22 mayo 2012

El puzzle final


ALERTA SPOILERS: "House" ha llegado a su término. Si no sabéis cómo lo ha hecho, igual podéis escuchar a los Rolling Stones y volver cuando lo sepáis.

No siempre puedes tener lo que quieres. Pero, a veces, puedes tener lo que necesitas. Ese verso de una canción de los Rolling Stones, que Gregory House pronuncia en el piloto de "House", parece encapsular buena parte de lo que hace ese último episodio que cierra ocho temporadas en antena, y que deja a "Anatomía de Grey" y "The Office" como las únicas supervivientes de aquella cosecha de series de 2004 (se estrenaron en midseason, todo hay que decirlo, y tuvieron tan pocos capítulos en sus primeras temporadas, que casi es más acertado considerar que empezaron en 2005/06). Durante toda la hora, House se enfrenta a sus propios miedos e inseguridades, a la decisión de tener lo que quiere o lo que necesita, de optar por la decisión egoísta (como suele hacer habitualmente) o por la más desinteresada.

Alan Sepinwall apunta, muy acertadamente, que David Shore "copia" un poco en esta despedida "El problema final", el relato en el que Arthur Conan Doyle se propuso matar a Sherlock Holmes tirándolo, abrazado a Moriarty, por las cataratas de Reichenbach, sólo para que luego descubriéramos que todo había sido un truco para simular su muerte y poder enfrentarse mejor a ciertos enemigos (la última gran referencia de la serie a Holmes). Si pillamos esa referencia, y nos acordamos de que el paciente de House también estaba en ese edificio en llamas, es difícil que nos traguemos que House está realmente muerto, pero ese último gesto que tiene con Wilson, para poder estar con él en sus meses finales, por muy melodramático que sea, pone el acento en la relación que siempre le ha importado más al doctor; la amistad con su amigo.

Shore también vuelve a tirar de una estructura muy típica de la serie, que viene desde aquel famoso "Three stories" de la primera temporada, en la que House va contando una historia a unos interlocutores que no son quienes creemos que son. Ese truco permite que regresen Kutner, Amber, Cameron y hasta su ex mujer, Stacy, todos representando diferentes partes de su mente, intentando convencerlo de que viva o, por contra, de que se deje morir (estas alucinaciones son algo que han repetido en varios finales de temporada, empezando por el de la segunda). Es el enfrentamiento final de House con uno mismo, su último puzzle por resolver, y por eso es el final de la serie.

Alguna que otra vez hemos comentado que, en mi opinión, las cuatro primeras temporadas son las mejores de "House" (las tres primeras, si nos ponemos muy quisquillosos); su fórmula de casos médico-detectivescos seguía viéndose fresca e interesante, y sus interacciones con su equipo estaban llenas de discusiones éticas, humor retorcido y, sobre todo, gran diversión. Después, no supieron manejar igual de bien a sus nuevos subordinados, y aunque el trío House-Wilson-Cuddy siguió funcionando a la perfección, y continuaban teniendo buenos capítulos, el listón se había puesto demasiado alto antes para que pudieran mantenerlo ahí. Eso sí, hay que reconocer que "House" hizo en las series de network lo mismo que "Los Soprano" hicieron en el cable; demostrar que se podía poner en su centro a un personaje con muchas contradicciones, que no buscaba caer bien y que podía ser bastante capullo, y lograr una serie que el público quisiera ver. Pero basta ya de hablar y hablar. Quedémonos con otro verso de la canción que cierra la serie: diviértete, es más tarde de lo que piensas. Y que los Rolling Stones te acompañen en tus correrías.

P.D.: La imagen de arriba no corresponde al último capítulo, "Everybody dies", sino al especial que Fox emitió justo antes, "Swan Song", en el que el propio Hugh Laurie nos presenta a toda la gente que ha hecho posible la serie, desde guionistas a productores, eléctricos, maquilladoras, carpinteros y actores, incluidos algunos que ya no están en la serie. Recuerdan los inicios de "House" y el trayecto que ha vivido el personaje desde la emisión del piloto, en septiembre de 2004, y lo hacen todo con cariño y, estando Laurie por ahí detrás, con sus toques de humor. Es una bonita despedida para los fans, hasta para los que dejamos la serie en el tramo final de la séptima temporada, porque nos recuerda porqué nos gustaba tanto en un principio. A todo esto, también podéis leer el recordatorio de la serie que me pidieron los chicos de "Series de bolsillo".
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