20 febrero 2013

Kathryn Bigelow, entre la taquilla y el Oscar

A principios de diciembre, cuando empezaron a entregarse los primeros premios de los círculos de críticos, parecía que había una favorita clara para dominar la próxima entrega de los Oscar; "La noche más oscura". En los primeros pases de prensa, los periodistas decían que superaba a "Argo" en su propio juego, que tenía probablemente la última media hora mejor rodada del año pasado y que su protagonista central, Jessica Chastain, era no sólo una nominada segura al Oscar, sino que tenía un 80% de posibilidades de llevárselo. Ya sabemos que pasa con las favoritas antes de tiempo, como bien puede atestiguar también "Los miserables"; aguantar ese favoritismo durante los tres meses de la temporada de premios puede convertirse en todo un Everest imposible de escalar.

En las campañas de los Oscar, las relaciones públicas y la imagen son muy importantes, y tampoco hay que despreciar la publicidad negativa, una táctica muy común y de la que mucha gente echa la culpa a Harvey Weinstein por su generalización en los últimos años. Desde las famosas cartas a favor y en contra de Martin Scorsese en la época de "Gangs of New York" al tumulto organizado este año alrededor de "La noche más oscura", las campañas de relaciones públicas que intentan desestabilizar al rival, como si fueran Michael Jordan y Reggie Miller en sus mejores momentos de trash talking, son parte habitual de la temporada, algo con lo que los publicistas de los nominados tienen que contar. Y las hay sobre todas las películas y para todos los gustos; a "Bestias del sur salvaje" y a "Django desencadenado" se las ha acusado de racistas; a "Argo", de manipular y tergiversar la historia; la canción nominada de "La vida de Pi" ha sido acusada de plagio y "El lado bueno de las cosas", de frivolizar el tratamiento de los enfermos mentales. Sin embargo, ninguna de ellas se ha visto sometida al escrutinio, la crítica y los odios como la cinta de Kathryn Bigelow, lo que evidentemente ha dañado sus opciones de ganar algún Oscar.

El punto en el que confluyen todas esas críticas es el mismo; el tratamiento que la película hace de las torturas empleadas por la CIA en sus cárceles secretas en los años siguientes al 11-S. Sí, ha habido investigaciones del Senado sobre si Mark Boal y Kathryn Bigelow recibieron información confidencial, pero en realidad son esas "tácticas aumentadas de interrogatorio" las que han levantado ampollas tanto entre demócratas como entre republicanos. La cinta ha sido acusada no sólo de no ser adecuada a los hechos, sino de ser un panfleto propagandístico a favor del uso de la tortura, una crítica de la que es muy difícil recuperarse cuando la gran favorita, "Argo", muestra otra misión de la CIA bajo una luz más benévola. Sin entrar a valorar si esa crítica es acertada o no (ya lo hice aquí), lo que es más interesante es ver cómo puso a su distribuidora, Sony, y al resto del equipo de la cinta ante una difícil tesitura que explica muy bien el diario "Los Ángeles Times": ¿Entraban al trapo de todas esas acusaciones, con lo que se arriesgaban a "asustar" al público medio que podía tener interés en verla? ¿O las dejaban pasar, con lo que se enfrentaban a la posibilidad de que su campaña para los Oscar quedara gravemente tocada?

Sony optó por lo primero, por anteponer la taquilla al Oscar, y así, ninguno de los responsables dijo esta boca es mía hasta que "La noche más oscura" empezó a estrenarse en más cines por todo Estados Unidos a partir del 11 de enero. Desde ese día, Boal, Bigelow y los jefes de Sony se han hecho escuchar, rebatiendo las críticas que se les han hecho y hasta la campaña lanzada por algunos académicos pidiendo que no se vote al film en los Oscar (algo similar a lo que ocurrió con "Brokeback Mountain"), pero probablemente ya sea tarde. Sus opciones de ganar mejor película se fueron al traste en cuanto Kathryn Bigelow se quedó fuera del quinteto de candidatos a mejor director, y el ascenso de Jennifer Lawrence (y la irrupción por sorpresa de "Amor") desde los Globos de Oro ha esfumado las posibilidades de ser nombrada mejor actriz de Jessica Chastain. Sin embargo, en taquilla, "La noche más oscura" ha funcionado mejor que bien, recaudando más de 85 millones de dólares en Estados Unidos. Es lo que Sony prefería, y es lo que ha pasado.

Otro asunto es intentar encontrar una razón detrás de todo el vitriolo vertido hacia la película y, especialmente, hacia la propia Bigelow. El artículo del "Los Ángeles Times" apunta que varios de los senadores más críticos con ella acababan de aprobar un informe secreto, en el comité de Inteligencia, en el que criticaban los métodos de interrogación de la CIA, por lo que "La noche más oscura" pudo convertirse en munición política por estar en el sitio adecuado en el momento más inoportuno, y un reciente artículo de "Esquire" indicaba más que, si Bigelow hubiera sido un hombre y su protagonista principal también, estas críticas no habrían alcanzado el nivel al que han llegado. En el "LA Times" citan a un académico que reconocía que el tema de la tortura había afectado su opinión sobre la película, y que aunque la había votado para que entrara como nominada a mejor película, no había hecho lo mismo con Bigelow (yo tampoco entiendo el argumento, pero sigamos), y al final es el propio Mark Boal el que ofrece la explicación más sencilla sobre todo este jaleo en el mismo periódico: "Hicimos una película seria, dura y adulta y recibimos una respuesta seria, dura y adulta. No todo (lo dicho) ha sido honesto, no todo ha sido justo y no todo ha sido correcto, pero al fin y al cabo, todo viene con la temática".
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