24 diciembre 2012

Entre espías y periodistas

A veces, una serie no sigue el camino que a nosotros nos gustaría ver. De repente, "Homeland" decide que lo que le interesa es ver la relación entre Carrie y Brody, y no la persecución de la célula de Abu Nazir o toda la trama urdida alrededor de Estes, el vicepresidente y los secretos sobre ellos que conoce Saul. Que la serie no vaya por donde nosotros queríamos no debería justificar su lapidación, pero a veces es lo que sucede. También ocurre la inevitabilidad de que, si en tu primera temporada has sido la niña mimada, en la segunda vas a ser acechada con el cuchillo entre dientes, esperando cualquier desliz para que te salten a la yugular. Y la segunda entrega de "Homeland" ha tenido deslices, pero no creo que sean suficientes para hacer como los críticos ingleses, que determinaron cuatro episodios antes del final que la serie debería haber terminado en la primera temporada. Cómo nos gusta a veces ponernos en plan snob.

La verosimilitud de las tramas se ha puesto en solfa en varias ocasiones (como en la última temporada de "Breaking Bad"), y la discusión sobre que fueran plausibles o no ha eclipsado cualquier otra cosa que estuviera haciendo la serie. Daba igual que Berenson siguiera siendo un gran personaje, el único plenamente consciente de las implicaciones de los actos de todo el mundo y, por tanto, el único que al final resiste en medio de la bomba que nos sueltan en el último episodio, un episodio que confirma que Nazir siempre tuvo un plan y que la CIA nunca estuvo ni siquiera cerca de averiguarlo. También daba igual que viéramos como Carrie se debate entre llevar una vida más normal y su devoción por su trabajo, y cómo la relación que realmente sustenta la serie es la de Carrie y Saul. Y daba igual que Peter Quinn haya sido un personaje muy interesante, un tipo al que yo espero ver más en una tercera temporada que, evidentemente, va a presentar una serie bastante diferente. En alguna parte leía que "Homeland" había perdido su ambigüedad, y que por eso había perdido fuerza, pero es que esa ambigüedad sobre los verdaderos objetivos de Brody era imposible de mantener sin aburrir al personal. Esta serie no es "24" ni "Rubicón", y aunque su motivación por adelantarse siempre a las expectativas del espectador la ha llevado a poner a prueba su fidelidad, ha estado de todas formas entre las experiencias televisivas más estimulantes del año.

Otro tema que se ha comentado entre los blogs televisivos estadounidenses era establecer comparaciones entre los periodistas de "The Newsroom" y los de "The Hour" y, específicamente, las ambiciones de sus respectivos creadores, Aaron Sorkin y Abi Morgan, de presentar buenos periodistas que persiguen la verdad. Los críticos afirman que los reporteros de ese programa ficticio de la BBC de finales de los 50 son mejores porque se les ve seguir una historia, investigarla, hablar con sus fuentes y dudar sobre cuáles de todas esas historias debería ser más importante, si deben "tragarse" una noticia muy relevante filtrada interesadamente desde el gobierno para que no informen esa semana sobre otra historia de corrupción, crimen y trata de mujeres igualmente importante, pero menos de actualidad en ese momento. Los periodistas del informativo de Will McAvoy a veces consiguen las historias porque un amigo que trabaja en BP les llama para contarles la verdad detrás del vertido del golfo de México.

Probablemente no sea muy justo utilizar una serie para atacar a la otra. Lo que sí es cierto es que la segunda temporada de "The Hour" ha ganado varios enteros al centrar casi todo su lado emocional en la relación, llena de verdades sin decir, entre Freddie y Bel, y en cómo él se distancia de los protagonistas de las noticias para perseguirlas mejor, mientras ella no puede evitar sentir dudas sobre si lo que están haciendo con esos "sujetos" es ético. Al mismo tiempo, la conexión entre Randall Brown y Lix ha sido otro de los puntos destacables de la serie, no sólo porque Peter Capaldi y Anna Chancellor harían interesante hasta la lectura del Diccionario Panhispánico de Dudas, sino porque dejaban entrever un montón de tristeza entre ellos, y una unión bastante más fuerte de lo que ellos jamás habrían reconocido. Esas verdades emocionales reprimidas, y el corsé que impone también la imagen que la sociedad refleja de uno mismo (expuesto sobre todo en Marnie), le han dado a "The Hour" una capa que trascendía el caso de tráfico de influencias y corrupción generalizada que investigan sus periodistas. Y, por cierto, deja también una cita atribuida a Abraham Lincoln a cargo de Freddie que parece escrita hace dos semanas.
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