06 agosto 2007

La tuba azul

ALERTA SPOILERS: Si aún no habéis tenido la suerte de ver el final de la segunda temporada de "Cómo conocí a vuestra madre"... No sé a qué estáis esperando. Luego podéis volver a esta entrada.

La primera temporada de "Cómo conocí a vuestra madre" prometía cosas interesantes. Jugando no sólo con las convenciones de la sitcom, sino también con las de la comedia romántica y con esa tendencia a cierta serialización de los nuevos dramas de una hora (la serie había conseguido una mezcla nada fácil que, sin embargo, funcionaba. Y la precisión de ese funcionamiento se hizo todavía más patente en la segunda temporada. Por ejemplo, en la utilización de la tuba azul, y cómo Ted se la regaló a Robin, para contar el final de su historia. La narración del Ted del futuro permite múltiples saltos adelante y atrás en el tiempo, utilizados para potenciar los chistes (o directamente como chiste, sobre todo cuando muestran a Lily, Marshall y Ted en sus primeros años en la universidad) y para jugar con el misterio en el desarrollo de ciertas líneas argumentales (la ruptura de Ted y Robin se extiende de esa manera durante dos capítulos, mostrándolos cubiertos de salsa de tomate, y no explicando el porqué hasta el final del siguiente episodio). Esos saltos, los juegos de palabras, las competiciones absurdas e hilarantes, los comportamientos de sus personajes... Todo forma parte de un mecanismo que, como en todas las comedias, es muy preciso y que en la segunda temporada funciona sin esfuerzo aparente, dando una impresión de sencillez que es el mayor cumplido que se le puede hacer.

Además, hay otro personaje que ha ido ganando con el paso de los capítulos, aparte de ese Barney demoledor, incluso en su faceta más vulnerable, y ése es Robin, siempre que se mantenía alejada de Ted. Sin contar el apoteósico momento de Robin Sparkles, uno de sus mejores gags es ese homenaje al Señor Lobo de "Pulp Fiction" cuando ella y Lily llenan el interior del coche de Marshall de comida tailandesa. A Robin le pasa un poco como a Rachel (perdón por tener que sacar "Friends"), que era muy divertida siempre que estaba fuera de la "zona de influencia" de Ross. Una cosa muy interesante es ver el esfuerzo por conseguir que los personajes evolucionen, por dotarlos de humanidad. Lógicamente, Barney es el caso paradigmático, y su descacharrante paso por la versión americana de "El precio justo", y su labor en la reconciliación de Lily y Marshall, bien lo prueban.

La próxima temporada encontrará a Ted de vuelta en el punto de partida: soltero y buscando novia. Marshall y Lily buscarán su propio piso (aunque ya vimos que no les fue muy bien cuando pasaron unos días sin Ted) y se desconoce el rumbo que tomarán los otros dos. Lo único que necesita esta serie es algo más de audiencia, para que el mes de mayo no vuelva a ser, otra vez, una tortura mientras la CBS decide su futuro. La nominación al Emmy de Neil Patrick Harris quizá ayude a atraer más espectadores. Por cierto, una pequeña curiosidad que acabo de descubrir: "Something blue", el título del final de temporada, era también el título de un episodio de la cuarta temporada de "Buffy" que se centraba en la "adicción" a la magia de Willow. "Bachelor party", por su parte, comparte título con un capítulo de la primera temporada de "Ángel".
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