27 mayo 2012

Smashed

Tener, en una serie llamada "Smash", un musical titulado "Bombshell" es una invitación a que, si la cosa no sale bien, proliferen los titulares que jueguen con los otros significados de esas palabras, los que hacen referencia a algo que se aplasta o a una bomba que destroza todo, significados que representan un fracaso. La NBC la ha renovado para una segunda temporada y ha logrado que mucha gente haya estado hablando de la serie, a pesar de que las audiencias nunca han pasado de aceptables (para los estándares de la cadena), pero esas conversaciones que los críticos han tenido no han sido especialmente benévolas. Emily Nussbaum, la crítica de "New Yorker", habla del auge del "hate-watch" con "Smash", del grupo de gente que la veía sólo para poder quejarse sin parar sobre ella en Twitter, para preguntarse cómo un piloto tan prometedor podía haberse desaprovechado tanto.

Porque la primera temporada de "Smash" ha sido un desastre, pero hay cosas que se pueden salvar y que pueden ayudar al nuevo showrunner, Josh Safran (que viene de "Gossip Girl"), a enderezarla en su segunda temporada. Las canciones escritas por Marc Shaiman y Scott Wittman son, en general, bastante buenas, muy pegadizas, pero necesitan un intérprete con personalidad para llevarlas más allá. Aunque ese "Don't forget me" que cierra tanto el musical como la temporada está bastante bien, yo siempre pensaré que el verdadero showstopper de la función es "Let's be bad", y en parte es porque Megan Hilty tiene mucha más presencia que Katharine McPhee para darle ese toque extra a la canción. Al final, en ese aspecto se nota la veteranía de Broadway frente a un estilo más pop. Que no está mal, pero igual no es lo que hace falta en el centro de "Smash", al menos si va a contar el montaje de un musical.

En ese meterse entre bambalinas es cuando la serie ha contado algo interesante, especialmente en los dos últimos episodios, cuando el tiempo se les echa encima y tienen que reaccionar rápido ante los problemas que se van presentando y que pueden hundir la obra. Todo lo accesorio a su alrededor no ha tenido ningún sentido y ningún propósito, y se ha quedado en una colección de escenas culebroneras que sólo han conseguido que odiáramos a bastantes personajes (a casi todos, dirán algunos). El buzz con el que "Smash" se estrenó en febrero bien puede haberse diluido como las burbujas de un refresco, y no va a ser fácil que en la próxima midseason, cuando llegue la segunda temporada, no le termine pasando algo parecido a lo que le ha ocurrido a "The Killing"; que todos los que no dejaban de verla sólo para protestar, por fin dejen de verla. Aun así, su cierre ofrece alguna esperanza de cara a esos nuevos episodios, y Safran tiene mucho tiempo para hacerse con el mando de las cosas. Veremos si, para entonces, no la hemos olvidado.

Música de la semana: Los momentos en los que "Smash" no incluía canciones originales podían ser, a veces, bastante sonrojantes, pero hubo uno en el penúltimo episodio que tuvo su punto. "September song" era la canción que Anjelica Huston medio cantaba, medio recitaba en ese capítulo, una canción que su abuelo, Walter, estrenó en 1938 en el musical "Knickerbocker Holiday", de Kurt Weill y Maxwell Anderson. La canción lo hizo realmente famosos, aunque el musical no fuera un éxito, pero el tema terminño convertido en un estándar que han versionado multitud de artistas, como Ella Fitzgerald. "September song" sonó, además, en el funeral de John Huston.
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