04 agosto 2008

El peso de los años

ALERTA SPOILERS: Igual está de más incluir este aviso, porque "Expediente X" terminó hace ya seis años, pero por si acaso, debéis saber que aquí no sólo se hablará de su segunda película, sino también del final de la serie. Que mucho me temo que uno y otro están mucho más unidos de lo que podría parecer.

Para que "X Files: Creer es la clave" fuera una mejor película, tendríamos que olvidar que existieron las dos últimas temporadas de la serie. Es tentador, pero el tiempo no da marcha atrás. Si todo se hubiera detenido al final de la séptima temporada, antes de que Mulder sea abducido y Scully acabe embarazada por inmaculada concepción (más o menos), estaríamos hablando de una película diferente. No porque continúe, o cierre, el tema de la colonización alienígena del planeta, planeada en connivencia con el gobierno estadounidense, sino porque el filme es coherente con el tiempo que ha pasado para los dos ex agentes del FBI, un tiempo en el que ninguno investiga ya nada, en el que Mulder es un paria para la agencia y en el que Scully trabaja como médico en un hospital católico, intentando seguir con su vida y dejar atrás aquellos nueve años de conspiraciones extraterrestres, fantasmas, rituales satánicos y, como dice ella, "la oscuridad".

En ese aspecto, es muy cierto que la película, en realidad, va sobre la crisis de fe de Scully, sobre su voluntad por pasar página y mirar hacia adelante, por no darse por vencida. Esa característica fue, también, uno de los motores principales de todo el arco mitológico de la serie; siempre que Mulder no podía más y estaba a punto de arrojar la toalla, ella tiraba de él y lo obligaba a continuar, a presentar batalla y no dejarse amilanar. Simplemente por eso quedaba muy claro que Scully siempre fue el personaje favorito de Chris Carter (y eso que los dos eran unos pupas de premio), y en la película aún queda más claro. Sin embargo, las dos tramas que maneja, la de Scully y su paciente y la de las chicas desaparecidas, no terminan de encajar bien. La segunda, un macguffin más que evidente, podría haber sido perfectamente un episodio de la serie (en algunos de los mejores, el componente sobrenatural era mínimo), pero se la toman menos en serio que el retrato de la relación entre Mulder y Scully (creo que Frank Spotnitz, el co-guionista de la cinta, llegó a decir en una entrevista que la película contaba su "historia de amor").

Es bastante fácil averiguar qué se trae entre manos Leoben con sus secuestros de mujeres en cuanto Scully se pone a googlear una terapia para su paciente, y los dos agentes del FBI que buscan a Mulder para que les eche una mano aportan más bien poco. Lo que sí he de reconocer es que me lo pasé en grande con todos los guiños al pasado de la serie, desde el despacho de Mulder, con su póster de "I want to believe", la foto de su hermana Samantha, las pipas, el balón de baloncesto y los lápices clavados en el techo, hasta el recordatorio a gran parte de los guionistas y directores que pasaron por la serie. En la agenda del móvil de Mulder están casi todos, y dos de los realizadores que se encargaron de más capítulos, Kim Manners y David Nutter, prestan sus apellidos a un hospital y a una tienda de piensos para animales. Eso sí, el mejor cameo (mejor incluso que el del propio Chris Carter esperando en un pasillo del hospital con una urna blanca) es el de Walter Skinner. Ese momento sí que es una vuelta a los expedientes X de siempre, con Mulder metido en un lío, Scully salvándole el pellejo y Skinner, a su vez, salvándoselo a los dos. La entrada de Skinner y Scully en el laboratorio de ese doctor Frankenstein ruso bien vale toda la película.

P.D.: De todas las críticas (malas) que se le han hecho a la película, hay una que no entiendo. Mucha gente se ha metido con ella porque no continúa la Conspiración ni sigue la trama en el punto donde se quedó al final de la serie (recordemos que sólo Mulder y Scully pueden detener la invasión alienígena, prevista para 2012, y por eso se convierten en fugitivos). ¿Para qué? A partir de la mitad de la cuarta temporada, aproximadamente, todo aquello era un lío tal, que ríete tú de esa crítica de que los guionistas de "Perdidos" se lo inventaban todo sobre la marcha. A mí siempre me pareció de lo menos interesante (repito, a partir de esa cuarta temporada), si no fuera porque la relación entre Mulder y Scully iba evolucionando con la Conspiración.

Música de la semana: En 1998, cuando "Expediente X" estaba en la cima de su popularidad, hubo un grupo galés que dedicó una canción, "Mulder and Scully", a nuestros agentes favoritos del FBI. Fue el mayor éxito internacional de Catatonia y, aunque el tema en realidad no iba sobre ellos, sino sobre una relación sentimental tan peculiar como uno de sus casos, en el vídeo sí que aparecían sus "dobles".

Actualización: Un último guiño que se me olvidó incluir antes: la dirección donde está el laboratorio de los "malos", Bellflower Road, hace referencia a Bellefleur, el primer pueblo al que Mulder y Scully se desplazan para investigar un caso en el piloto de la serie. Y, de rebote, en The Guardian, el sitio donde menos lo esperaba, me encuentro esta crítica menos furibunda y hasta elogiosa, diría yo.
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