14 febrero 2013

Un aviso para Rick

ALERTA SPOILERS: Si no estás al día de esas cosas que Rick no debería estar viendo en el regreso de la tercera temporada de "The Walking Dead", ya sabes lo que tienes que hacer.

El Gobernador es una llamada de atención para Rick, un aviso de la persona en la que se puede convertir si no tiene cuidado. Está bastante claro desde el principio de la tercera temporada, cuando vemos cómo el grupo de supervivientes ha aceptado completamente que es su líder, y vuelve a quedarlo aún más justo después de la muerte de Lori, cuando el dolor por su pérdida y el estrés por tener que mantenerse constantemente alerta por si aparecen nuevas hordas de zombies lo lleva a tener alucinaciones. Primero es esa llamada telefónica con buena parte de los personajes que habían muerto con anterioridad, después está ese momento en el asalto de Woodbury en el que cree ver a Shane y luego, para poner el último clavo en el ataúd de su cordura, está esa visión de Lori vestida de novia en la cárcel. Ninguno de sus compañeros entiende qué le pasa a Rick, que de repente se pone a gritar "¡Vete!" y "¿Qué quieres de mí?" y actúa como si estuviera totalmente fuera de sí. Que lo está, evidentemente.

El lento descenso de Rick hacia la locura es uno de los asuntos que la serie ha ido tocando desde el principio, hasta en el enfrentamiento con Shane en la granja de Hershel, y ha sido lo que ha centrado el primer episodio de la segunda mitad de esta temporada, una segunda mitad que los fans esperan con gran expectación después de que todos afirmaran que, por fin, The Walking Dead" sí era ahora una gran serie. Sin embargo, y como hemos comentado ya muchas veces, la percepción que muchos fans tienen de cómo debe ser "The Walking Dead" resulta en ocasiones contraproducente para averiguar si realmente estamos ante una buena serie o no. Si leemos las reacciones en Twitter, parece que los únicos episodios buenos son aquellos en los que hay zombies a tutiplén y Rick y compañía se convierten en máquinas de matar, y cualquiera en el que la acción se ralentice, y los personajes tengan un momento de respiro para darse cuenta de dónde están, es calificado directamente de basura.

Pero son esos capítulos "de transición" los que dan la medida sobre si realmente estamos ante una gran serie o no. Y la verdad es que "The Walking Dead" está realmente bien, y alcanza algunos momentos muy buenos, pero nada más. Siempre ha sido así, aquejada de bajones de ritmo y pobres caracterizaciones de bastantes personajes, aunque sí es cierto que en esta tercera temporada ha sabido potenciar sus puntos fuertes y minimizar los débiles. Pero ni era tan mala en la segunda entrega ni ahora es la respuesta con zombies a "Mad Men". Es verdad que el enfrentamiento entre Rick y el Gobernador que se atisba en el horizonte apunta buenas maneras, y que Tyreese puede ser un gran añadido si logra ganarse la confianza del sheriff Grimes, pero como suele ocurrir, hay que ver la serie desde un punto de vista más medido y menos ciclotímico.
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