28 enero 2015

El tirón de la Super Bowl

La Super Bowl es el evento televisivo más importante en Estados Unidos, lo suficientemente importante para que las cadenas se repartan su retransmisión cada año. Los casi cien millones de espectadores que la final de la NFL puede congregar frente al televisor son un activo demasiado goloso para que los canales los dejen pasar, así que, desde hace ya unas cuantas décadas, intentan aprovechar el tirón del partido para promocionar alguna de sus series de la temporada. Una práctica bastante habitual era, por ejemplo, emitir el primer episodio de alguna de ellas en el deseado horario post-Super Bowl, una táctica que se siguió con “Aquellos maravillosos años”, “Homicidio” y otras series para las que aquel escaparate no fue de ninguna ayuda a la hora de llamar la atención de la audiencia. También se siguió esta estrategia con programas como “Jimmy Kimmel Live!” y, más recientemente, “Undercover Boss” y “The Voice”, y la noción que se tenía de este hueco es que era el más prestigioso que se podía dar a una serie.

Se consideraba que las cadenas lo utilizaban para subir la audiencia de títulos en los que tenían confianza, títulos que podían emplear la Super Bowl como trampolín hacia el éxito masivo. A “Anatomía de Grey”, desde luego, ese empujón le vino muy bien, pero lo cierto es que no es una estrategia que funcione de verdad. O, al menos, no funciona igual para todas las series, y ya no es tan efectiva desde hace unos años. La serie que se emite después de la Super Bowl puede tener una exposición a la audiencia exponencialmente más grande que en su horario habitual, pero eso no garantiza que los espectadores vayan a ver el siguiente episodio. El caso reciente más claro lo vimos el año pasado con “New Girl”; su audiencia semanal apenas varió después de tener a Prince dando lustre a su episodio post-Super Bowl. Continuó siendo igual de pequeña.

En realidad, en la actualidad, el Partido por antonomasia en Estados Unidos sólo sirve para consolidar series que ya son un éxito. “Anatomía de Grey”, por ejemplo, ya estaba funcionando bien antes de emitirse en ese escaparate, y “Friends”, “Alias” y “Expediente X” se programaron como lead-outs cuando estaban, respectivamente, en la segunda (las dos primeras) y la cuarta temporadas, y cuando FOX utilizó la Super Bowl para lanzar “Padre de familia” y “American dad”, les puso a ambas series como paraguas capítulos especiales de “Los Simpsons”. Una serie que tenga un seguimiento muy escaso no va a verse especialmente beneficiada por el tirón de la NFL. Y hasta títulos que están yendo bien, como “Elementary”, tampoco consiguen aprovecharlo. Así que, en esa tesitura, lo que se busca es consolidar los éxitos, que es lo que NBC pretende este año con “The Blacklist”.

Es de los pocos éxitos de la temporada pasada que están manteniendo buenas cifras de audiencia en su segundo año en antena (el desplome de “Sleepy Hollow” es digno de estudio), y lo que la cadena confía es que la Super Bowl no sólo la acerque a un público todavía más amplio, sino que la mayoría de ese público la acompañe a su nuevo horario de los jueves, donde la competencia de las series de Shonda Rhimes en ABC da pánico. El perfil de la audiencia de “The Blacklist”, en teoría, le permite competir por un sector un poco diferente del que ve “Scandal”, pero nunca se sabe cómo funcionará un cambio de día después de casi tres meses fuera de la programación. La ventaja es que “The Blacklist” no es demasiado serializada y puede resultar más fácil que nuevos espectadores se suban al carro en el ecuador de la temporada. O eso es lo que espera NBC.
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