05 junio 2008

Los chicos de la prensa

"State of play" es un thriller político entremezclado con la investigación de una extraña muerte, cierto. Pero no es el joven diputado Steven Collins o el policía Bell los que centran la acción o los que nos prestan su punto de vista en la historia, muy al contrario; son los periodistas del ficticio "The Herald" nuestros ojos, nuestras mentes y nuestros corazones en esta historia. A lo largo de los seis capítulos, los vemos perseguir una historia que puede significar el mayor bombazo de sus carreras, hablar con sus fuentes, llamar a todas las puertas posibles e intentar también las imposibles, respirar y vivir la historia como si fuera lo único que importa en el mundo. "Los comentarios son libres, pero los hechos son sagrados". Esa frase de CP Scott, editor del "Manchester Guardian" en 1921, guía la apasionante búsqueda de la verdad de Cal McCaffrey y el resto de su equipo, una búsqueda en la que él también se juega algo más que el valor de su firma.

¿Es saludable tener una relación estrecha con las fuentes de tus informaciones? ¿Conocerlos, simpatizar con ellos, puede nublar tu buen criterio, o es la única manera de acceder a determinados datos y de ofrecer una historia humana? ¿Es lícito utilizar esas relaciones en tu propio beneficio? Todas esas dudas asaltan a los reporteros de "The Herald" y más especialmente a Cal, y surgen a la vez que se desenreda otra madeja que, por su parte, se pregunta por las relaciones entre poder legislativo y ejecutivo y poder económico, y de la que no voy a desvelar nada más. El montaje, el pulso firme de la dirección, la acertada banda sonora... Todo te va llevando sin que te des cuenta de un nuevo paso en la investigación a otro, culminando en un final que es más representativo para Cal que para nosotros.

Mientras tanto, por el camino podemos disfrutar de un ramillete de actores británicos realmente estupendo, y de uno que es otro que convierte en interesante casi cualquier cosa que haga: Bill Nighy. Me reconozco fan suya desde aquel rockero en horas bajas, totalmente tronchante y, al mismo tiempo, muy humano de "Love actually", y en "State of play" (que hizo el mismo año) es el editor de periódico más cool, irónico, leal con sus empleados y astuto de los últimos tiempos. Yo lo pondría directamente con esas dos cimas de los jefes periodísticos como son Cary Grant y Walter Matthau en "Luna nueva" y "Primera plana" (dos versiones de la misma obra de teatro), y suscribo una frase que he leído en algún blog que afirma que su "paren las máquinas" es uno de los más emocionantes de este explotado subgénero de las investigaciones de periodistas (y eso que sólo dice "es una parada").

Terminemos con una circunstancia que no deja de resultarme curiosa. David Yates, director de la miniserie, debe ser un tipo de costumbres, porque los actores con los que trabajó en "State of play" han aparecido después en otros trabajos suyos. Repitió con Nighy en un especial navideño de la BBC, "The young visiters" (con Hugh Laurie, por cierto) y en la película "The girl in the café", donde también sale Kelly McDonald, y volvió a contar con John Simm para la miniserie "Sex traffic", su último trabajo antes de meterse de lleno en el mundo de Harry Potter. ¿Veremos a Bill Nighy por Hogwarts, compitiendo con Alan Rickman por el puesto de los tipos más cool de la película?
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