16 agosto 2007

Bourne en acción


Sólo un nombre no es suficiente para saber quién eres. Al final de "El mito de Bourne", Jason Bourne recibe una llamada telefónica que le dice cuál es su nombre real, dónde nació, pero eso no es suficiente para saber quién es, cómo se convirtió en lo que es ahora. Lo peculiar de "El ultimátum de Bourne", la tercera película de la saga del agente desmemoriado, es que no sólo retoma la acción donde la dejó la segunda, sino que empieza contándonos qué hizo Bourne entre su viaje a Moscú, para saber quién fue su primer objetivo como agente de la CIA, y su aparición final en Nueva York.

Y vaya que si le pasan cosas. Greengrass rueda con el nervio y la inmediatez adquiridos tras su paso por "World in Action", un programa de reportajes de la televisión británica que investigó asuntos como la trama de los Seis de Birmingham y llegó a introducirse en el servicio secreto británico. Su estilo casi documental, casi siempre con la cámara al hombro, nos mete por todas partes, se mezcla entre la gente que sigue con sus vidas mientras la CIA, en este caso, actúa con impunidad en cualquier lugar del mundo, sabiéndolo todo sobre todo el mundo, eliminando "elementos" que representen una amenaza incluso aunque sean sus propios agentes e incluso aunque haya que hacerlo en medio de la muchedumbre que atesta la estación londinense de Waterloo. Cualquier obstáculo en el camino de la consecución de sus fines es quitado de enmedio sin más contemplaciones que enviar al móvil del ejecutor la foto de su objetivo.

Si "El caso Bourne" y su secuela nos presentaban los primeros esfuerzos de Jason Bourne por recuperar la memoria y su identidad, en ésta se encuentra ya muy cerca de alcanzar la meta y todo se precipita. Se suceden las persecuciones y las peleas, apenas hay un minuto de respiro y, cuando Bourne consigue alguno, la calma no es tal, porque él sigue sin saber quién es. Esta búsqueda de su identidad ha hecho que algunos críticos digan que Jason Bourne es un espía del siglo XXI, pero en realidad, sus películas se construyen sobre otros títulos, como "The french connection", películas de acción orgullosas de serlo, bien planteadas y que saben que el ritmo y la tensión no están en la espectacularidad de los efectos especiales.

P.D.: No os vais a librar de la curiosidad musical de turno, no señor. En este caso, y para unir todavía más "El mito" y "El ultimátum de Bourne", la canción que cierra ambas películas es la misma, "Extreme ways", de Moby.
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