiva y colorida, su querencia por las emociones exageradas y los decorados que parecen sacados del videoclip de "Poker face", de Lady Gaga, y que siguen la filosofía vital de "Más es más", de Fangoria, se le atragantan a más de uno, y eso sólo en películas de dos horas largas, que llegan espaciadas por varios años. ¿Qué pasa, entonces, si aplicamos todo lo que Luhrmann implica a una serie de televisión? El director es el principal impulsor y el creador de "The Get Down", título de Netflix que cuenta el ascenso del hip-hop en la Nueva York arruinada de los años 70, y con las historias que han aparecido sobre su complicada producción (y la decisión de Netflix de dividir la primera temporada en dos partes), esos espectadores reticentes podían estar esperando una completa locura.

El resultado no llega a ese nivel. La mezcla y el pastiche de géneros y tonos sí está all over the place, que dirían los anglos, y la sensación de exceso y de querer abarcar mucho está muy acentuada en el primer episodio, de 90 minutos, y que dirige el propio Baz Luhrmann. Sin embargo, y aunque el collage continúa, "The Get Down" se centra más en los siguientes capítulos, lo que le resta, paradójicamente, algo de empuje.  De hecho, las críticas alternan entre quienes creen que es una decepción y quienes sostienen que es vibrante, pero le cuesta mantener esa exuberancia de su estreno, y que es en parte donde está la diferenciación de "The Get Down" de otras series. Los momentos musicales son un chute de energía y vitalidad juvenil, pero el resto de la historia funciona a ratos.

Las expectativas que levanta no sólo que el cineasta australiano se pasara a la televisión, sino que lo haya hecho en Netflix, no juegan a favor de la serie. Luhrmann puede ser, a veces, todo estilo y poca sustancia, y quien busque originalidad en sus películas, es mejor que se dedique a otra cosa, pero sí es verdad que, poco a poco, se van construyendo algunos personajes con cierto encanto. Los toques de filme de Bruce Lee cada vez que aparece Shaolin Fantastic hasta tienen cierta gracia, y si pensamos que toda la serie forma parte de las canciones de Zeke, tal vez hasta veamos de otro modo su montaje caótico y sus drásticos virajes estilísticos. Eso sí, es una ventaja que Netflix haya dividido la temporada en dos. Doce episodios de "The Get Down" habrían sido, quizá, demasiados para la táctica del maratón.
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