19 agosto 2016

¿Hay que odiar con fuerza para ser un fan de verdad?


Viajemos por un momento en el tiempo hasta el verano de 2010. LeBron James, entonces en su primera etapa en Cleveland Cavaliers, era agente libre y anunciaba que se llevaba "sus talentos" a Miami Heat, donde estaría tres temporadas. La respuesta de los fans de los Cavs fue furibunda: se llegaron a quemar sus camisetas en la calle y, cuando James fue a Cleveland a jugar con los Heat, los abucheos que le caían eran de campeonato. Algunos periodistas deportivos estadounidenses hasta afirmaron que todo ese odio era síntoma de que aquellos eran fans de verdad de los Cavaliers, que no había otro modo de apotyar a un equipo que detestar a tu rival más encarnizado, a tu estrella que se marcha a otro lugar (LeBron volvió después a Cleveland y ha ganado allí un anillo de campeón de la NBA, pero eso es otra historia).

¿Puede aplicarse esta filosofía a la cultura popular? ¿Son más fans los que llevan dos días protestando, de la manera más ofensiva posible, porque Mary Jane está interpretada por Zendaya (una chica negra) en "Spider-Man: Homecoming"? ¿Hay que despreciar por sistema a todo el que no ve una serie del mismo modo que tú? ¿Son seguidores de verdad de "Steven Universe" los que terminaron forzando a una de sus ilustradoras de storyboard a dejar Twitter porque no les gustaba que sus dibujos parecieran sugerir un ship diferente del que ellos apoyaban? Para demostrar ser un fan de los más implicados, ¿es obligatorio perseguir en redes sociales y molestar a constantemente a otros fans que no compartan tus puntos de vista? ¿Hay que demostrarlo acosando a los creadores por Twitter cuando hacen algo que no encaja en la idea mental que yo tengo de la serie, o la película, o los libros?


Así parece estar, ahora mismo, la discusión sobre el estado del fandom en internet. O por ahí es donde tendría que haberse llevado sobre aquellos artículos, de hace meses, que intentaban dilucidar si el fandom estaba roto. Uno de ellos apuntaba que, en las reacciones en redes sociales, la conversación parecía haber girado hacia una cultura de la indignación; la postura por defecto ante cualquier anuncio que afecte nuestro pedazo de cultura pop favorito es estar a la defensiva y gritar que Hollywood aparte sus sucias manos de él. Queremos que aquello que adoramos se mantenga conservado en carbonita, y si alguien osa cambiar algo de él, tiene que ser algo acorde con lo que nosotros pensamos que se podría mejorar.

Es curioso recordar, en medio de todo esto (y por apartarnos un poco de las desagradables connotaciones sexistas y racistas que tienen últimamente muchas de las controversias alrededor del fandom), los monumentales cabreos que se agarraron los fans de las "Star Trek" y "Battlestar Galactica" originales cuando se anunciaron tanto "La nueva generación" como la nueva versión de 2003. Los primeros afirmaban que no podía hacerse "Star Trek" sin Kirk y Spock, y los segundos llegaron a montar su propio grupo para criticar la reimaginación de Syfy, Galactica In Name Only, o GINO, donde protestaban, por ejemplo, porque Starbuck se había convertido, ahora, en una mujer. Cuando ambas series se estrenaron, esas protestas perdieron importancia. Hay muchos GINOs sueltos por internet.
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