14 mayo 2012

Todo vuelve a Walter

ALERTA SPOILERS: Si aún no habéis visto el final de la cuarta temporada de "Fringe", volved en cuanto sepáis por qué Olivia es de adamantium.

Por si no había quedado suficientemente claro en los cuatro años anteriores, el final de la cuarta temporada, un final con un inevitable aroma a fin de ciclo, termina de confirmar que "Fringe" siempre ha ido sobre lo que hay en el corazón y la cabeza de Walter. Todo lo que termina sucediendo está relacionado de algún modo con él y con la aciaga noche en la que murió su hijo y decidió cruzar al otro universo para intentar curar al otro Peter. Incluso en una línea temporal en la que los dos Peter murieron, Walter terminó poniendo en marcha eventos que podían destruir el mundo. En su arrogancia intelectual, creyó que podía ser un dios, pero como muy bien sabe William Adama en "Battlestar Galactica", no puedes jugar a ser dios y luego lavarte las manos de las cosas que has creado. Siempre van a volver a por tí. O como dice un viejo refrán, "palabra y piedra suelta no tienen vuelta".

Esta cuarta temporada, con su reseteo temporal obligado por la desaparición de Peter al final de la tercera, se ha visto muchas veces como un segundo advenimiento de la primera, la temporada que muchos fans descartan como la peor porque su lado mitológico aún estaba muy al fondo de todo. Sin embargo, el reseteo contaba con nuestros conocimientos previos de las tres entregas anteriores, de cómo eran los personajes entonces y de cómo habían resultado en aquellos capítulos algunas de las historias que nos volvieron a contar. Con el final de la cuarta temporada se cierra una etapa en "Fringe", la etapa en la que Walter, directa o indirectamente, ha sido siempre el gran villano de la serie, ya fuera por culpa de sus experimentos pasados con Cortexiphan o por las ideas locas, propulsadas por el LSD, que se les ocurrían a él ya Belly, y que éste luego no ha dudado en ejecutar.

Es cierto que, a lo largo de estos 22 episodios, ha habido ideas que se percibían como interesantes, aunque luego la ejecución no fuera la mejor, y que podemos seguir comparando cualquier tramo de la serie con aquél, estupendo, entre la mitad final de la segunda temporada y los primeros nueve capítulos de la tercera. No merece la pena estar constantemente echando la vista atrás con nostalgia. La exploración de la personalidad de Walter (y la interpretación de John Noble) ha seguido siendo muy interesante, y en aquellos primeros episodios sin Peter, su interacción con Olivia le dio su corazón a "Fringe". La relación de esos dos personajes nunca se ha explorado a fondo, cuando debe ser una de las más complicadas de todas, una que explica mejor que otra cosa la cara de Walter al matar y luego "resucitar" a Olivia.

Porque una de las cosas más divertidas de la recta final ha sido ver cómo la agente Dunham iba convirtiéndose en un X-Men, o en Bruce Willis en "El protegido", cómo iba desarrollando poderes que no sabía que tenía y cómo ella no terminaba de sentirse cómoda con ellos ni de estar segura de que le gustara tenerlos. Su momento Superman parando balas o su momento Lobezno, con la regeneración de sus heridas, aún la han puesto más en la sombra de Sydney Bristow y "Alias", que ya hemos comentado más de una vez que, junto con "Expediente X", es la serie que más influye en "Fringe". Yo creo que no hemos visto lo último de los poderes de Olivia, por mucho que Walter crea que han remitido, y que esos poderes serán importantes en esa invasión de los Observadores, a lo Psi Corps de "Babylon 5", que se avecina. Pero de eso ya hablaremos en la quinta temporada.

Música de la semana: Todavía no he podido ver el final de la primera temporada de "Once upon a time", pero eso no va a impedir que nos quedemos con una canción de Sharon Jones & The Dap-Kings que sonó en el restaurante donde trabaja Caperucita Roja, justo en el capítulo que le dedicaron a ella, "Settling in".
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