07 agosto 2016

Las sagas relanzadas


El cine comercial funciona en la actualidad a base de sagas. El éxito de la estrategia de Marvel, que básicamente está haciendo una carísima y muy larga serie de televisión en pantalla grande con todos sus superhéroes conectados, ha hecho que todos los estudios quieran explotar sus propias trilogías, tetralogías, heptalogías y lo que haga falta, buscando un valor más o menos seguro en taquilla. Los estudios ya sólo hacen grandes blockbusters (las tentpoles, que las llaman, porque son los estrenos que anclan todo el año) y películas que puedan promocionar para los Oscar, y para los primeros hace falta que internacionalmente tengan también potencial para recaudar cientos de millos de dólates,

El resultado es que se recurre a los superhéroes, en el caso de Disney/Marvel y Warner/DC, o se desempolvan otras sagas que ya funcionaron bien antes, como ocurre con Universal y Jason Bourne. La historia del espía amnésico que intenta averiguar quién es, y por qué la CIA lo está persiguiendo por media Europa, arrancó en 2002 con "El caso Bourne" y alcanzó sus mayores cotas con las siguientes dos entregas, dirigidas por Paul Greengrass. Su estilo visual, sobre todo para rodar las peleas cuerpo a cuerpo, cambió la manera en la que se mostraba la acción en bastantes cintas, buscando algo, dentro de lo que cabía, más realista, y con "El mito de Bourne", en 2007, parecía que la historia ya había alcanzado su punto y final.

Pero Universal no tiene los derechos de James Bond, por ejemplo, y no ha tenido tampoco sagas juveniles que estirar más allá de los tres libros en los que se basan, así que tiene que intentar relanzar cosas como las historias de espionaje, traiciones y acción a raudales de Bourne. Su primer esfuerzo, "El legado de Bourne", tenía a Jeremy Renner como un suplente que buscaba aprovechar el tirón que pudiera tener de su participación en "Los Vengadores", pero para relanzar a este letal agente de operaciones encubiertas había que recurrir de nuevo al tándem Damon-Greengrass. Es lo que ha hecho "Jason Bourne", que abre otra vez el libro del pasado de su protagonisra para buscar una nueva historia, para reabrir de algún modo la que parecía cerrada al final de la tercera entrega.

Como es habitual en todas estas películas que quieren relanzar una saga, con el propósito de llegar a todo un nuevo público que antes no era fan, "Jason Bourne" resume, más o menos, quién es su protagonista, y por qué se mantiene oculto de los omniscientes ojos de la CIA y la NSA, pero lo hace fiel a su estilo, de la manera más parca en palabras posible. Ni siquiera se elabora demasiado el principio de la rivalidad entre los personajes de Tommy Lee Jones y Alicia Vikander en la agencia; se va directamente a lo que mejor se le da, a las persecuciones y la acción sin descanso. Lo que ha perdido es la novedad de las primeras películas que, en una época en la que el cine había ido escorándose más y más hacia una acción a lo "Matrix", optaron por un esquema más de la vieja usanza, con luchas a puñetazos en sitios estrechos.

Hasta la televisión ha mejorado y superado ya aquel esquema, por lo que a "Jason Bourne" le queda utilizar de fondo la táctica de la inteligencia estadounidense de monitorizar todas las comunicaciones que hagan los usuarios de internet. Entretiene, que ya es bastante, pero lo que es esa película se encapsula bastante bien en el nuevo remix de la canción con la que acaban siempre todas las cintas de Bourne, "Extreme ways", de Moby: es lo mismo, pero no es exactamente igual.

Música de la semana: La fiebre por "Stranger things" no se ha calmado todavía, así que no está mal repescar una de las canciones de su banda sonora. En este caso, es el mayor éxito de Modern English, banda británica que, en 1982, lanzó "I melt with you". Es una canción tan fácilmente reconocible de la época, que no sólo la utilizado "Stranger things", sino también "The Americans", "The Carrie Diaries", "Gossip Girl", "Scream Queens" o "The Goldbergs".
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